Una de las bandas del momento pasó por nuestra ciudad. Repasamos lo mejor de la noche.
Por Martín Lizarraga
Lo que entendemos como el under porteño cada varios meses nos pone en la mesa alguna que otra banda del momento. Es el caso de Autos Robados, que en la noche lluviosa del viernes pasó por Salta y convocó en Brickell un ritual rolinga en su vertiente más clásica, en un regreso a los 2000 entre trapos, cantos, agite y temas que hacen justicia a que el rocanrol mientras más cuadrado, mejor.
Emir & los Diez y La Infernal fueron los encargados de arrancar la noche con su clásico sonido rocanrol de toda la vida. Ya desde temprano se habían empezado a acercar los primeros fieles que fueron sumando unos 250 asistentes, sin contar a aquellos que se quedaron afuera. Un número cuanto menos atípico y alentador para una fecha de esta índole.
Pasando las 2.30, subieron los muchachos de Autos Robados, que entre algunos problemas de sonido y un sólido repaso a su trayectoria de singles y EP, brindaron una hora y media de show. La banda hace de la simpleza su estandarte: un recital sencillo sin demasiadas florituras, donde la música es la protagonista de todo, pudiendo prescindir incluso hasta de la interacción con el público. Quizás, parte de esa dinámica habitual de los recitales se vio en invitar a Emir Herrera (Emir & los Diez) a cantar el clásico «Insisto».
Pogo, trapos, amigos y algún que otro loco disfrazado como el logo de la banda giraron por ahí, mientras se coreaban los estribillos pegadizos de un buen puñado de temas que ya se ganaron un lugar en la memoria de sus seguidores.
Autos Robados tiene varios años rodando, pero este último tiempo despegó su popularidad entre los oyentes más ortodoxos que valoran aquellos viejos sonidos stones. A pesar de ser un público algo reacio a la novedad, el cuarteto de Quilmes sabe leerlo muy bien: no hace falta inventar la rueda. A veces, si se lo hace bien, alcanza con revivir antiguos formatos que nunca dejaron de funcionar.
