El baterista Gabriel Pedernera habla de los shows de este fin de semana en nuestra región. También de la necesidad de dar el 130 por ciento.
Fotos: Nora Lezano (Prensa Eruca Sativa)
Eruca Sativa no para. La banda está por llegar a nuestra región para presentar A tres días de la tierra, su último disco, publicado el año pasado. Pero en medio de los recitales habituales, el trío de Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera suma elementos que hacen que lo extraordinario parezca rutina. De algo de eso habla Pedernera en esta entrevista con Rock Salta, justo antes de la llegada del trío a Tucumán y Salta el 12 y 13 de junio.
– Viene siendo un año intenso con estas cosas lindas que les vienen pasando: el nuevo disco, la gira, los recitales con AC/DC, las nominaciones a los Gardel. Está bueno.
– La verdad que sí. Por suerte, muchas noticias lindas. Nosotros somos de ponerle mucho foco a los lanzamientos de los discos. Nos gusta que sea lo más prolijo posible. Porque realmente le metemos mucho amor a cada una de las canciones que hacemos. El año pasado fue intenso porque finalmente salió el disco en mayo, que nosotros veníamos laburándolo hace un tiempo. Hubo mucho viaje, mucha presentación, muchos shows. Sobre todo desde junio en adelante. Después tuvimos la gira con Stewart Copeland a fines del año pasado, que hicimos tres ciudades. Este año arrancó con los festivales de verano. Estuvimos con Living Colour en Rosario, que eso estuvo muy lindo. Después, a fines de marzo tuvimos los tres shows con AC/DC, que también fueron muy lindos.
– Contás todo eso como si fuera algo normal. ¿Corrés el riesgo de naturalizar algo que antes veías como impresionante? ¿O todavía llegás a dimensionarlo como si fueras medio fan?
– Depende mucho del momento. Porque hago mucho esfuerzo a veces. Es como que ya naturalicé el hecho de naturalizar (risas). Porque me pasa muy seguido, por suerte, y la verdad que hace varios años que trato de trabajar eso, porque siempre me pasó de hablar por ahí con personas que hablan muy naturalmente de cosas que son muy espectaculares, y en un punto siempre admiré mucho eso. Ahora que te estaba comentando toda esta vorágine entre el año pasado y este año es como que ahí caigo en cuenta de todas las cosas que están pasando y de todas las cosas que estamos haciendo. Perdón que me pongo re de terapia, pero te escuchaba y decías ‘bueno, todas estas cosas lindas que están pasando’, y yo pensaba ¿qué cosas lindas están pasando? Sí, tocamos la semana pasada en Santa Fe y en otro lugar. ¿Qué más pasó? Y me pongo a recapitular y digo no, pará, fue un año y medio re intenso. Sin contar que para mí el hecho de hacer el disco con Afo Verde y grabarlo en ese estudio donde lo grabamos (Criteria, en Miami) es como un flash total. Entonces ya vengo desde hace un par de años flasheado y enloquecido con todas las cosas que nos están pasando. Así que por ahí, más que naturalizar siento que por ahí uno se va olvidando de las cosas que van pasando, porque son muchas. Recién te mencioné lo de Stewart Copeland y para mí fue hace cinco años, ¿entendés? Y la verdad que fue hace re poco, fue en diciembre.
– ¿Y queda lugar para seguir flasheando más cosas a futuro? ¿O ya llega a un nivel de profesionalización que directamente no es algo a tener en cuenta?
– No, yo creo que todo el tiempo está ese bichito de decir ‘qué bueno que estaría’. No sé, nos vamos a Bogotá y yo digo qué lindo que estaría engancharlo con Perú, con Venezuela. Poder volver a México. En el 2023 fuimos a España y yo pensaba qué lindo que estaría poder enganchar Alemania, poder hacer Inglaterra. Poder conocer Bélgica, poder ir a Francia. Todo el tiempo uno está pensando en cómo sería mejor. Uno siempre está soñando, y eso es lo lindo. Nosotros estamos fantaseando mucho con hacer un disco nuevo y hace un tiempo ya que venimos con ‘che, vamos a hacer un disco nuevo, vamos a hacer un disco nuevo’. Recién sale el otro, pero nosotros ya tenemos ganas de hacer un disco nuevo. Y hablamos del disco nuevo como si fuese algo que va a pasar mañana y la realidad es que no tenemos canciones. Tenemos que ponernos a hacerlo. Pero siempre está. Y eso se retroalimenta con nuestro bienestar. Nosotros estamos en un momentazo como banda. La estamos pasando muy bien y nos estamos llevando muy bien. Y eso no pasa siempre, viste. Eso hace que tengamos muchas ganas de hacer cada vez más cosas juntos. Y eso sí que se disfruta mucho.
– Los proyectos cuando el grupo está enfocado.
