La banda regresó a Salta tras seis años sin fecha propia. Ante más de cien salteños, el grupo presentó Yendo rápido a ningún lugar y reivindicó una vez más la amistad, el barrio, el fútbol y las pequeñas épicas cotidianas.
Texto: Mato Belbruno de Estado de Rock
Fotos: Salvador Lencina
El pasado jueves 17 de septiembre se realizó la tercera fecha de los festejos por los veinte años de Rock Salta. En las anteriores participaron El Nota, Diego Busquets, Camionero y Brahmans. Los festejos culminaran el 5 de diciembre con el festival Rock Salta 2026.
Esta vez fue el turno de Bestia Bebé, una de las agrupaciones insignia del indie argentino de la década pasada, que regresó con fecha propia después de seis años. La última vez había sido en el festival Salta Indie, en octubre de 2024. Con este show, la banda inició en nuestra ciudad su gira NOA de presentación del nuevo álbum, Yendo rápido a ningún lugar (2026), para luego continuar por Jujuy y Tucumán.
El lugar elegido fue Amnesia, conocido pub del Paseo Balcarce, que ofreció un espacio amplio, cómodo y con buena acústica. El artista que compartió la fecha fue New Rusia a la Vinagrèt, quien también editó un álbum este año, El Señor de los Cerrillos, ubicado entre los mejores trabajos de la escena salteña.
La presentación de New Rusia comenzó pasadas las 21.30, con su tierna canción “Con Filolo”, dedicada a su perrita. Al terminar, y fiel a su particular sentido del humor, lanzó la irónica frase “Muy rockera esta parte”. Del nuevo álbum se destacaron “Y ese mar y ese sol”, “El ciego” y “La fuckin shet”, mientras que el tema más cantado llegó con “Las panteritas”, la composición principal de su trabajo anterior, Cerrillos siempre estuvo cerca (2020).

Minutos después de las 22.30, el público local respetó una tradición que ya parece instalada: camisetas de fútbol y remeras de las tres tiras como uniforme casi oficial de la noche. La pista mostraba una buena cantidad de asistentes cuando comenzó a sonar el instrumental de Bonnie Tyler, “It’s a Heartache”, argentinizada con el conocido cantito de cancha “Jugadores”. La particular intro acompañó la subida de la banda al escenario, que dio comienzo al show con “El humo negro”, donde se destaca el claro fanatismo de Tom Quintans por Oasis.
No hubo que esperar demasiado para el primer pogo, ya que a continuación llegó “Luchador de Boedo”, y en tercer lugar, “Planes perfectos”, canción que incluye en su letra el nombre del nuevo álbum y que funcionó como una de las primeras muestras del material más reciente. Le siguió “Chaleco antibalas” y el resentimiento explícito para una ex amiga (aunque siempre atravesado por el humor) de “Cara de piedra”.
La lista continuó con “El rock and roll pasó de moda”, una reflexión irónica, nostálgica y autocrítica sobre el envejecimiento del género, el cambio de las modas musicales y esa resistencia tan humana a aceptar que los tiempos cambian.
El agite volvió a crecer con “Fiesta en el barrio” y “Gustavo Costas”, canción que despierta una conexión especial entre los hinchas de Racing al recordar la consagración de la Copa Sudamericana.
Luego llegó el momento de bajar algunos decibeles. La banda se puso en modo acústico para interpretar “Patrullas de terror” y “Algo que siempre te quise decir”, generando un pequeño paréntesis de calma antes de volver a acelerar.
La fiesta retomó con uno de los clásicos más cantados de todo el recital: “Lo quiero mucho a ese muchacho”, originalmente dedicado por Iorio a León Gieco, pero resignificado con el paso del tiempo en distintas personalidades destacadas, desde Maradona y Messi hasta Pity Álvarez, entre otros. Después llegó la seguidilla de los temas más pogueados: “El atrevido”, “El descontrol” y, como punto final, “Wagen del pueblo”.
Bestia Bebé no es una banda que se caracterice por hacer bises y esta vez no fue la excepción. Fueron 24 canciones sin pausas, en un recorrido ecléctico por sus seis álbumes, combinando material nuevo, clásicos y temas que ya forman parte del imaginario de su público.

Porque, en definitiva, Bestia Bebé es el rock que convierte la vida cotidiana, la amistad, el barrio, el amor —en todas sus formas—, las frustraciones y las pequeñas obsesiones en una épica de gente común. Y quizás ahí esté buena parte de su encanto: hacer que una canción sobre un amigo, un partido de fútbol, un auto, una noche cualquiera o una vieja frustración pueda sentirse, por unos minutos, como algo enorme.
