Foto: Facebook Claudia Sinesi
Entrevistas

Viuda e hijas de Roque Enroll | El éxito que el rock no esperaba

A mediados de los 80, las cuatro músicas escalaron en los rankings mientras una escena prejuiciosa las miraba de reojo.

“Al principio fue medio duro. Tuvimos que romper el hielo. ¡Ay, cómo se ponen esa ropa!, ¿Por qué se pintan así?, ¿Por qué tanto maquillaje?, ¿Hace falta tanto maquillaje?”

Mavi Díaz en 1986

Como la mayoría de los íconos del rock argentino de los 80, el grupo Viuda e hijas de Roque Enroll tuvo una existencia breve que alcanzó para dejar una huella. Mavi Díaz, Claudia Sinesi, María Gabriela Epumer y Claudia Ruffinatti combinaron el triunfo comercial con buenas críticas pero también soportaron el prejuicio de una escena machista que nunca las aceptó del todo. Periodistas, artistas y público ortodoxo contemplaban su éxito casi como algo ajeno. Esa mirada de reojo nunca se alejó. A pesar de las distintas reuniones que llevaron adelante, la última en 2014 gracias a la novela de Telefe inspirada en su nombre, la banda nunca gozó de una reivindicación general. Sus tres discos originales hoy son difíciles de conseguir. Están presos de la burocracia de las discográficas y todavía no se los puede escuchar en Spotify.

Las Viudas se formaron como respuesta a una convocatoria realizada por Bernardo Bergeret. El productor de Abraxas tenía en mente trabajar con un grupo de mujeres pero no se imaginaba algo como lo que encontró una tarde de fines de 1983 en la sala de espera de su oficina. Las cuatro estaban muy pintadas y peinadas. Lucían vestidos vintage de colores y zapatos llamativos.

– Claudia Sinesi: Pasaba y nos miraba. Decía “no, no, no, esto no es lo que yo quiero. Sacá a estos caranchos”. Él buscaba un grupo de chicas que fueran rubias tetonas como Los Ángeles de Smith, pero resulta que nosotras cantábamos, tocábamos, hacíamos canciones. Estábamos a full.

Bergeret no las recibió y las futuras Viudas se fueron sin cantar a pesar de que parecían listas para subir a un escenario. Y lo estaban, pero no solamente por el look. Llevaban años tocando y haciendo canciones, cada una por su lado. A pesar de la complicidad grupal que transmitían, se habían conocido unos días antes. Las únicas que mantenían una relación previa eran Sinesi y Epumer.

– Sinesi: Dejé el colegio cuando tenía quince años, en el 76. No aguantaba más, era terrible. Te amonestaban porque tenías una guitarra, no dejaban que te peinaras ni que usaras la ropa que querías. Yo era chiquita y decía “¿Qué estoy haciendo acá?”. Me acuerdo que con María Gabriela nos metíamos en ferias americanas y nos poníamos cualquier cosa. Zapatos amarillos, cualquier cosa. Las dos habíamos dejado el colegio en el mismo momento.

Cuando era chica Claudia jugaba a tener una banda con Quique, su hermano. Ella siempre tocaba los bajos de aquellos proyectos. En la adolescencia Claudia ya estaba metida por completo en la música. Tocaba y aprendía, se exigía con pasión. Le hacía caso a su mamá, que le había permitido abandonar el colegio pero le había pedido que hiciera valer el cambio. “Lo que vayas a hacer, hacelo lo mejor posible”, le dijo. Y Claudia hacía. Se juntaba con María Gabriela y con su grupo de amigos de entonces: su hermano Quique, Lito Epumer, que era el hermano de María Gabriela, Pedro Aznar y CarlosMonoFontana. Eran una familia musical que iba a conciertos y se reunía para zapar y compartir.

