Coberturas

Spinetta en Velez

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El «Flaco» Spinetta celebró sus 40 años con la música. Hubo desfile de celebridades en el escenario. RS te muestra la cobertura de la Rolling Stone.

A eso de las 22 horas, con una hora de demora de lo pactado originalmente, Luis Alberto Spinetta salió a escena. Primero agradeció a muchos de los músicos que tocaron con él durante su extensa trayectoria y que no pudieron ser de la partida de este concierto de sus Bandas eternas (Pedro Aznar, Frank Ojtersek, entre otros) y disculpándose ante los músicos que le gustan y que no serían versionados esa noche (Moris, Indio Solari, Andrés Calamaro y Hugo Fatorrusso, «el más grande talento que dio el Río de la Plata», fueron los más destacados). Y luego, con su banda actual y el bellísimo «Mi elemento», comenzó el recital.

Hubo dos segmentos bien marcados en el show, y cada uno de ellos contó con 25 canciones. En el primero, Spinetta repasó temas de Jade y de su trayectoria solista con multitud de invitados, se permitió hacer covers de gemas ajenas («Mariposas de madera» de Miguel Abuelo sólo con su guitarra, «El rey lloró» de Litto Nebbia, «Adonde está la libertad» de Pappo con Juanse en voz). Las intervenciones de históricos tecladistas de Jade como Juan del Barrio, Diego Rappoport y Leo Sujatovich dieron un clima de intimidad casi inédito para un estadio de fútbol (más que nada los dos últimos que, acompañando a la casi desnuda voz del Flaco, brillaron con «Ella también», «Umbral», «Era de uranio» y «Vida siempre»). Fito Páez puso su piano al servicio de «Las cosas tienen movimiento» y «Asilo en tu corazón»; Gustavo Cerati cumplió «el sueño del pibe» (sic) al cantar «Té para tres» y «Bajan» y, tras una toma hip hop de «Necesito tu amor» de Manal con Dante y Leeva, una hermosa versión de «Filosofía barata y zapatos de goma» fue el preludio para la aparición de Charly García, con uno de los plenos de la noche: «Rezo por vos». Final de la primera mitad, en donde no faltaron los habituales diálogos con el público («Flaco, ¡no te mueras nunca!». «Vos tampoco, porque si yo me muero, vas a necesitar un testigo») y las menciones a los músicos geniales que iban a ser parte de la escena, que de tanto repetirse por parte de Luis terminó siendo una suerte de guiños cómplice con la gente.

El segundo set comenzó con el recuerdo al desparecido Daniel Wirtz, y una formación de los Socios del Desierto («Los socios de este concierto») con el original Marcelo Torres y Javier Malosetti en batería. Y luego,el Everest de la noche: Invisible. Spinetta, Machi y Pomo, o como un power trío puede sonar como una orquesta sinfónica, desafiar el paso del tiempo («Lo que nos ocupa es esta abuela, la conciencia que regula el mundo» es una canción que parece compuesta hace sólo quince días, y supera las tres décadas), aplicar métricas imposibles («Jugo de lúcuma») y sensibilizar hasta a las piedras con crescendos explosivos («Perdonado (Niño condenado)»). El final fue con Lito Epumer haciendo las veces de Tommy Gubitsch (quizás, el gran ausente de la jornada) y el «Amor de primavera» de Tanguito. Sin solución de continuidad, la reunión más festejada: la de Pescado Rabioso. Con David Lebón en guitarra y Guillermo Vadalá en bajo, «Poseído del alba» fue el comienzo soñado que muchos jamás pensábamos ver en nuestras vidas, seguido del «Hola dulce viento» de Lebón. En «Serpiente (viaja por la sal)» el diálogo a lo Genesis de las dos guitarras con el Hammond de Carlos Cutaia fue tan épico como marcaba la leyenda. «Me gusta ese tajo» tuvo a Bocón Frascino como invitado en viola, y el fin fue ni más ni menos que «Post crucifixión». Y, por último, Almendra. La comunión entre Del Guercio, Molinari, García y Spinetta es la de esos cuatro chicos de Belgrano que de buenas a primeras pintaron su aldea y, de paso, el mundo de todos los argentinos, al menos. ¿Cómo se explica, sino, el solo de Edelmiro en «Color humano», la voz de Emilio en «Fermín», el ataque de la batería de Rodolfo en «Hermano perro» o el arreglo vocal de «Muchacha ojos de papel» (dedicada a la mamá de Luis Alberto)? Sólo cuatro hombres que se conocen desde hace más de cuarenta años, con sus bondades, miserias, alegrías y tristezas, pueden lograr semejante grado de entendimiento mutuo.

Ricardo Mollo sumó su guitarra para «8 de octubre» (a beneficio de los chicos muertos en la tragedia de Santa Fe) y tres hitazos cerraron la fiesta: «Seguir viviendo sin tu amor», «Yo quiero ver un tren» y «No te alejes tanto de mí». Y, luego, la anécdota innecesaria: Spinetta haciendo mención a la portada de «una revista que nos solía gustar, en donde en su tapa, junto con mi socio Charly García, hay un primer plano de los rostros de ambos que oculta y oscurece la remera de Conduciendo a conciencia. Para esa revista, fuck you. Quiero ver los deditos de todos levantados», dijo, para luego invitar a todos los músicos participantes a saludar con la misma remera. La revista, claro, es Rolling Stone. Y el enojo de Spinetta está originado en que, por el encuadre de la histórica foto, no se puede ver la leyenda sobre las ONG que patrocina.

Fuente: Rolling Stone