– Cuando todos estamos con ganas de compartir tiempo juntos. Porque esto, más allá de las canciones y de los shows y de los premios, y de Stewart Copeland y la mar en coche, todo lo que sea, cuando nosotros tres estamos solos adentro de un camarín o en un aeropuerto esperando cinco horas, en esos momentos es en donde te das cuenta si vale la pena o no. El otro día estábamos en Santa Fe, fuimos a tomar un helado después del show, a las once de la noche, y estábamos los tres tentados, riéndonos a carcajadas de algo que pasó en ese momento. Y en esos momentos es donde yo digo qué bueno que tengo esta banda. Qué bueno, qué groso poder estar acá, casi veinte años después, riéndonos de esta manera de esta boludez atómica. Porque es compartir la vida. Todo eso termina traduciéndose en música.
– ¿Cómo fue lo de AC/DC?
– Increíble. Poder ser parte de algo así con Eruca, que ellos hayan tenido en cuenta a nuestro grupo para esto. Porque eso es importante decirlo, no por una cuestión de vanidad, sino porque es muy valioso que el artista diga este grupo me gusta. Muchas veces de afuera se dice ‘no, los acomodó este’. La realidad es que la última palabra es la de AC/DC. Eso es muy hermoso. Y después poder tocar de vuelta en River. Habíamos tocado en el 23 con Roger Waters y fue igual de emotivo e igual de hermoso. Y la gente muy respetuosa también. Porque hay que decirlo: la gente que fue a ese show no estaba esperando un grupo soporte. Entonces muchas personas se pusieron muy de pie para aplaudir y nos mostraron mucho respeto. Una experiencia inolvidable.
– ¿Se puede aprender o rescatar algo de esa experiencia?
– Yo creo que sí. Lo que no se puede es imitar, porque no llegás. No tenés ni para arrancar. Pero sí se aprende mucho de pequeños gestos, de pequeñas actitudes. No quiero sonar hippie ni nada, pero yo creo que de todo se aprende. No sé, hace poco me tomé un tren en Capilla del Monte, que estaba de vacaciones con mi hija y mi esposa, y en el tren subió una chica a cantar unas canciones, y yo aprendí muchísimo de esa chica. Por ahí la vida te da la suerte de estar en un escenario y aprendés muchísimo también. Yo creo que el aprendizaje no tiene que ver con lo rigurosamente técnico o profesional sino que tiene que ver más con una cuestión de amor a lo que se hace. Yo lo que vi en el equipo de AC/CD es que la gente le pone mucho amor a cada cosa que hace. Sea un café hasta colgarle la guitarra a Angus Young. Todo con un nivel de amor y de detalle muy hermoso y de eso sí se aprende un montón.
– ¿Por qué te fijaste en la chica del tren?
– Porque te das cuenta de que hay un amor hacia la música que es inconmensurable. Y uno a veces, mirá, vuelvo a lo que decías al principio de naturalizar: uno a veces se monta, cuando tenés el privilegio de ser “un profesional”. el famoso vivir de la música, uno a veces se sube a esa moto del trabajo. Y dice “Es mi trabajo”. Y es la realidad, es mi trabajo y yo necesito cosas de este trabajo y gracias a la música es que mi hija hoy va a tener para almorzar. Entonces es como que uno se mete en este personaje laboral. Y no es que se olvida, sino que se desacostumbra al amor genuino por la música. El amor verdadero. El amor de una persona que escucha una canción y le cambia la vida. Entonces, yo veo esta chica que se sube al tren a tocar y veo que está tocando canciones y le está poniendo el triple de garra que la persona que escribió esa canción y la canta hace cuarenta años (se ríe). ¿Entendés? Entonces hay algo fuerte ahí, viste. Hay algo muy fuerte. Hay una conexión con algo espiritual y muy profundo como lo es la música, como es el arte. Sobre todo en una época en la que la conexión con el arte está media rara, y quizá la bajada oficial, gubernamental, ni siquiera te voy a decir argentina, mundial, es que la música es algo despreciable. Algo que no tiene mayor importancia. Yo tiendo a pensar que la música y el arte en general son de vital importancia para un pueblo. Para la humanidad en general. Entonces, rescatar ese amor y rescatar esa pasión a mí me hace aprender un montón. Hace que mi próximo proyecto, o en mi próximo concierto o en mi próxima canción, en vez de poner el cien por ciento voy a poner el 130 por ciento. Porque es mi pasión, también. Es mi vida.
* Leé la entrevista completa en el número 29 de la revista Rock Salta. Para conseguirla seguinos en Instagram y enterate de las novedades.

La gira NOA
Eruca Sativa se presentará este viernes 12 de junio en San Miguel de Tucumán. El show será en Puerto Libertad (Piedras 1850), desde las 21. Abre la noche Burro the Arranque. Las últimas anticipadas se consiguen a $40.000 (más gastos de servicio) en Passline. También en La Rockería (Buenos Aires 39, local 6).
Al día siguiente, sábado 13 de junio, la banda tocará en Salta. El show será en El Teatrino (Aniceto Latorre 1211), desde las 22. Abre la noche Kratos. Las últimas anticipadas se consiguen a $40.000 (más gastos de servicio) en Passline. También en Morrison (Caseros 646, local 7).
