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Nebbia – Pez: vamos haciendo

Litto Nebbia y Pez editaron un álbum en colaboración que se alimenta de las raíces del rock argentino para proyectar el futuro. Independencia, tapas de discos, pósters y el rock como ideología inquebrantable.

Fotos de Victoria Schwindt

Litto Nebbia y Pez se juntaron, ensayaron, tocaron, se coparon y grabaron. Parece simple, aunque contenga una carga energética que tiene cincuenta años de historia. El encuentro responde a una tradición y a una ideología del rock argentino que al mismo tiempo apunta al futuro. La independencia, el fuck you a las empresas, el hacelo vos mismo como algo cada vez más común. Hay influencias punks, ricoteras, spinetteanas, está la Expreso Imaginario, está el fanzine Resistencia de Patricia Pietrafesa, está el aguante épico de la disquería Mercurio ante la prepotencia de las multinacionales que te venden la basura que te pasan las mismas radiofórmulas de siempre: falsos artistas de chupín, de cara consumida por la merca, que confunden rock con pomeleada, tipos que alimentan el cinismo de los que ya no creen que el rock pueda servir para algo bueno, que fomentan la mofa de los que sienten que esa música es incapaz de engordar las mentes y sólo puede aspirar a aumentar las cuentas bancarias de label managers que chequean las palabras clave que más se retuitearon. No, amigos, no amigas: esto que grabaron Nebbia y Pez no es solamente un disco de versiones con algunos temas nuevos. Responde a un legado y será para siempre una influencia.

Pez es lo más parecido a eso que canta Massacre en “La octava maravilla”, donde Walas realza el valor simbólico del rock. El rock como bandera en alto contra todos los males de este mundo. ¿Acaso no es eso lo que transmite la banda en “1986”, una de las mejores canciones del disco Pelea al horror? “Es 1986, estoy solo y no sé bien qué hacer / No me gusta ir a bailar y no me interesa estudiar / Sólo quiero ir a ese antro una vez más a tocar”. El rock como única posibilidad. Ariel Sanzo, que aunque no quiera igual va a seguir siendo conocido como Minimal, siempre mantuvo cerca ese recuerdo, el de su formación. Cuando era joven ya lo tenía claro: “Eso que vos definirías distracción / Al fin de cuentas fue mi educación / Tapas de discos y pósters de la Pelo”, cantó allá por el 98, cuando todavía era el guitarrista veinteañero que había ayudado a cambiar el sonido de Los Fabulosos Cadillacs.

Si se lo preguntás, Ariel va a decir que no sabe de dónde salieron las canciones. Que no es escritor, que hace lo que puede. Que las escribe así nomás y listo, a cobrar en SADAIC. Pero esas cosas no se escriben en diez minutos. Aparecen después de años de discos escuchados, de recitales pogueados, de conciertos brindados, de, sí, pósters pegados y lectura de revistas que transmitan un poco de esa mezcla de sensaciones que aparecen cuando en un par de auriculares o parlantes suena al mango la música que amamos. En los pósters estaban Luis Alberto, Charly, los Manal, Abuelo, Luca, el Indio y Nebbia, el mismo que en la pequeña sala de ensayo de Avenida Rivadavia al siete mil y pico dijo no me hagan ensayar “La balsa”. Es que, muchachos, hay cosas que no se ensayan más. Hay cosas que se llevan adentro para siempre, que nunca más serán error.

Y hay que decirlo así, sabiendo que si el mundo perdona tantas injusticias también puede perdonar este brulote: el que no tiene en su discoteca un buen disco de Pez o de Nebbia no sabe nada de rock argentino. Pero resulta que las cosas se han simplificado: ahora Pez y Nebbia editan juntos a la par. El 1 de septiembre apareció Rodar, el disco que grabaron en colaboración a principios de este año.

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“Mi relación con él empezó cuando yo estaba grabando un disco solista que tenía un tema que se llama ‘Todo el tiempo que se va’. Un día me desperté y dije ‘¿y si lo llamo a Nebbia? Capaz que se copa y lo canta’. Le escribí y a los diez minutos me contestó”, recuerda Sanzo, voz y guitarra de Pez, parado exactamente al medio de la sala de ensayo del grupo, en el barrio de Flores. El flechazo provocó que Nebbia lo convocara para formar parte de La Luz, el trío que acompañó al ex Gatos durante la segunda mitad de la década pasada. Juntos grabaron los discos Danza del corazón, The Blues y El palacio de las flores, el álbum solista de Andrés Calamaro editado en 2006.

