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Atravesando todo límite

En un momento bisagra de su carrera, la mendocina Mariana Päraway habla sobre La Flecha, su nuevo disco. Sonidos pop, feminismo y la necesidad constante de estar en movimiento.

Fotos de Luis Sens (gentileza de Concepto Cero)

El 12 de octubre apareció La Flecha, el cuarto disco de Mariana Päraway. El álbum, publicado por el sello platense Concepto Cero, fue producido por el mexicano ErnestoNetoGarcía. Se trata del trabajo más pop de la mendocina, que contó con la participación de Andrea Echeverri, Loli Molina, Violeta Castillo, Ruzzi, entre otras invitadas. Siete canciones nuevas que en menos de 25 minutos le dan a Päraway la posibilidad de llevar su folk barroco a todo el continente.

“Todo el proceso de composición empezó en octubre de 2015. Durante ese verano me encerré y compuse las veinte canciones que me habían pedido como punto de partida”, cuenta. La Flecha es el sucesor de Hilario (2014), el último disco en el que Mariana incluyó letras en inglés y francés. “Después había objetivos personales, como escribir todo en castellano, que hizo que fuera un poco más difícil. Para mí fue un desafío gigantesco y estuvo re bueno, porque en uno de los meses compuse cinco canciones. Nunca me había pasado, siempre había tenido períodos más largos. Fue muy interesante buscar las formas de no repetirse tanto, de ver cómo decir las cosas”.
– También eso hace a la temática del disco.
– Sí, en realidad todo el disco, las veinte canciones, hablaban del movimiento, que fue el concepto que me propuse trabajar. A partir de ahí, imaginate que movimiento es todo. Igual, las canciones fueron elegidas por otro tipo de cuestiones, ni siquiera las elegí yo sola. Con el productor y con Concepto Cero hicimos varias listas.
– ¿Cómo surgió la idea de grabar en México?
– A Neto lo conocí cuando estaba por sacar Hilario. Vine a firmar el convenio con Concepto Cero y él estaba trabajando en el disco de Shaman (Herrera). Nos conocimos, pegamos mucha onda, él fue a verme a un show y empecé a mandarle canciones para que me dijera qué le parecían. Cuando decidimos trabajar con él primero viajó Nico (Madoery, de Concepto Cero) a trabajar un poquito las canciones y ver qué rumbo tomar. Después viajé yo, también para aprender un poco cómo es la industria y cómo son los públicos, ver cómo es todo en otros lugares. La verdad que estuvo muy interesante, con Neto aprendí bastante, me sentaba al lado suyo mientras trabajaba. Después Neto viajó para acá en noviembre y ahí terminamos de grabar todo, así que es un disco con millas (risas).
– Del concepto de movimiento quedó el título del disco, pero en la lista de canciones la flecha no aparece.
– “La flecha” es una canción que no quedó dentro del disco pero que nos parecía que encerraba muchas cosas en el nombre. Porque vos pensás en una flecha y pensás en la fuerza, en apuntar, en un objetivo, en movimiento. Yo me imagino algo muy visual y muy directo. Y nos parecía que tenía mucho que ver con todo lo que queríamos decir. No sólo con las letras de las canciones sino con toda la actitud y con todos los objetivos que nos hemos propuesto para este disco.
– El concepto más fuerte que aparece es el de “femenino y feminista”.
– Eso fue un poco un devenir. No fue un planteo explícito. Fuimos llegando naturalmente a un lugar que primeramente tiene que ver con esto que te digo de elegir el castellano para hacer todas las canciones.
– ¿A eso lo elegiste vos?