– Sinesi: Antes de tocar con las Viudas no tocábamos sólo pop. Decíamos “toquemos tal tema” y era algo que era un moño (se ríe). Lo que estaba de moda era el jazz rock y no era fácil. Pasábamos muchas horas. Pedro tocaba igual que Stevie Wonder. Venía y decía “uy, hace una semana que no toco”, y agarraba el bajo y se tocaba todo. El Mono empezaba a tocar el piano, porque antes tocaba la batería. Y yo desde chica siempre era la bajista.

Tras aquellas experiencias juveniles y antes del comienzo de las Viudas, María Gabriela y Claudia pasaron a integrar Rouge, un grupo de mujeres que se había formado a fines de 1980 y tocaba covers de rock, soul y pop. Canciones de Stevie Wonder, Gino Vannelli o George Benson.

La última formación de Rouge: Andrea Álvarez, María Gabriela Epumer, Ana Crotti y Claudia Sinesi.
Foto: Omar Kayan

– Sinesi: Primero entró María Gabriela porque se fue la guitarrista. Después se fue la bajista y María Gabriela me llevó a mí. Después se fue la baterista y yo llevé a Andrea Álvarez. Y después vino la Guerra de Malvinas y prohibieron las canciones en inglés.

La prohibición impuesta por la dictadura le puso una barrera al Rouge inicial y le abrió la puerta a una etapa de canciones propias que había empezado a perfilarse a partir del éxodo de las integrantes originales. Sinesi y María Gabriela tenían varios temas listos. Para ellas componer era parte de aquel juego apasionado que hacían desde la adolescencia. Un trabajo arduo que siempre disfrutaban.

– Sinesi: Yo estaba en mi cuarto un día de semana y hacía un tema. Un miércoles. El sábado lo tocábamos. No estaba grabado, no éramos famosas. No importaba, la cosa era que tocábamos música. No se podía cantar en inglés y los lugares se llenaban. Por esa desgracia, para nosotras se nos hizo un training impresionante.

Con los temas propios el proyecto de Rouge pasó a ser otra cosa, pero no duró mucho más. Se separó a fines del 83, antes de poder grabar. Casi al mismo tiempo Mavi Díaz se enteraba de que Bernardo Bergeret buscaba un grupo formado por mujeres. Mavi solía ir a ver a Rouge en vivo y cuando conoció la propuesta del productor se acordó de la banda.

– Sinesi: Sin conocerme, me dijo: “Mirá, hay un productor que busca un grupo de chicas que toquen y canten, y a mí sola no me quieren. Y yo quiero grabar un disco”.

– Mavi Díaz: Si no te fichaba una compañía no llegabas a nada porque no había otra manera de sacar discos.

– Sinesi: Lo importante era grabar un disco. Ahora tengo mi Mac y puedo grabar un disco sin tener que ir a Panda. Antes la única forma era que una compañía sea tu productora. Por eso nosotras dijimos sí, hagámoslo.

Cuando Sinesi y María Gabriela se reunieron con Mavi se dieron cuenta de que el proyecto necesitaba una integrante más. A Sinesi se le ocurrió convocar a Claudia Ruffinatti. La había conocido unos meses antes, cuando la tecladista respondió a un aviso de Rouge publicado en la revista Pelo. Ruffinatti estuvo a punto de ser la quinta integrante. La separación repentina del grupo impidió su incorporación.

Revista Pelo, noviembre de 1983: Rouge busca tecladista

Sinesi: Nos juntamos las cuatro y nos cagamos de risa. María Gabriela y yo éramos más serias, estudiosas del instrumento. Mavi era tremenda. Para mí era re zarpada. La escuchaba y había cosas que me daban mucha risa, me hacía poner colorada de lo zarpada que era.

Tuvieron que pasar varias reuniones frustradas para que Bergeret se resignara a prestarles atención. Ellas seguían yendo a su oficina con el mismo look que había espantado al productor.

