Reflexiones en la Chevy

Necesito acción, acción

Como perros de la lluvia, buscando nuestros olores desparramados por el agua, salimos a recorrer bares para escuchar y a levantar bien alto la bandera del metal y reivindicar que la lucha por el rock no murió y no morirá jamás.

Un amigo peronista comenzaba dando una lección de cómo se debe tomar un porrón de una sola vez, lo cual indicaba la densidad de la noche. Al lado, nuestros amigos de la vieja guardia, que en los noventa podrías haberlos cruzado en los ya históricos recitales de Furci, la Técnica 2, o en el “cafru” un domingo, con un solo foco en la calle. Todo muy familiar y apostando justamente a difundir esto, que también es cultura.

Los rumores nos llevaron a un bar donde tocaban bandas de rock, heavy y músicos locales. Y si bien el palo nunca fue masivo o “popular”, muy poca gente haciendo el verdadero aguante a la escena, más gente en los cordones que la que había pagado una entrada,  inevitablemente salió la frase “¿saco de la recaudación?”. O la ya carismática y risueña “yo en este barco no me hundo”.

Las propuestas son variadas y para todos los gustos, pareciera que cualquier fecha del mes “es la peor” (por la guita), y encima  músicos con las dificultades materiales para equiparse apropiadamente y la incertidumbre en torno a las posibilidades de permanencia en el circuito de bares, se les hace cada vez más difícil.

Con todo esto tengo que decirles que el problema fue, es y será demográfico. Dentro de algunos años las calles estarán invadidas por nuestros hijos y ahí si las huestes mostraran el verdadero camino. Muchas promesas, poca acción.

Siganme, no los voy a defraudar…

Publicado en la revista Rock Salta Nº14, en el mes de abril de 2013.

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