En diciembre del año pasado, Pez invitó a Nebbia a participar de un show en el Teatro Vorterix. Durante los ensayos se gestó la idea de Rodar. “Vino acá a ensayar con nosotros, le hicimos un recibimiento, una picada, y fluyó tan natural todo -sigue Ariel-. Estuvo re bien todo, vino al show de Vorterix y flasheó con la situación de nosotros como grupo humano. El grupo humano extendido de Pez: toda la gente que labura, viste, y el público también, que lo recibió embelesado. Me parece que se sintió cómodo con nosotros y al toque, a los quince días, me llamó: ‘Che, te quiero hacer una propuesta, no sé si va a haber un mango o qué, pero por lo menos nos vamos a divertir’. Y la propuesta era grabar este disco y hacer un par de shows. Así que le dijimos obviamente que sí inmediatamente y después grabamos el disco”.

Rodar tiene quince canciones, la mayoría de la etapa inicial de Nebbia, temas de Los Gatos que se mantienen como la faceta más popular del rosarino. “Hogar”, “Rock de la mujer perdida”, “Los días de Actemio”, “El rey lloró / Madre escúchame”, “No fui hecho para esta tierra”, “Lágrimas de María”, “Mujer de carbón”, “Soy de cualquier lugar”, “Cadenas y moneda” (de Huinca) y “La balsa”. También está “Pato trabaja en una carnicería”, de Moris, y dos piezas compuestas con Sanzo especialmente para este álbum: “Aromas de una esquina” y “Las palabras mágicas”.

“Logramos que el disco sea Nebbia Pez, logramos que el disco suene a Pez también, más allá de que nosotros somos mucho más ruidosos de lo que él acostumbra a tocar a nivel volumen y a nivel distorsiones. Logramos llegar a un lugar intermedio donde Litto estaba cómodo y seguía sonando a Pez”, explica Ariel.

El disco fue grabado en la sala de ensayo de la banda y en el estudio de Melopea, la discográfica independiente de Litto. En octubre aparecerá el vinilo. Antes, el 9 de septiembre, habrá una presentación en la Sala Lavardén de Rosario. El 14 de octubre se presentarán en la primera fecha del festival B.A.Rock, en Buenos Aires y el . “Creo que hacemos algo a fin de año acá en Capital -sigue Ariel-. Por lo pronto son esos tres shows. Después veremos si pintan más o si pinta seguir grabando cosas juntos. Alguien decía que hay cosas más de los setenta y ochenta que estaría bueno que las hiciéramos, y bueno, pueden venir en Nebbia Pez Volumen 2 (risas)”.

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Hola Federico.
No hay problema con la entrevista.
Solo que como ando de aquí para allá como siempre y, encima, además de grabar y tocar, con muchas notas, te pido que me envíes un machete con todo lo que quieras preguntar, que en diversos huecos al toque te contesto.
Esto no quitará que al terminar la nota podamos vernos un cacho, para algunas fotos o remate de la nota, lo que necesites…
Gracias.
Vamos haciendo.
Nebbia

Es cierto, Litto Nebbia contesta al toque. Es tan accesible que su mail personal figura al final de Mi banda sonora, las excelentes memorias que publicó este año a través de Aguilar. Allí, en el libro, también aparece la relación intensa, apasionada, que tiene con la música. Si los Pez, que editan un disco por año, son catalogados de prolíficos, lo de Nebbia va mucho más allá. Un breve repaso de los últimos trabajos discográficos en los que estuvo involucrado da cuenta de esa necesidad: Litto Nebbia Power Trío del Sur Canto de la Luna, Silvina Garré & Litto Nebbia Archivo Jobim, Litto Nebbia En vivo en Zapala 2014, Litto Nebbia No Hits, Litto Nebbia 50 Años de Escribir Canciones Vol. 1-2-3-4-5. Y siguen las firmas. Vamos haciendo.

“Se nos ocurrió hacer una juntada por los cincuenta años del rock argentino. Justamente como un guiño entre dos artistas con larga trayectoria y bien conocidos, pero de alguna manera independientes. El disco es una hora de música de muchos temas bien rockeros más tres canciones nuevas. Grabamos durante dos meses distintas sesiones, por un lado en estudio móvil de Pez en su sala de ensayo y otras cosas en el estudio de Melopea”, cuenta Nebbia.

“Hay afinidad artística entre nosotros y nos gusta cómo tocamos. Todo eso llevó la idea adelante”, dice Litto, y agrega: “Ariel es muy buen músico y muy buena persona, dos puntos claves para mí como sagrada cuestión para tocar, compartir el escenario o un disco con alguien. Pez es un proyecto que viene desarrollando contra viento y marea junto a sus magníficos compañeros. Es toda gente querible”.

En febrero, Nebbia publicó en CD todo el catálogo de Los Gatos a través de Melopea. Lo hizo tras años de asegurar que había firmado contratos leoninos siendo menor de edad que iban en contra de sus derechos y tras denunciar que la empresa tenía congelado el material de la banda. En marzo, Sony Music le envió una carta documento que sorprendió por su virulencia. “Usted es autor, intérprete o co-intérprete, pero no es el productor fonográfico ni es el titular de la propiedad intelectual sobre los fonogramas que pretende comercializar como si fueran suyos (y, definitivamente, no lo son)”, le comunicó la empresa.