– Me lo venían diciendo un montón: “Che, ¿por qué no cantás todo en castellano?”. Me lo propuse seriamente y me costó mucho. Pero en eso me encontré en una poesía diferente. Me parecía que ahí empieza lo femenino y feminista. Porque yo también me fui encontrando en el lugar de feminista. Como que actitudes que tenía frente a muchas cosas empezaron a tener un nombre real y gente que quería lo mismo. Y después me empecé a dar cuenta de todas las cosas por las que estamos atravesados que no nos gustan y que intentamos cambiar. Con todas mis amigas y amigos y mi pareja charlamos todo el tiempo de esto. Con el sello, como amigos, charlamos mucho de esto. Entonces empezamos a encontrar ahí un lugar fuerte y muy personal por el que estamos todos atravesando. No es porque está de moda, sino decir “realmente estamos por este lado”. Y después porque también hay una de las canciones, que se llama “Carnada”, que habla de un femicidio pero desde otro lugar. Y cuando con Neto nos pusimos a hacerla nos dimos cuenta de que había terminado en un danzón cubano y dijimos “es una canción de protesta”. Y todo nos cerró ahí. Todas las mujeres que empezamos a invitar son mujeres que plantean esto.
– Todo lo que tiene que ver con la reivindicación de los derechos de las mujeres está muy fuerte en nuestro país. ¿Cómo resuena eso en otros países del continente? ¿Tuviste oportunidad de percibirlo o charlarlo?
– En realidad yo todo el tiempo hablo con mis amigas músicas sobre esto porque todo el tiempo estamos en ésa, respondiendo preguntas a la prensa sobre “qué se siente ser mujer”. Y una dice “¿todavía tengo que seguir contestando esto?”. Pero sí, todavía tengo que seguir contestando esto. Yo leo y sigo mucho un blog chileno que se llama Ruidosa y hace poco estuve posteando una investigación que hicieron acerca de la presencia femenina en grandes festivales de Latinoamérica y la verdad que es lamentable. A principio de año estuve en Dinamarca haciendo una experiencia de composición colectiva, hacíamos grupos. Yo pedí estar en un grupo sólo con chicas para también explorar qué pasaba en otros lados. Estuve con una chica de Inglaterra y una dinamarquesa. Y por más que la igualdad entre el hombre y la mujer, sobre todo en los derechos, es mucho mayor en Europa, igual teníamos muchas cosas en común. Como que todavía, indefectiblemente, los hombres músicos creen que vos no sabés nada, que te tienen que enchufar las cosas, afinar la guitarra. Es muy loco eso.
– ¿Eso pasa?
– Sí, me pasó hace muy poquito, en un show donde el sonidista me decía “¿está bien el volumen de tu guitarra?”, y yo le digo que sí y el chabón metió la mano dentro de mi guitarra para tocar los controles del micrófono. Lo sentí casi como una invasión a mi cuerpo, porque la guitarra está pegada a mí. Fue muy loco. Y todavía sigue pasando. Por más que una haya tocado mil veces, tenga discos y lo que sea, en la mente de las personas vos no tocás bien, no hacés las cosas bien. Todavía hoy tenemos que seguir respondiendo esas preguntas, seguimos siendo invisibilizadas. Por ahí las cantantes nos vemos más, ¿pero qué onda las sonidistas, las técnicas, las productoras?
– Está preestablecido que hay muchas cosas que las mujeres no pueden hacer.
– O que las hacen mal porque no saben tan bien como ellos. Es muy loco, ese pensamiento es ridículo pero sucede todo el tiempo. Ahora en la tapa del disco salgo con un escote muy pronunciado y la gente cree que es para vender más. No, no, me encanta mi escote, ¿por qué no puedo mostrarlo? ¿Por qué los músicos salen en cuero en todos lados y no se dice nada y yo salgo con una camisa y se dicen cosas? Es loco.
– En una nota reciente en Página 12 dijiste que sos una mujer distinta a lo que la sociedad te dice que tenés que ser. ¿Qué quisiste decir?
– Y… yo tengo casi 38 años y no tengo hijos. Cada vez que voy a viajar la gente me pregunta “lo llevás a tu esposo, ¿no?”. Siempre, todos los viajes. No sólo una persona, muchas me dicen “va con vos”. No, no, estoy trabajando y él trabaja en sus cosas. O el otro día: un taxista me llevaba y me dice “debe estar chocho tu esposo”. Digo, sí, porque él sabe que lo que hago me hace feliz.
– Él te lo decía por “qué bueno que te vas”.
– ¡Claro! Es muy loco. No soy una mujer que está en su casa criando hijos. A mí me encanta cocinar y estar en mi casa pero por la vida que tengo no sé si soy la que se espera que sea. Los roles que queremos para nuestras vidas son todos válidos.


