Coberturas

M. Mateos en el Teatro

miguel mateos

El rock, en sus diferentes formas, sigue apareciendo en Salta. RS te trae la cobertura del show de Miguel Mateos en el Teatro Provincial.

Miguel Mateos se presentó en nuestra ciudad en un Teatro Provincial lleno, una máquina del tiempo musical.

Es sábado, estoy parado en el hall del Teatro Provincial y me doy cuenta de que soy el más joven de todos los que están allí, esperando para ingresar a la sala para ver el recital de Miguel Mateos. Al menos, el más joven que fue por su propia voluntad. En unos minutos vamos a estar todos sentados o parados, gritando o mirando en silencio al tipo que a mediados de la década del ochenta se podía jactar de ser el músico más popular de la Argentina, el que ostentaba el record de discos vendidos dentro del rock (después lo superó Fito Páez).

Hay un solo problema: Miguel Mateos no pertenece al rock. Y no estoy hablando de artistas que trascienden la barrera de su propio género y se instalan en el inconsciente colectivo –como Charly, por ejemplo-, sino que digo que Mateos no hace –nunca hizo- rock. Formó parte del movimiento en una época donde músicos como Piero o Patricia Sosa eran considerados pares de Spinetta, Pappo o los Redondos; una época en la que Luca Prodan no había impactado del todo. De ese modo, el ex líder de Zas, con su pop liviano y por momentos demagogo, pudo formar parte de las filas rockeras argentas. Pero tarde o temprano se iba a terminar separando de ellas. Eso ya sucedió, hace rato, y el sábado pasado lo pudimos comprobar en nuestra ciudad.

Desde la entrada se pudo palpar perfectamente el asunto: hombres y mujeres perfectamente arreglados, maquillados y vestidos, llegando en autos caros, hablando por teléfonos que parecían palms y con una sobredosis importantísima de nostalgia. Un público que, una vez adentro, retrocedió un cuarto de siglo, cuando andaba por los quince o veinte y recién estaba experimentando eso llamado democracia; cuando versos como “Hay muchos como yo, gatos sin dirección/Y después preguntan por qué la juventud/ama sólo el Rock and Roll.” tenían sentido. Esa juventud de los ochenta hoy domina la ciudad, la provincia y el país. Se convirtieron en todo lo que odiaban en esos años, representan todo lo que uno no quiere ser en un futuro: personas absolutamente entregadas que aplauden a rabiar cuando Mateos dice “nosotros no tenemos nada que ver con los políticos que nos cagan la vida”, pero que no hicieron ni hacen absolutamente nada para cambiar. Son la clase media alta que durante su juventud escuchó a Zas como hoy se escucha a Maná. No hay diferencias entre el público de Alejandro Lerner y este. Es exactamente el mismo.

El recital fue impecable: dos horas y media de éxitos que todo el teatro –colmado- coreó y aplaudió, mezclado con pocas canciones del último disco de Mateos (“Fidelidad”, editado el año pasado) y algunos covers (Duran Duran, Bowie, Eurythmics) para desembocar en “Tirá para arriba”, el tema que todos esperaban con más ganas, el “Ji ji ji” del cuarentón nostálgico que cree estar en presencia de ultra rockeros sólo porque tienen una fender colgada. El rock ya no es sinónimo de guitarra eléctrica y esta crónica no tiene razón de ser en una página llamada “Rock Salta”.

Para ROCK SALTA. Federico Anzardi[email protected]

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