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Los desafinados también tienen corazón, de Luciano Lahiteau

El libro repasa la historia y la influencia del Auto-Tune. 

En el reciente Los desafinados también tienen corazón: una historia del Auto-Tune, Luciano Lahiteau analiza la historia e influencia de la que quizás sea la herramienta más polémica de los últimos años en la música popular. También una de las que abrió nuevos caminos hasta convertirse en una marca de época. 

El Auto-Tune es un paso más en la historia de la innovación tecnológica en la música. Y como ya había ocurrido con productos previos, primero fue denostado, luego mirado de reojo y finalmente utilizado de manera constante. Lahiteau da cuenta de esa evolución y rápidamente llega a una conclusión: lo interesante es lo que hacen los artistas con el Auto-Tune y no lo que el programa hace con sus voces. 

El autor, nacido en La Plata en 1985, se saca de encima muy rápido los prejuicios sobre el programa. El Auto-Tune, que fue pensado para corregir voces, luego se volvió sinónimo de hipocresía sonora, enemigo de los puristas que con cierta ingenuidad exigen una autenticidad que no es tal, porque como el propio periodista dice en el libro, “no hay verdad en la música grabada”.

Los desafinados también tienen corazón fue publicado por Firpo Casa Editora. Es un trabajo artesanal con una tirada limitada de cincuenta ejemplares por cada edición. Su formato y el título, un fragmento de “Desafinado” de Antonio Carlos Jobim y Newton Mendonça, le dan un aire de poemario que lo embellece. Los que deseen conseguirlo pueden comunicarse a [email protected].

Desde Cher y la explosión de “Believe” hasta Duki y Ca7riel, el libro muestra cómo el Auto-Tune pasó de ser un secreto codiciado por pocos hasta volverse una herramienta más de expresión. El foco también está puesto en Kanye West, que a partir de su disco 808s & Heartbreak llevó al programa a un nivel distinto y terminó de consagrarlo. De todo eso hablamos con Lahiteau en la siguiente entrevista. 

– En el libro mostrás que siempre hubo desconfianza hacia los avances tecnológicos aplicados a la música. ¿Te parece que el del Auto-Tune es un caso más en esa historia o se percibe un mayor rechazo?
– Me interesaba engarzar el caso del Auto-Tune en esa genealogía para que quedara a la vista que los debates que plantea tienen una historia. Que, de alguna manera, su aparición actualiza cuestiones (como las tecnologías de grabación y reproducción) que son inherentes a la música popular y que en general quedan al margen: todavía predominan ideas como la del genio creador, o el binarismo típicamente occidental entre esencia y forma, que me parece importante repensar. Pero también es claro que el Auto-Tune genera mayor rechazo que otras tecnologías aplicadas a la música, y creo que eso se debe a que trabaja con la voz, el instrumento musical que consideramos la seña de identidad más profunda de una persona. Aunque, como dice Simon Frith, al mismo tiempo es la más fácil de falsear. Creo que las posibilidades de alteración de la voz que da el Auto-Tune son especialmente irritantes para muchas personas por ese motivo, porque complejizan nuestra noción de identidad y nos genera desconfianza, nos mete en un juego de espejos que nos produce incomodidad.  

– ¿Se puede explicar en ese rechazo parte de la falta de interés generacional que hay hoy para con el rock y sus dogmas?
– Considero que muchas veces se le pide demasiado al rock. Es un movimiento que fue muy importante y que lo sigue siendo. Yo fui educado musicalmente por la cultura rock, y su rasgo antropofágico, el de valerse de todas las músicas existentes para digerirlas y pasarlas por su tamiz, creo que es un legado que pervive. Pero también es un movimiento ya longevo. Hay mucha nostalgia respecto al rock. Y tampoco creo que el trap sea el nuevo rock & roll, como sugieren Trueno y Wos. En ese sentido también sería interesante deshacerse del encuadre del rock & roll y dar espacios a otras formaciones, que es algo que está sucediendo. No sé si el desinterés proviene de ahí. Creo que tiene más que ver con un sistema de valores que entró en crisis, un recambio de sensibilidad y un reordenamiento en la economía de la producción musical: no es menor que herramientas digitales como el Auto-Tune sean más baratas y accesibles que las tradicionales estructuras rockeras de bajo, batería, dos guitarras, sala de ensayo, etc. Pero son solo aproximaciones: no soy lo suficientemente joven y el rock me sigue interesando. 