– Ahora está de moda el indie mendocino. ¿Te sentís parte?
– Yo no he sido nunca parte de una escena. Por ahí está mal, no lo sé. Yo hago la música que hago. Porque también la escena mendocina es muy de chabón y las mujeres siempre hemos estado medio aisladas. Por ahí la Agus Bécares está más en la escena del indie, Paula Neder está en una escena mucho más folclórica. Es pop pero también es más folclórico. Igual que la Fer Alemán. Pero no hay tantas mujeres visibles. Hay muchas que tocan. Pero volviendo a lo de la escena: yo a todos los conozco hace mil años. Lucca (Beguerie, de Usted Señalemelo) tocaba en mi banda la batería, lo conozco desde que tiene cuatro años. También eso: son chicos mucho más jóvenes. Pero sí he compartido mucho con Mi Amigo Invencible, somos más o menos de las mismas épocas. Y la verdad que es loco mirar eso. Quizás tenga que ver con buscar cosas a las que no pertenezco. También me he mudado mucho. Nací en General Alvear, de ahí me mudé a Santa Rosa, de ahí me mudé acá a Buenos Aires, después a Mendoza capital y ahí vivo hace casi 18 años.
– ¿De quién te sentís cerca?
– De Mi Amigo Invencible pero porque también hay otros vínculos. Con la Agus hemos tocado un montón, con la Paula soy amiga. La verdad que no sé. Siempre me incomodaron los rótulos porque te quitan libertad de acción. Entonces prefiero sentirme cerca de la gente que quiero.
– Te lo preguntaba porque los periodistas siempre intentamos instalar una referencia conocida, pero a veces capaz que la referencia para el artista sea una persona fuera del radar. Quizás no sea, por decir algo, Cerati, sino alguien de perfil bajo de Mendoza que te pegó mucho.
– Cuando era adolescente mi banda favorita era Babasonicos. Después se empezó a diversificar un poco y empecé a escuchar PJ Harvey y he tenido momentos: cuando hice Hilario estaba escuchando muchísimo a Joanna Newsom y a CocoRosie. Lloraba, era muy fuerte lo que sentía. Y en este disco he escuchado mucha gente en castellano, muchas chicas. Me parece que está bueno eso de “a veces me siento más cerca de alguien que ni siquiera habla mi idioma” o “a veces me siento cerca del que está al lado”. Creo que influencia es todo lo que te toca, todo lo que te emociona. Y lo que hacen mis amigos me emociona. Entonces, seguro que estoy influenciada por la Paula y por gente sensible, sin que yo me dé cuenta y que sea tan explícito.
– ¿Estás cómoda con el sonido más pop de este disco?
– En realidad cada disco ha tenido su canción pop: “Sirena” en Hilario, “Bailar” en Los Peces. En esta es “Valeriana”. Pero las otras, por más que tengan sonidos más pop, siguen siendo canciones duras. “Plan de vuelo” se la dediqué a mi papá, que se murió cuando yo era bebé y entonces nunca supe qué era, siempre fue lo que me dijeron. Por eso todo el tiempo es “dicen que no sé qué, dicen que no sé cuánto”. Y la canción es muy rítmica, entonces te saca un poco de ese lugar. “Fitzcarralda” dice tengo mi objetivo y es hacer esto y la muerte me va a llevar haciendo esto. No son canciones boludas (risas). A mí no me molesta el pop. Pasa que en un momento en Argentina lo pop parecía mala palabra. Y no lo es. Soda Stereo es pop y es innegable.
– ¿Cómo hiciste para llegar a las veinte canciones reglamentarias? ¿Cómo se hace para crear en cantidades?
– En un momento me sentí una máquina de hacer chorizos, pero como había estado trabajando en el concepto desde antes tenía muchas ideas que quería contar. En mi cuaderno de canciones (tengo uno para cada disco, después me sobran quince mil hojas) lo primero que hice fue anotar todo lo que me sugiriera movimiento. Y ahí había muerte, engordar, de todo, porque son formas de moverse. Empecé a tomar de ahí. Yo soy maestra, así que en las vacaciones de verano me puse con todo. Me sentaba en mi habitación donde tengo mis instrumentos y me sentaba a escribir, a tocar y a ver.
– ¿Cuál era tu ritmo de composición antes de ese proceso?
– Era totalmente “cuando fuera”. Creo que también ésta libertad de rótulos de la que te hablo también pasa por ahí. Tengo canciones de todos los tipos. Hay muchas canciones que surgieron de sentarme todos los días y otras en las que la inspiración vino. Pero tampoco me parece que sea magia, porque me hablaban y yo estaba “movimiento, movimiento”, tomando nota y obsesionada. Todo me remitía al disco. Me parece muy fascinante cómo trabaja el cerebro. Por un lado está bueno y por otro la gente que se junta con vos te odia (risas).

