El nuevo disco de la artista salteña es un ejercicio de autoconciencia que se parece mucho a una liberación. Bienvenidos a un mundo pop barroco y detallista donde el pasado llega para rendir cuentas frente a un espejo.
Dirección Creativa: Isabella Gómez Tendler
Fotógrafo: Esteban Penovi
Dirección de Arte: Florencia Giovagnoli
Vestuario, maquillaje, pelo: Isabella Gómez Tendler
Asist. foto: Gian Santini
Asist. arte: Malena Gomez Menarguez
Lo primero que se nota al entrar a la casa de Feli Colina es la luz. Es un departamento muy luminoso. El sol de la tarde cae justo sobre la ventana del living y se expande por toda esta sala amplia donde hay cuadros, libros, discos, muebles de distintos tamaños, instrumentos y cuadernos. Cosas que en este momento no importan tanto. Hoy lo más destacado de este hogar es el celular de Feli. Porque desde allí se puede acceder al link privado en el que está alojado La otra mejilla, su nuevo disco, que está a punto de sonar en una escucha exclusiva para Rock Salta.
Feli se sienta en el piso y conecta el celular para escuchar las nuevas canciones con buenos parlantes. Ya preparó dos mates, porque está resfriada, y empieza a cebarlos desde un solo termo. Pero pronto se va a olvidar de hacerlo. La música se llevará toda su atención. Mientras suene el disco ella estará en silencio y los pañuelos descartables se van a acumular a su alrededor como los días que pasan y pasan desde que tiene este proyecto en la cabeza. Porque La otra mejilla surgió en 2022. Fue grabado entre marzo de 2025 y febrero de este año. Y todavía no se publica. Pero si Feli está harta de esperar, no lo demuestra. Parece entusiasmada.

“Voy”, dice, y le da play al disco. Durante los próximos cuarenta minutos, Feli se sumergirá en estas catorce canciones con títulos todavía no confirmados y que juntas suenan como un exorcismo. Como el soundtrack de un monólogo interior, con un final que tiene la misma carga emocional del verso “Y los lunes ya me siento bien”, de “Confesiones de invierno”, de Sui Generis.
Pero antes de llegar a ese momento de aparente paz, el disco atraviesa vértigo y oscuridad. Arranca como una pesadilla basada en el ritmo. Con golpes a una puerta y alguien que llama a Felicitas, que aparece y sale como un torbellino enjaulado que ansiaba salir desde hace años.
“Algún día voy a decir todo lo que pienso”, canta Feli en el disco. En su casa, Feli se para y fuma. Nunca deja de escuchar. «Vas a conocer mi ejército», dice desde una de las canciones. Es alguien que no quiere que la busquen. Pero si la buscan, la van a encontrar. Hay cuerdas, ritmo y coros siniestros, dramáticos. ¿Le habla a alguien más o se habla a sí misma? La primera parte de La otra mejilla es una advertencia.

Por momentos el disco parece música de una iglesia en ruinas. Hasta que llega la segunda parte, donde todo empieza a cambiar. El ritmo le da paso a las melodías. Hay capas y capas de instrumentos y voces. Ruidos, efectos, detalles. El final es más beatle. El disco se vuelve más pop. Pero un pop que sale del Hospital Ragone o de la pieza de una chica. O de la pieza de una chica internada en el Ragone.
“Es una liberación, un viaje mental y una externación”, dice Feli, luego de escuchar el disco completo. “Como todos mis discos, es un proceso personal de unos tres, cuatro años. Este mucho más psicológico. Tal vez Feroza (2019) era más emocional. El Valle Encantado (2022) más de contemplación de otra cosa. Y este es ‘Bueno, ya hace un rato voy a terapia’ (risas). Va por ahí”, explica.
En 2024, durante otra entrevista con Rock Salta, Feli anticipaba este disco. Decía: “Tiene, primero, este texto bíblico. Esta cosa jesuita de poner la otra mejilla. Que tiene como una cosa culposa, así, bien católica. Y después es medio el lado B, la otra cara de la moneda”.

– ¿Qué se conserva de todo aquello?
– Son las mismas ideas maduradas. El disco empieza con frases de Jesús. Se escucha la tocada de puertas, Felicitas, y lo que está diciendo la Feli de adentro de la casa son todas frases de Jesús. Dice: El que tenga oídos para oír que oiga. Cuando saquen eso que tienen dentro de ustedes, eso que tienen los salvará. Si no tienen de eso adentro de ustedes, eso que no tienen los matará. Ama a tu hermano como a tu alma. Quien conoce todo pero carece de sí mismo carece de todo. Todas esas son frases de Jesús. Así que tiene todavía esta cosa jesuita. Porque la otra mejilla también es de Jesús. No quiero decir católica, porque las cosas que leí de Jesús no las leí por católica. Las leí más por esotérica.
– Sí, acá en tu casa tenés varios libros de religiones.
– Sí, como que me gustan los iniciados, el viaje iniciático. I Ching, Castaneda, La Biblia, el Tao Te Ching, la Ética nicomáquea. Como todos los lugares desde los que se puede encarar el perfeccionamiento del humano, la elaboración de la ética. Bueno, eso también: me encanta la psicología, me gusta Freud, me gusta Lacan. Me gusta lo poco que conozco de teoría psicoanalítica. Me gusta hacer terapia, me gusta el psicoanálisis. Tengo algunos libros de Jung. La astrología. Creo que todo es lo mismo, ¿no? Como un preguntarme cómo funciono y cómo funciona la naturaleza toda. Y como soy la naturaleza que más cerca tengo para observar, mi humanidad, bueno, observarla y desentrañarla, y entender qué es lo que tengo que dejar pasar y qué está trabando ese paso.
– Pero el título nunca lo dudaste.
– No, pero a la vez nunca lo entendí del todo. Nunca lo dudé porque me hizo un ruido en el cuerpo que me dio a entender que era ése. Tiene alguna cosa de perdón, ¿no? En las primeras canciones, siento. Todo esto es un análisis posterior. Estamos analizando juntos, digamos. Pero creo que en las primeras canciones hay como una acusación al espejo. Me acuso a mí misma y acuso al otro. Hay como un conflicto ahí. Después lloro y eso se rinde y se desarma. Y en las últimas canciones hablo de perdonarme. De perdonar y de perdonarme. Y tiene que ver lo de la otra mejilla con el perdón. Y después como las dos caras de algo, también. La mejilla que se pone cuando uno pone la otra mejilla, ¿de qué va? ¿En qué consiste? Yo también lo estoy descubriendo, no lo tengo del todo claro. Pero sí mucho rostro, mucho individuo, mucho romper ese individuo.
– Al principio es “no me busquen porque me van a encontrar”. Y después hay una canción en la que atacás a alguien directamente. Pero por momentos te hablás a vos misma, con esos coros.
– Sí, sí, que son pensamientos. Sí. Muy eso no me busquen porque me van a encontrar, y soy yo buscándome y encontrándome.
– Se lo decís a los demás pero te lo decís a vos misma.
– Todo tiene ese juego. Siento que todas las canciones son eso. Digo un insulto al espejo, no en el sentido metafórico del espejo. Realmente al espejo, a uno mismo. Esta idea de que lo que uno ve es la fabricación de tu conciencia. Nada es en sí mismo, todo el mundo que conocemos es una interpretación que tenemos de los estímulos. Entonces uno está en constante diálogo con uno mismo, al final. Y el disco tiene un poco de ese juego.

La historia es más o menos conocida para aquellas personas que alguna vez se interesaron en su música. Un recorrido breve e incompleto podría decir que Feli Colina se mudó de Salta a Buenos Aires en 2014, cuando estaba por cumplir veinte años. Que en 2015 apareció su disco debut, el ninguneado Amores gatos, que sólo se puede escuchar en Bandcamp, y que se publicó cuando Feli todavía no tenía tan definida su carrera. Que por esos años tocó en el subte porteño hasta que en 2018 ganó el concurso Camino a Abbey Road y pasó una semana en Londres en el mismo estudio donde habían grabado Los Beatles. De allí salio Feroza, un disco de rock grabado en vivo en una semana. Luego llegó El Valle Encantado, donde Feli decidió incorporar el folclore, algo que se profundizó en el EP de 2023, Lxs Infernales (del Valle Encantado). En pocos años y con una obra sólida y arriesgada, consiguió buenas críticas, prestigio y lugar en la escena emergente argentina. Su nombre comenzó a circular. Y también a ser encasillada.
“Me di cuenta lo cómodo que les quedó a ciertas personas que yo haga folclore en un momento. Para mí El Valle… fue una experimentación”, cuenta. “Hay algo que es verdad, que es que el soundtrack salteño, de la calle y del taxi y de varios lados, es folclore. Pero yo no empecé cantando folclore. Yo empecé cantando Led Zeppelin. La primera banda de la que fui fan fue Guns ‘N’ Roses. No es mi escuela musical. Mi escuela musical es mucho más Los Beatles que el Chaqueño. Y vi cómo muy rápidamente se me pregnó el ‘artista folclórica’. Como era de Salta, era muy fácil ubicarme en ese lugar. Y eso también me sorprendió. Cuánto más fácil de entender un disco de folclore. No sé cómo entenderán este disco, por ejemplo”.
“Una vez una chica porteña me hizo una entrevista y me dijo ‘Y bueno, ¿y cómo te sentís en esta ciudad, que es tan ciudad, y vos sos más de campo?’. Yo nací en la plaza 9 de Julio. Yo más de ciudad no puedo ser. Nací en un cuarto piso. Amo el campo y la naturaleza, como todo humano, pero siento que hay como un prejuicio, como que soy un animal salvaje porque soy salteña. Y a mí me tocó ser salteña del centro. No te sé cambiar el cuerito, ¿entendés? No sé usar un taladro”, agrega.
Con tanto camino recorrido en poco más de diez años, la vida no parece ser oscura para Feli. Sin embargo, la procesión va por dentro.

– ¿Te cuestionaste tanto y te perdonaste como en el disco?
– Bastante.
¿O exagerás un poco?
– Todo está exagerado. Yo soy exagerada ya de por sí. Soy exagerada en el uno a uno, en el día a día. Y además, las excusas artísticas son el momento en el que expreso la emoción sin lógica. Entonces, obvio que está exageradísimo. Está llevado al máximo que podía. ¿Viste cuando te pasa algo, tenés una anécdota que si la contás es medio suave, entonces la tenés que exagerar para que el otro entienda la emoción que sentiste con eso que te pasó? Bueno, algo de esa índole. Pero sí hubo una gran crisis psicológica y una gran paz ganada después de haberla dejado pasar.
– Uno mira desde afuera y dice a Feli le va bárbaro.
– Sí, sí. Entiendo esa manera de verlo. Y todo eso también fue transcurriendo. Desde el 2022 compongo este disco y hoy tengo una paz ganada y tengo esta casa bonita y limpia que ves ahora. Pero cuando empezó, no. Y todavía no depende de mí el pago del alquiler de las cosas, de la comida. Todavía no gano una guita que me deje pagarle a mis músicos como corresponde, como yo siento que corresponde. Todavía voy a tocar a cualquier provincia y tengo que remar la entrada. Y acá en Buenos Aires también. Y si bien, obviamente hay un lugar ganado, también todo se profesionaliza y hay cosas que tal vez en un comienzo, cuando no tenía cierto pedacito de nombre armado, era más fácil hacerme un favor. Después cada vez es más difícil, porque ya es el aporte a una empresa, de algún modo. Mucho tema con el éxito comercial, de hecho. Porque yo siento que sí fui ganando cierto prestigio, y es hermoso, pero no se puede vivir del amor, viste. Hay ahí una sensación de fracaso comercial en todas mis etapas, de alguna manera. Y no sólo por una autopercepción. A la hora de negociar un contrato, a la hora de cobrar una regalía, de pagarle a un músico. De ver cómo voy a armar una escenografía. Al final soy yo, esta que ves, una piba de 31 años que tiene que ver de dónde saca plata para pagar siete pasajes de avión a Salta para ir a tocar para cien personas. Que cada entrada sale veinte lucas. No alcanza con eso. Y si alcanza, alcanza sólo para eso.
En este momento de la charla Feli parece conectar con su propio disco. Parece mirar hacia adentro y sacar todo lo que tiene.
– Ni hablar que muchos de mis shows, el 80 por ciento de mis shows, no los cobré nunca. Tiene toda una parte que es lo que tiene un emprendimiento. Las dificultades de un emprendimiento. Obvio, con mucha belleza, y no lo hago por eso (por cobrar). A mí hacer canciones y hacer un disco me transforma mi psique y mis emociones y mi humanidad. Es mucho más grande que eso. Pero bueno, también es mi trabajo y es el trabajo de la gente que trabaja conmigo, y tengo el deseo de que funcione para todos. Y cuesta.
– Sin embargo, escuchando el disco uno diría que no te importa el fracaso comercial, porque si bien el disco suena acorde a esta era y sintoniza con muchos artistas contemporáneos, se nota que hacés lo que querés.
– Porque es más importante para mí lo otro. A mí hacer el disco me cambia la vida de verdad, profundamente. Me cambia la manera de verla, de relacionarme conmigo. Y sé que es más importante para mí. Entonces, bueno, si ya me mandé a hacer esto que sea por todo o nada.

– Y al final se pone más pop.
– Al final se pone más pop, que es natural. Siempre en todos mis discos hay una canción a guitarra y voz. En todos. “Áncora” en El Valle…, “Susurrito” en Feroza. Siempre hay una cancioncita a guitarra y voz, porque es parte de mí. Y siempre hay unos acordes Lennon y unas melodías así, del pop beatle y Oasis, porque es también lo que a mí me gusta.
– Podrías hacer un disco así y sería más…
– Rentable.
– No sé si rentable. Pero más ganchero, ¿no? No digo que este no lo sea, sino que el oído en general está más acostumbrado a las melodías. Pero no lo hacés porque no querés. Por eso cuando hablás de fracaso comercial también está que estás muy orgullosa de lo que hacés. Y no parece estar en duda eso.
– Claro, porque no es un fracaso emocional. Al contrario, es un éxito emocional. Es un éxito personal. Tengo un amigo que una vez me dijo “Boluda, tus canciones más escuchadas son ‘Susurrito’ y ‘Serenidad’. Hacete un disco así. Un disco de canciones así”. Y te juro que no puedo hacer algo que no quiera hacer. No lo puedo hacer bien, ¿entendés? Toma mucho trabajo hacer un disco. Mucho tiempo de concentración, de detalle, de encontrar con quién, de ver cómo financiarlo, de sostenerlo, de defenderlo años después. Y para eso necesito estar apasionada. No puedo resignar esa chispita, porque si no después no lo puedo sostener, no lo puedo terminar.
La otra mejilla fue grabado y producido junto a NanQue durante un año intenso en el que Feli pudo prestar atención a los detalles como nunca antes. Cuenta con las voces invitadas de Clara Cava, Chechi de Marcos y La Piba Berreta. El lanzamiento incluye un video full album dirigido por Valeria Bertuccelli, que además es la madre de Florián Fernández Capello, pareja de Feli. El clip lleva al terreno audiovisual toda la historia del disco. “Hay una Feli intentando entrar a una casa toda tapiada, escondida por fea, mala, egocéntrica, y todos estos adjetivos a los que les temo tanto que los tenía escondidos en una casa abandonada. Y bueno, un poco la idea es que entro a conocer a esa Feli que encerré tanto tiempo y ver qué podemos hacer con eso”.
Artículo publicado en el número 29 de la revista Rock Salta, de junio de 2026.