– ¿Quiénes son los que mejor aprovechan el Auto-Tune en la música argentina?
– El uso del Auto-Tune se puede dividir en dos grandes grupos. Uno sería el que lo utiliza como corrector invisible, haciendo que el procesador corrija las desafinaciones sin dejar rastro, como era su misión cuando fue creado. Y el otro sería el que lo usa para lograr efectos evidentemente artificiales en la voz, para que la voz patine o salte, utilizando el setting cero o, como le dicen en Estados Unidos, “hard tunning”. En este grupo están los usos creativos que me parecen más interesantes, porque hacen a la música y a la interpretación del cantante en sí. Por lo que surgió de las entrevistas y lo que he podido escuchar, sin duda Duki y Neo Pistea son los que mejor se valen de la herramienta. Un pionero insoslayable es Dante Spinetta. Y también hay otros artistas, como Juanse o Coral Casino, que han grabado algún que otro tema con esa configuración.

– ¿Cómo fue el proceso de escritura del libro? ¿Cuántos artistas escuchaste para analizar la evolución del Auto-Tune?
– El libro surge de una nota que publiqué en Revista Ñ en 2018, en referencia a los dichos de Charly García en la ceremonia de los Premios Gardel, cuando dijo que había que prohibir el Auto-Tune. Lo que me sorprendió de aquello es que casi no suscitó polémica: hubiese sido interesante que se debatiera un poco el rol de la herramienta en las producciones musicales actuales, porque realmente está en casi cualquier producción de rock o pop, desde hace mucho. El libro busca iluminar eso, sacar al Auto-Tune del lugar de ostracismo y develar las formas en que puede ser usado. Disfruté mucho la investigación para el libro, y enriqueció mucho mi mirada trazar la línea histórica que los debates estéticos en torno al Auto-Tune despiertan. Los problemas de la autenticidad, la artificialidad y el uso de la voz tienen un pasado vasto y muy interesante, y resultan muy actuales en un mundo hiperconectado e hipermediatizado, de identidades fluctuantes, como el nuestro. Fui escuchando a todos los artistas que me sugerían los textos sobre Auto-Tune que fui encontrando, fueran notas periodísticas, críticas o comentarios de usuarios de YouTube. Me divertí mucho con la vastedad de videos cómicos y memes para los que se usa el Auto-Tune. Hallé muchos fiascos (canciones que se adjudican al Auto-Tune pero que usan otras herramientas) y también muchos artistas experimentales fascinantes. La mayoría de ellos están en esta playlist:

– “Los desafinados… ” salió en ediciones chicas, de pocos ejemplares. ¿Se te ocurre otro libro sobre música que haya sido publicado en similares características y debería tener mayor difusión?
– No, no tengo referencias de ese tipo en mente. Se trata de un ensayo histórico, que parte del desarrollo del Auto-Tune (desde su nacimiento como corrector hasta su unción como herramienta creativa) para tratar de entender su éxito en esta época en particular, un comienzo de siglo marcado por una sensación de crisis permanente y futuro cancelado. Así que es un poco específico y deforme, en la medida en que no se ajusta a formatos fijos, y no del todo adecuado para las muchas y muy buenas colecciones de libros sobre música que hay en el país. Me resulta imposible pensar el libro por fuera de Firpo, la editorial de Leandro de Martinelli. Son ediciones chicas pero no limitadas: esperamos que el libro tenga un recorrido largo y salga de imprenta tantas veces como sea necesario. Los ejemplares son numerados y confeccionados a mano, lo que es una interesante paradoja si pensamos que habla sobre una tecnología digital.

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