Mariana Paraway por Luis Sens 1

“Este fue el primer disco en el que todo fue a la par: la elección del nombre, de la tapa, de los temas. Todo lo hicimos juntos”, cuenta Mariana al explicar el trabajo con García y Concepto Cero. La Flecha significa un salto de calidad en su carrera. Ella reconoce que no podría haberlo hecho en soledad, aunque le haya costado asimilarlo. “Por un lado estuvo buenísimo y por otro fue difícil, porque ceder artísticamente decisiones es complicado. Pero bueno, creo que aprendí mucho desde lo personal. Ceder y aprender de eso: dónde tendría que haberme puesto más firme, dónde ceder completamente. Para mí ha sido muy interesante. Incluso angustiante. Interesante en todo lo que pueda abarcar”.
– ¿Cómo hubiese sido La Flecha si vos te hubieras hecho cargo de todo?
– Musicalmente no sé, porque que haya trompetas, vientos, fue una decisión mía. La tapa hubiera sido otra, porque a mí me gustan mucho las ilustraciones, pero quizás hubiera sido una foto más intervenida, que nadie dice que no vaya a suceder si hacemos una versión vinilo. Pero como que la tapa tenía que ser como la flecha: limpia, clara. Entonces estaba como muy bien y uno no tiene que saber hacer todo. Entonces eso para mí también fue un aprendizaje de control freak (se ríe), como diciendo “no, ellos saben”. Supongo que se hubiera llamado de otra manera.
– Es difícil despegarte de las ideas iniciales.
– Bueno, esa es una de las crisis, de las angustias que te digo. Pero como todos los pensamientos que uno tiene que modificar, siempre hay algo que se resiste. Después te das cuenta de que así tenía que ser. Me encanta el disco y se ve hermoso. Hay unas postales que hicimos que son una belleza. Está súper claro, directo. Eso está buenísimo. Yo nunca podría haber hecho eso.
– Sos maestra, ¿dónde enseñás?
– Soy maestra de música en sala de cuatro, en segundo grado.
– ¿Y largarías?
– Sí, es una de mis ideas. Voy a intentarlo, es difícil. Acá voy a tomar como ejemplo a mi amiga Paula, que también era maestra y renunció a su trabajo. Me pareció tan valiente, tan genia decir “me la juego”. Y también es una decisión hasta de pareja, de decir “che, necesito todo tu soporte, todo tu hombro”. Y bueno, vamos a intentarlo. Pasa que también el mundo vive un momento de terror, entonces es como un salto, no al vacío, pero está para abajo. Pero igual estoy muy contenta y una siempre espera que todo salga bien.
– ¿Hasta dónde estás dispuesta a ceder para seguir haciendo lo que tenés ganas de hacer?
– No lo sé. No sé hasta dónde estoy dispuesta. Porque hay veces que me da más miedo, hay veces que me da menos miedo. Pero hoy estoy dispuesta a bancarla porque confío. Pasa que uno puede confiar mucho en su trabajo pero después el público es el que decide, uno no tiene control sobre eso. El público y la prensa. La industria argentina es rara. A veces me obsesiono con eso, me gustaría soltar esa parte, no hace bien (risas). Los que hacemos música deberíamos dedicarnos sólo a eso, lo que pasa es que hoy también el que hace música es el que llena la factura de los shows, el que organiza cosas.
– Pero está bueno eso, tenés más control.
– Sí, está bueno, pero es quemador. Yo, antes de estar con Concepto Cero, era súper autogestiva en todo y me quemé, me recontra quemé, porque no podés estar en todas. Hay gente que estudió para hacer esas cosas que uno esta haciendo sin saber. Yo creo en hacer, en que voy a hacer siempre, aunque toque en mi casa. La música me hace bien, entonces la quiero hacer siempre, no importa cómo. Por más que después me ponga una tienda vintage (risas).
– Igual mucha gente dice “prefiero ser maestra, no tener problemas con pagar el alquiler, y hacer la música que se me canta”. ¿No te pasa?
– Pasa que yo llegué a un momento en el que no puedo hacer las dos cosas, porque me tengo que pedir muchas licencias, porque no es justo para los demás, no es justo para los chicos, que no tienen música. Porque yo trabajo en una escuela donde trabajamos los sábados de ocho a una haciendo talleres y hay un montón de cosas que no puedo hacer, porque no puedo viajar los sábados a tocar a otros lados. Entonces ahí ya se me complica. Tengo que tomar una decisión que sea coherente con mi adultez. Esa es la parte difícil, ser adulto (risas).

Artículo publicado en la revista Rock Salta 25, de noviembre de 2017.

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