Sin embargo, según cuenta Litto, “no hay demanda ni nada que se le parezca”: “Hemos publicado los discos compactos de los seis álbumes históricos de Los Gatos a través de Melopea y la Sony nos ha amenazado, nos ha tratado como criminales a través de carta documento, le han prohibido a algunas disquerías que exhiban o vendan discos míos. Una barbaridad”. Y agrega: “Pero lo más sencillo que le pedimos y terminaría la discusión, es que nos muestren el contrato por el cual dicen que son los propietarios de esas grabaciones”.

Ahora, Nebbia subió la apuesta y publicó los discos de Los Gatos en vinilo. “No han publicado estos discos durante un cuarto de siglo, 25 años, pero sí los han subido a los nuevos sistemas digitales como Spotify, iTunes, Deezer y todo eso. Me hago una pregunta: ¿alguien puede creer que 51 años atrás, y encima siendo menor, yo haya firmado un contrato que permita que alguien explote comercialmente estos discos por la web?”.

La lucha de Litto en contra de las empresas no es nueva pero en el último año ha cobrado una mayor magnitud y lo coloca en un pedestal rockero. El prócer que se la banca y le hace un corte de manga a la multinacional. Y que, encima, no para: “Ayer terminé de grabar un álbum hermoso, distinto, de esas aventuras en las que me gusta meterme”, cuenta, y sigue: “Se trata del álbum Nebbia & sus amigos del Litoral: los Hermanos Núñez y Cacho Bernal. Se trata de un disco donde tocamos música del Litoral, algunos temas brasileros, paraguayos y nuevos temas míos. Lo publicaremos hacia noviembre y tocaremos directamente en 2018 en el legendario Festival de Puerto Tirol, luego en el Festival del Chamamé de Corrientes y aproximadamente ocho conciertos posteriores mostrando el trabajo durante marzo y abril. También para fin de año publicaremos el álbum Leopoldo Deza & Litto Nebbia: Canciones de Tucumán a Rosario, un hermoso álbum de canciones, con todo el objetivo de mostrar al tucumano instrumentista y compositor Leopoldo Deza. Para mí, uno de los grandes compositores ocultos que tenemos en nuestra variada música popular. Mi participación en este álbum es ayudarlo tocando, compartiendo las sesiones, cantando un poco, y sólo he colaborado compositivamente con dos o tres músicas y un par de textos. La composición prácticamente en general pertenece a Deza”.

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– Yo creo que si a Nebbia lo agitás un poco, te saca tres volúmenes más (risas).
– Ariel: Sí, vamos a ver cómo funciona éste, si la gente se copa, si funciona, si estamos todos cómodos tocando en vivo. Yo tengo un miedo a eso, viste, porque Pez en vivo es ruidoso. Tengo miedo que le quememos la gorra a Litto. Espero que no.
– Alguien podría venir y decirte: pero él tocó en Los Gatos con Pappo, está acostumbrado.
– Sí, pero ya se fue de ese lugar, Litto.
– Sí, Litto se movió, claramente. pero al mismo tiempo está todo el tiempo revisitando ese lugar. Volviendo, variando y probando. No es como, ponele, Spinetta, que no quería cantar “Muchacha”, el clásico.
– Bueno, pará. Yo creo que pasaron muchísimos años hasta que Litto volvió a cantar “La balsa”.
– Sí, “La balsa” en particular sí.
– Hubo muchos años que no la cantaba. Muchos años. Y de hecho, sigue siendo como… La ensayamos una vez acá y la segunda vez que la quisimos ensayar dijo muchachos, toquemosla cuando esté rec y play prendido porque ya está (risas). La frase fue no me hagas ensayar “La balsa”.

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“Litto dice que cuando nos convocó, lo más significativo para él, para esta reunión, para este festejo de los cincuenta años del rock argentino, era el hecho de que seamos una banda independiente, como lo es él. Como que esa es la bandera que él quiere flamear, más aún ahora, con todo este quilombo, la batalla con Sony y toda esa historia. Nosotros nunca hablamos de eso, de nosotros mismos. Para mí no es un valor agregado ser independiente. A mí me interesa la canción. Pero Litto rescató eso de Pez y le parece importante para este momento y para esta unión”, cuenta Ariel.

La histórica independencia del grupo lo convirtió en un referente absoluto para las nuevas camadas. Por eso, aunque tengan casi 24 años de banda, Pez forma parte del aquí y ahora del rock argentino. No tiene nada que ver con los grupos llena estadios que atrasan más que decreto macrista (OK, quizás ésto último sea exagerado, nada atrasa más que el macrismo).

