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Club 20 en La Roka | El poderío del indie barrial

El grupo volvió la zona sur para alimentar su ya clásico ritual de fin de año.

Texto: Martín Lizarraga
Fotos gentileza: Cecilia Espinosa

Tercera vez consecutiva en la que Club 20 juega de local para despedir el año. La banda empieza a acostumbrar al público salteño a este ritual inaudito para la música alternativa provincial. La Roka, uno de los boliches más grandes de la región, alojó el viernes 19 de diciembre a alrededor de mil espectadores que se acercaron a formar parte del Reventón de Fin de Año del ascendente grupo de indie-pop.

Club 20 volvió a apostar en el mismo lugar que los recibió en su anterior fecha en junio de este mismo año. Esta vez, la recepción para los fanáticos estuvo a cargo de las DJ Didi Kosiner y Lana Figueroa con sus sets de indie-dance y electrónica alternativa.

Pocos minutos después de las 2 arrancó el Reventón de la banda con “Secuencia frecuencia”, seguido de “Han renacido”, ambos de su primer trabajo discográfico. Desde allí, la lista fue alternando entre todo su EP Feria (2023), los singles lanzados entre este año y el pasado, y canciones aún inéditas, varias de ellas ya presentadas en shows anteriores o en la reciente Terminal Session, y presentes en el cancionero que repartieron durante su fecha de junio.

El transcurso del Reventón no fue lineal. Estuvo colmado de pequeñas sorpresas durante y entre los temas: canciones enganchadas, interludios, versiones remixadas de “Holograma” y “Dale dale”, el debut en vivo de “Usa y abusa” y momentos que pelean tranquilamente un lugar en el podio de la noche. Hablamos de, por ejemplo, el imponente cierre de “Transmutar” con los sikuris de vientos andinos. O la ya clásica aparición de Sandro Ahumada con su grupo de bailarines y bailarinas en “Salirte de la piel”.

Que varios asistentes hayan llevado su cancionero resultó más que pertinente para quienes buscan estar al día con el Club y con sus nuevos lanzamientos. Hubo espacio para inéditos como “Falafel”, “Sku”, “Tintilay” o “Taritolay”. Eso sí: para los covers de cumbia del final no había cancionero disponible más que el haberlos escuchado de fondo en sus propios barrios.

Quizás por la disposición de La Roka, se repitió aquella sensación de que el Club continúa incrementando su poder de convocatoria, aunque los números sean bastante similares a sus fechas anteriores. Aquellos shows que solían sentirse lentos, íntimos, reflexivos, empiezan a conquistar nuevos terrenos donde emerge una incipiente percepción de masividad.

Atestiguar el crecimiento de la banda no se limita a su convocatoria. Cada show es ligeramente más ambicioso que el anterior. La puesta audiovisual nunca se descuida y siempre muestra leves mejorías, ya sea por los visualizers en las pantallas o incluso un destacado show de lasers en “Taritolay”. Las nuevas composiciones proponen ritmos más movidos, dotando de mayor variedad su repertorio y corrigiendo una de las pocas críticas posibles al sonido del grupo: el predominio de un pulso lento y ambiental que caracterizaba a sus primeros trabajos.

Las razones por las que “el Clú” se distingue de muchas bandas coetáneas pueden ser múltiples. Encuentra su propia fórmula del éxito. ¿La experticia compositiva y de producción? ¿Un marketing a fuego lento que resulta magnético para sus seguidores? ¿La fuerte presencia escénica de su líder y alma mater Piruu Mancia? Entre varias otras, una clave parece central: la capacidad de aunar el indie con las tradiciones populares.

A priori, puede consensuarse que el indie no es un género frecuentemente asociado a lo popular. Y quizás ahí radique la identidad de Club 20 como excepción a la regla. Desde el nombre de la banda, aquel folk de la tradición futbolera en frases como «Hoy juega el Clú», «De local o visitante», los varios trapos que han ido confeccionando sus fanáticos, hasta inclusive el atrevimiento ocasional de alguna lírica que conjugue con seguridad una sensibilidad popera seguida de un “chupártela toda”, frase esperable más bien de algún grupo crudo como Pibes Chorros. De hecho, el parentesco entre el Club y la cumbia nunca estuvo muy lejos. Hemos oído desde un cover de Néstor en Bloque en su anterior fecha, hasta reversiones indie-pop de Sonido Mazter y Gastón y la Agrupación Santa Fe, llegando al final de la lista del pasado viernes.

«Que peche el Clú» es otra de las expresiones que se aproximan a aquella “cultura del aguante”, normalmente asociada al folk futbolero y al rock chabón. Desde allí resulta raro observar que una banda predominantemente indie logre trapos propios o previas a sus recitales organizadas por sus fanáticos, quienes en sus shows responden a su música armando pequeños pogos, o acompañando con palmas en temas más folclóricos, como el caso de “Falafel”.

¿Alguna pálida que reprocharle al espectáculo? Como de costumbre, poco y nada. Quizás se repitió aquel problema de sonido que no dejaba escuchar con claridad la voz principal. Pero fuera de eso el grupo hizo honor a la prolijidad que lo caracteriza. Al finalizar la hora y media de show, aquellos que decidieron continuar con el Reventón quedaron a merced de los típicos ritmos cachengueros de La Roka. Y aquellos que no, terminaron su noche acorde a la propuesta de una banda que ya convirtió su fin de año en un ritual propio.

Acá podes ver los videos y fotos que compartió la banda: