Coberturas

León Gieco en La Caldera: Por favor (volvé), Perdón (por los teloneros) y Gracias (por existir)

León Gieco regresó a Salta y brindó un show repasando todos los éxitos de su carrera. RS se hizo presente en la localidad de La Caldera y te lo cuenta.

Foto gentileza de Santiago Lofeudo

La vuelta a Salta de León Gieco no podía ser para menos. En La Caldera, donde seguramente hay muchos caballos blancos (y negros también), un pueblito que seguramente tiene que ver, por gente y por historias, con su Cañada Rosquín natal.

Seguramente para la historia del pueblo, acostumbrado al Chaqueño Palavecino casi todos los marzo desde hace quince años, también quedará en el recuerdo, porque el show de León, mas allá de los desperfectos de rigor (cuanto más periférico el lugar, menores son las posibilidades técnicas), fue impecable.

El show arrancó a las 2:30, luego de un desparejo elenco de bandas soporte, de una banda que hacía covers de Los Iracundos y la Elechtric Light Orchestra (en realidad un cover, el cover), pasando por un ex Operación Triunfo y unos Nocheros Reloaded, o sea, Los Guitarreros. Y quiero detenerme acá, porque esto es lo más criticable del Festival, ya que, más allá de que León hunda los pies en el folklore y en el rock, el balance estuvo inclinado hacia las bandas de folklore u otras de variedades (berretísimo) como la anteriormente aludido, y el locutor, Rolando Soria, al tono con el discurso oficial de la organización, sacaba pecho hablando de La Caldera del Rock, demostrando una ignorancia absoluta del tema. Y creo, si no me equivoco, que la mayor parte de la gente que pagó entradas, era público más del palo rockero, que del folklore.

Vamos al show. Gieco inició su set contando que este año cumplía 40 años con la música, y en relación a eso, se proyectaron unas imágenes de León cantando en el BA Rock (la tercera edición de dicho festival, de 1971, cuando León aún no tenía su primer LP en la calle). Así, se puso a cantar sobre dicha canción, sólo, Gieco y su guitarra, una de las postales más genuinas de la música popular argentina. Así inició una primera parte del show con ocho canciones de las más clásicas de su repertorio, todos temas de los 70, época que lo tuve entre los artistas más censurados de nuestro país. De estos temas, dedicó «La Rata Lali» al Che Guevara (un día antes se había cumplido el 43 aniversario de su asesinato).

Luego siguió otra parte, con nueve temas más, podríamos decirle de raíz “folklórica”, comenzando por «La Guitarra», tema que musicalizó Gieco sobre un poema de Atahualpa Yupanqui. Ahí también vinieron unos chamamés que hicieron poner a la gente en clima de fiesta popular, y también tocó “la canción del Bicentenario” (sic), dedicándosela a su autora: «Como la cigarra», de María Elena Walsh. El final de esa parte fue con el gran bagualero salteño Tomás Vásquez. Cantaron la «Baguala Centrífuga», un clásico grabado a dúo en el disco De Ushuaia a La Quiaca, y que también interpretaran en el memorable recital que dieran en la UNSa hace 10 años.

Finalmente la tercera parte recorrió siete temas del repertorio más actual de León, sobre todo de los discos Orozco y Bandidos Rurales. «El ángel de la bicicleta», de Por favor, perdón y gracias, fue el último tema de una actuación de dos horas. Inevitablemente hubieron bises, y fueron dos: «Cinco siglos igual», dedicado al Evo Morales (sí, se dice “el” Evo), y el clásico «Sólo le pido a Dios», que la gente cantó como nunca… Sí, era una que sabían todos…

Sólo quiero acotar un par de cosas: el sonido fue de muy buena calidad, pero la potencia dejó mucho que desear; en la zona de populares, si uno conversaba, la música quedaba en un segundo plano. La jugada de la Intendencia de La Caldera que, más allá de los motivos e improvisaciones, apostó fuerte por este artista, dejando entradas gratuitas durante la semana a los habitantes del pueblo que, en una cantidad pequeña pero no desdeñable, prefirieron venderlas afuera del predio hasta a $10. Seguramente los números no cerraron, pero la cultura de un pueblo (repito, que sólo conoce a Palavecino o a Jorge Rojas como artistas “grandes”) vale más que el cachet de León. Muchas cosas servirán de aprendizaje, como entender que a una persona que paga entrada no se le puede cobrar el uso del baño público. La bebida y la comida tuvieron un precio accesible, más aun cuando en Salta Capital no te venden ni comida ni bebida en la mayoría de los recitales, y si la hay es muy cara.

Pasó León y muchas imágenes quedarán grabadas por un largo rato en este cronista (como por ejemplo el legendario violero Kubero Díaz soleando como en tiempos de Billy Bond y La Pesada) y de la gente que pudo ver al que sin lugar a dudas es el más grande artista popular vivo que tiene la Argentina. Creo que solo Gardel o la Negra Sosa podrían estar por encima de León.

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