“Yo de pendejo mamé el palo del hardcore, las bandas sacaban sus propios singles con tapita de cartón. Yo mamé eso a los quince años, me volví loco con esa información, pero me interesan las canciones. Si una canción está buena no vale menos porque salió por PopArt”, sigue Ariel. “Estamos sobre nuestra vía loca, caminamos ahí arriba y vamos, pero dudas hay todo el tiempo. Más ahora, en este país, que están las cosas realmente difíciles. ¿Cómo no vas dudar? Nosotros tenemos que replantear todo. Nosotros tuvimos, desde que empezó esta nueva administración del país, creo que una reducción del cincuenta por ciento de nuestros shows anuales”.
– ¿Cuántos?
– Yo creo que llegamos a tocar en setenta shows al año, que para nosotros estaba buenísimo. Me parece que estamos en un cincuenta por ciento de lo que laburábamos antes. La gente está sin laburo, los pibes están sin laburo, el que tiene laburo tiene que pagar los impuestos, que están carísimos.
– ¿Esto también repercute en la cantidad de discos que fabrican? ¿Fabricaron menos?
– Fabricamos menos. Por una cuestión operativa, hacemos una tirada muy chica. Pez fabrica dos mil discos cuando saca un disco. De Pelea al horror sacamos dos mil cajas pero fabricamos mil CD. Vamos a fabricar los otros mil cuando se vendan.

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Pelea al horror se publicó el 11 de agosto. Es el disco número 18 de la banda, sin contar las ediciones en DVD. Para el baterista Franco Salvador, se trata de un trabajo que recoge todas las facetas de la banda, capaz de anclar en el punk, el blues, el folk, el rock progresivo, el dub y la psicodelia. “Fue saliendo naturalmente. Una vez ya consumada la historia empezamos a tener, o por lo menos yo empecé a tener, flashes de discos anteriores, con determinados pasajes de canciones. Pero fue algo que ocurrió, no es que fue buscado”, explica. Ariel considera que la referencia es Queen: “Esos discos que tenían desde una balada, el rock de (Roger) Taylor, el hit de (Freddie) Mercury. Muy variados en sí mismos pero a la vez los escuchabas y estaba todo bien, era todo Queen. Yo creo que después de millones de años, a eso lo logramos. Hemos hecho discos variados entre sí y ahora cada tema es variado entre sí de algún modo, pero lo escuchás y todo el disco es Pez. Está bueno”.

Efectivamente, Pelea al horror es un álbum variado que posee detalles que dialogan con toda la discografía del grupo. El folk de Hoy (2006), el dub de El manto eléctrico (2014), el progresivo de Los Orfebres (2007) y más. Retoma la idea del rock como laberinto privado, maravilla del mundo, que nos protege y nos reúne ante lo malo que anda ahí afuera. Que nos hace creer que nuestros proyectos de vida pueden ser posibles. Que te educa desde una ideología que hoy parece haber sido convertida en negocio pero que en realidad está ahí, siempre lista para que la usemos a nuestro favor y no para beneficio de (l)os garcas.

“Hay gente que escuchaba rock que después tuvo hijos, creció y lo recuerda como algo inocente porque acompañó su época inocente de la vida. Yo tengo 47 años, me despierto y rock. No es algo inocente para mí, es completamente perverso, si se quiere”, opina Ariel. “Yo sigo creyendo en David Crosby y no me considero inocente por creer en él, un artista que dice siempre lo mismo desde hace setenta años, con una obra consistente y certera. Yo creo en él”.

Pero, como aporta el bajista Fósforo García, “de alguna forma el rock se desmadró”. “Te pueden vender fideos con rock”, dice. Eso no le importa a Ariel: “Yo me despierto y rock”, insiste: “Pero no es que me despierto y digo ¡Yeah! ¡Hoy voy a vivir! Creo que somos tipos grandes que se juntan acá y tocan como si tuvieran quince años. Y salen de viaje juntos y hacen chistes pelotudos como si tuvieran quince años. A nuestro mundo lo cambiamos con el rock. El nuestro, la vida de cada uno. Cambiar el mundo es una tarea muy ridícula. Pero no me parece que el rock se haya licuado o haya perdido el valor. Para mí sigue siendo lo mismo. Es menos popular, ya está manyado, la gente tiene cincuenta años de rock encima, pero la intención es la misma. Y yo creo en eso. Lo que pasa es que todo se desvirtúa y todo tiene su versión chorizo. Y eso, la versión berreta, salpica todo en todos lados. Pero no es todo así. Hay gente todavía practicando el viejo arte de lo que sea. Y yo creo que nosotros hacemos rock con la misma intención y la misma carga y el mismo peso que cualquier época que te parezca válida. Nosotros hacemos desde ese lugar”.

* Artículo publicado en la revista Rock Salta número 23, de septiembre de 2017.

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