Coberturas

Una semilla más

Cultura ArteNativa, realizado en San Lorenzo, marcó un nuevo punto de inflexión en la escena regional. Los que fueron a ver a Cultura Profética se fueron con gusto a poco.

Fotos gentileza de Luciana Cassina.

Con un mes de difusión a pleno, en el Norte no existía fanático de la música sin conocer la propuesta del festival Cultura ArteNativa. En la previa, la idea de bandas al aire libre, juegos, circo, barras de bebidas y comidas prometía algo distinto para la región. Se enmarcaba en los proyectos ambiciosos que se realizaron en los últimos años en el NOA como La Caldera del Rock, Vaqueros Rock, el Festival Rock Salta 2011, Tilcara One Love y el Rock del Valle. Pero es un hecho que todos esos meritorios eventos presentaron grandes pérdidas para los productores, lo que sepultó la idea de continuidad en cada uno de ellos.

En este caso el plato superlativo del festival era la llegada de Cultura Profética. La banda más importante de reggae en español iba a pisar por primera vez el NOA. A pesar de no tener hits en la radiofonía argenta, el grupo goza de una gran popularidad en nuestro país, donde incluso grabaron un DVD hace un par de años. Claro que estamos hablando de Buenos Aires y otros puntos densamente poblados donde convoca entre 3 mil y 6 mil personas. 

El festival inició bien pasado el mediodía del domingo. La gente fue llegando al predio con suma tranquilidad, bajo un fuerte sol, y fue ocupando la sombra que brindaban algunos árboles, carpas y toldos. En esas horas, las decenas de personas pudieron disfrutar de solistas y bandas como Grupo Destierro, Checho Ads, Cachetada de Loco, Sangre Crew, Nava Rasa, El Pitype, The Klan, Valores Reggae y La Puya.

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Destacada fue la actuación de los bolivianos Doble A, que con su hip hop groovero y muy buen trabajo de escenario atraparon a todos los presentes, incluso a los que no les copaba mucho el género. Esperamos pronto volverlos a tener por la región. Por su lado, La Yugular Reggae sumó una nueva presentación en nuestra provincia, sin dudas (a esta altura) su segundo hogar. A pesar de varios problemas técnicos que sufrieron todos los artistas en el escenario más pequeño, los comandados por el Mula Saracho demostraron que están mucho más arriba del resto. Justamente, una de las injusticias del festival fue la no inclusión de los bolivianos y los jujeños en el escenario principal, que se encontraba a unos buenos metros y que no tenía punto de comparación con el otro.

Ya entrada la noche, y con los puestos de comida y bebida funcionando a pleno, el escenario principal recibió a La Wanaka. El proyecto de soundsytem local extraña bastante al francés Mich, su tercera y mejor pata en lo vocal. La gente se mantuvo respetuosa pero no más que eso. En esos momentos fue cuando llegó la gran mayoría del público, que lamentablemente se perdió la propuesta principal del evento: pasar la tarde al aire libre “rodeado de arte”.

Al retirase La Wanaka, el escenario esperó y esperó la llegada de los boricuas. La expectativa realmente fue insoportable a pesar de la musicalización y la buena onda de los grupos de circo y malabaristas que amenizaron esa hora y cuarto de espera. Cerca de las 22.30 finalmente subió Cultura. Empezaron de manera instrumental y continuaron con “La complicidad”, una joyita de su excelente último disco La Dulzura (2010). En esos primeros momentos, el sonido fue realmente muy muy arriba. En este aspecto se logró algo que no se hubiera conseguido en ningún estadio de Salta, dado que todos tienen una pésima acústica. En vivo, Cultura Profética es una pieza de relojería: cada instrumento, cada coro, suena a la perfección. Su mezcla de reggae roots con dub y sonidos propios de Centroamérica es algo delicioso. El buen gusto de estos boricuas se nota en algunos artistas que han decidido homenajear en su momento como Silvio Rodríguez, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati y, obviamente, Bob Marley.

“Un deseo” mostraría el lugar clásico de CPR: el costado romántico en la voz de su bajista y líder Willy Rodríguez. Llamado de atención a todas las bandas de cumbia emergentes: Cultura les puede dar de comer durante décadas, sólo busquen en su discografía y van a encontrar temas llenos de letras mamilas y estribillos gancheros para reversionar a rolete.

En sus salidas como voz principal, el baterista Boris Bilbraut tuvo algunos problemas en su micrófono pero fueron menores. En sus canciones (“Canto en la prisión”, “Árboles” y “Somos muchos”) se notó el lado combativo y de denuncia que guarda la banda. Con una tonada bien centroamericana, Bilbraut atrapa en cada poético verso.

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Desde el escenario, la banda siempre se mostró agradecida (“Salta, la linda le dicen, ¿no? Para nosotros es un placer llegar al norte de este país tan bonito”). Aunque también expresaron su costado reflexivo al saber que la convocatoria no había logrado subsanar los costos de tamaña empresa: “Queremos agradecer a Genaro, el productor de este evento. Sé que no es fácil producir algo de este tamaño y como ven realmente somos poquitos los que estamos aquí esta noche.”

En vivo, los boricuas se toman su tiempo. Van despacio, creando versiones extensas de sus temas, con profundos pasajes instrumentales y plagados de arreglos. Y siempre cruzando por distintos estilos musicales, como lo plasmaron en “Sube el humo” y “Canción despojo”.

“Es una pena, y nos toma por sorpresa, pero nos dicen que tenemos que dejar el escenario”, lanzó el bajista, para el asombro de todos. Y completó: “No sé a quién molestamos con esto”. Acto seguido, “Baja la tensión” logró los primeros saltos del show y la gente bailó a full otro de los cortes de La Dulzura. Y así, sin más, tras una hora y veinte de show, Cultura Profética dejó el escenario para no volver, a pesar de los gritos y pedidos de más temas por parte de todos los presentes. En la carpa donde esperaba el catering, los músicos se mostraron muy enojados por la situación, que no quedó para nada clara en ese momento.

El mal sabor de todos los que se iban retirando era evidente, faltaron temas como “Ideas nuevas”, “Verso terso”, entre muchas otras. Además, para la gran mayoría que no llegó en auto, el malestar se agigantó al tener que esperar por horas y horas el colectivo de vuelta a la ciudad, espera que logró que varios decidieran emprender el viaje caminando.

Como saldo, el festival dejó la sensación de patriada, de que la organización se planteó una meta demasiado alta. Lamentablemente no se contó con el apoyo de convocatoria necesario, a pesar del gran esfuerzo realizado. Bien vale recordar las palabras de Willy, cerca de la mitad del show: “Este tipo de producciones cuesta bastante y sé que ha sido un esfuerzo muy bonito de su parte (refiriéndose a la producción), y sé que lo hace porque sabe que dejamos una semilla aquí esta noche. Y porque esperamos que la próxima vez pueda venir mucha más gente, si es que podemos volver”.

Ya empezó la espera.

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