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“No se parece a nuestro sonido” | A 40 años del primer disco de los Redondos

En 2019, el Indio Solari repasó algunos aspectos de Gulp!, el disco publicado en 1985 que inició el camino discográfico de una de las bandas más grandes del rock argentino.

En este 2025, el primer disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota cumple cuarenta años. Se trata de Gulp!, un trabajo que como la mayoría de los álbumes de los Redondos, parece un grandes éxitos.

El disco tiene canciones inolvidables como “Barbazul vs. El amor letal”, “La bestia pop”, “Roto y mal parado”, “Unos pocos peligros sensatos”, “Yo no me caí del cielo”, “El infierno está encantador esta noche”, “Ñam fri frufi fali fru”, “Criminal mambo”, “Superlógico”, entre otras.

Gulp! fue grabado en los estudios Tubal, propiedad de la familia de Lito Vitale, quien también aportó teclados en el disco y fue un habitual colaborador en las siguientes producciones.

«Fuimos a dar a un estudio donde, más allá de sus precariedades, podíamos escucharnos bien por primera vez. Gulp! fue lo nos salió. Nos entusiasmó. Nos entusiasmó la posibilidad de que sonara otra cosa, más pop que el vivo. Utilizamos la nueva posibilidad como un juego, para jugar hay que ensuciarse las manos», dijo el Indio Solari en el libro Recuerdos que mienten un poco, su autobiografía realizada en colaboración con Marcelo Figueras.

En el libro, el Indio agregaba que por esos años los músicos del grupo «tampoco» eran «puristas» del «sonido del directo». «Lo que hacía que sonase todo hard, demasiado crudo, era la precariedad de los equipos de los que disponíamos. En el estudio se nos abrieron otras puertas» explicó.

Para el Indio, el disco «no se parece» al sonido que los Redondos tenían en vivo en esos años, «pero tampoco suena del modo en que Lito Vitale solía grabar». «Pasó que nos encontramos con esa novedad, con algo que para nosotros representaba una terra incognita, y nos mandamos. ¡Nos gustó!», dijo.

Sobre algunas letras emblemáticas, como el famoso estribillo «Vamos a brillar, mi amor», Solari decía que «hay muchas maneras de interpretarlo». «Por un lado, a brillar mi amor puede ser una cosa linda, la invitación a generar una sociedad donde podamos vivir en plenitud. ¡Arranquemos a la condición humana de la oscuridad a la que parece condenada! Por el otro, está la interpretación más básica, la del brillo fugaz, artificial que te inspira la merca. Y debe haber mil interpretaciones más que le caben. Eso es lo bueno, que la canción no agote sus resonancias».

«La poesía es un pensamiento rítmico, como dijo Sam Shepard. Presenta una secuencia de palabras cuya incógnita debe atraparte. Pero no para que me entiendas, para que interpretes al autor: para que veas qué te significa a vos, qué te produce, qué te pasa cuando suena. Eso es lo único que vale. Lo que significa para mí ya fue, es pasado. Mi alma está en otra parte, escribiendo otro disco. Fijate qué te pasa a vos con esa canción, qué te inspira, qué te remueve», agregaba.

«Yo sé por qué escribí cada cosa, pero no se lo digo a la gente par no arruinarle la experiencia, para no condicionársela. Sería una pelotudez. Por eso no me gustan mucho los reportajes, no me gusta competir con el artista. La gente le cuelga al artista sus propias necesidades e ilusiones. ¿Quién soy yo para estropeárselas?», finalizaba.