– Sinesi: Finalmente pasó lo que nosotras queríamos. Fuimos a la reunión y cantamos un tema de Mavi, “Estoy tocando fondo”. María Gabriela sentadita con la guitarra criolla y nosotras tres paradas. El tipo nos escuchó, abrió la agenda y dijo “bueno, en un mes graban”.

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Sinesi, Díaz, Epumer y Ruffinatti en una toma descartada de la tapa del primer disco de las Viudas.
Foto: Facebook Viuda e hijas de Roque Enroll

“En el primer disco no éramos nosotras. No confiamos en nosotras mismas y esa inseguridad se refleja en el disco”

María Gabriela Epumer en 1986

– Mavi: Para el primer disco de las Viudas nos dieron cien horas para grabar y mezclar, que no es nada. Ensayábamos desde las 9 de la mañana hasta la una de la tarde todos los días. Llegabas al disco y no podías perder tiempo No es que ibas a decir “a ver, voy a probar”.

– Sinesi: Ese disco era todo de plástico. No teníamos todavía una banda. Y lo hicimos con lo que había, que también era re moderno. Había máquinas. La batería era un Emulator, que era algo re pro.

El disco debut de las Viudas se publicó en los últimos meses de 1984. Tenía doce canciones. Al igual que en la reunión con Bergeret, se eligió “Estoy tocando fondo” como carta de presentación. Su letra con mención al Fondo Monetario Internacional la hacía un producto atemporal gracias a este país en el que los debates por el dólar y la crisis económica nunca salen de agenda. El coro a lo The Rivingtons popularizaba un año antes la cita que Sumo también hacía en “La rubia tarada”. Actualizaba un estilo vintage a la modernidad de los 80 y se acoplaba al pelotón de grupos que tenían en la ironía y el humor una línea por donde transitar. Eduardo Berti lo dijo mejor en Rockología, su libro sobre el rock argentino de los 80: “Al igual que la película Brazil de Terry Gilliam, la estética de las Viudas se acercaba al concepto francés de ‘retrofuturo’: un modo de ver el futuro a través del pasado”.

– María Gabriela Epumer: El primer disco fue muy apurado, había otros arregladores, nosotras nos conocíamos poco.

Ninguna de las cuatro Viudas quedó conforme. Pero el álbum no tuvo malas críticas y sirvió para empezar a tocar y circular por los medios y los escenarios. “Las cuatro saben lo que hacen. Tocan bien, componen con swing y hacen letras cargadas de gracia y ternura. Este es un excepcional disco debut. Era hora de que las chicas mostraran lo suyo, ¡que es abundante!”, aseguraba Cantarock.

El disco apareció en un momento de particular efervescencia con propuestas que apostaban al fuerte cambio que había comenzado en la etapa pre democrática. Las bandas con mujeres ya no eran una rareza. Nylon, las Bay Biscuits, Celeste y La Generación, La Torre, Púrpura o Los Twist con Fabiana Cantilo eran sólo algunas que surgieron durante la etapa de Rouge o de las Viudas.

Con la salida del álbum el fenómeno de las Viudas empezó a crecer. La banda dio su primer show recién después de su publicación. A las pocas semanas empezaron a tocar cada vez más.

– Mavi: Íbamos a tocar a los clubes, a las canchas. A Rosario, a Córdoba. A los carnavales. Un domingo ibas a bailar a Pinar de Rocha y la programación era Virus, Los Twist y las Viudas en la misma noche. O en el Italpark.

– Claudia Ruffinatti: Era una época tan increíble del rock nacional. Había muchos festivales, había de repente shows que se organizaban en una discoteca o en un club bailable de distintas localidades, en donde no se contrataba a un grupo, se contrataba a tres grupos. Cuando ves los tickets no se puede creer. Haber tocado Los Twist, las Viudas y Soda Stereo. O GIT, Soda y las Viudas. O Fito, las Viudas y Luis Alberto Spinetta. O tocar con Zas y La Torre. Tocábamos permanentemente y coincidíamos en shows. Ibas a una disco o a un club deportivo un domingo o un sábado temprano con show y baile y veias tres grupos de esa magnitud. Era increíble.

El verano del 85 fue un éxito. Las Viudas giraban con las canciones del primer disco pero tenían la mente puesta en el segundo. Confiaban en poder convertirse en un grupo más interesante. No se equivocaban. Ciudad Catrúnica, el álbum que publicaron ese año, fue mucho más sólido que el debut. Sigue siendo el mejor trabajo de la banda.

– Epumer: Ciudad Catrúnica refleja un adelanto enorme, ya que logramos un sonido propio que fuimos armando con el tiempo. Los arreglos de los temas los hicimos entre todas, y pudimos grabar las canciones que quisimos, a pesar de las exigencias del mercado.

El disco tenía un trabajo mucho más minucioso que el anterior. Ese detalle fue percibido por los medios. “Las voces fueron muy cuidadas, y los arreglos se destacan tanto como las distintas apariciones solistas. La parte instrumental también ganó, sonando el grupo compacto y prolijo”, decía Pelo en la reseña del álbum.

– Sinesi: Esos arreglos no eran nada fáciles. Viste que todo el mundo, salvo alguien que sea músico, piensa “bue, las Viudas”.

– Mavi: Hacíamos arreglos abigarrados con una distancia tonal más cercana. Que las voces parecieran cercanas. Que no supieras bien quién hacía qué. Era un recurso que usábamos bastante.

– Ruffinatti: En ese momento no existía la tecnología de hoy, que te hago cantar como Sting, te hago cantar como cualquiera. Hoy se procesa todo pero en esa época no.

Las Viudas se reunían en el estudio y se colocaban alrededor del mismo micrófono. Grababan sus voces juntas, a veces paradas a distancias distintas, según las indicaciones de Mariano López, el obsesivo ingeniero de sonido con el que trabajaban.

– Sinesi: Era “a ver, vos da un paso más para adelante”. Mariano siempre hacía eso. Lo veías con un centímetro cuando grababa la batería, por ejemplo. Hasta que armaba lo que él quería escuchar. Era una cosa de ingeniería. Ahora todo es lo mismo pero virtual. Ponés el bombo más lejos, más cerca. Creo que por eso sabemos tanto usar los programas de la compu. Es todo familiar porque lo ví, pude palparlo.

– Mavi: Grabábamos juntas y separadas. Pero esa cosa de grabar juntas le daba esa argamasa que une y que ensambla. La voz mía y la de María Gabriela, que íbamos abajo, se podían confundir. Un color muy parecido que después cantando solas nada que ver. Ruffinati y Claudita eran las agudas y María Gabriela y yo las más abajo. Y como yo repartía las voces siempre me quedaba con las más moño cuando hacíamos coros. Las que eran más raras.

– Sinesi: Vos ponés un disco de ésos, un vinilo con el máster original, y escuchás la voz y te parece que es tridimensional. En un buen equipo de audio y en una bandeja moderna, una grabación vintage es tridimensional. Ahora copiaron todo de CD, no es lo mismo (Nota: se refiere a las reediciones en vinilo de discos clásicos que se venden en la actualidad).

– Mavi: Lo que hacíamos muchas veces para confundir a la gente era que doblábamos las voces pero nos cambiábamos. Por eso mi voz y la de María Gabriela muchas veces se confunden. Porque, ponele, María Gabriela cantaba una voz conmigo y después con Ruffinatti. Se mezclaban mucho los colores. Hacíamos un poco ese chiste para que no se perdiera el color y quedara bien amalgamado.

– Ruffinatti: Cada vez que yo escucho esos temas en radio me acuerdo de los tonos, de la voz que canté yo, me acuerdo de todo.

– Mavi: Los coritos tipo “uhhhh, uhhhh” eran bien Viudas. Era como un sello, era algo que era una marca. Escuchabas las voces y las reconocías automáticamente.

– Ruffinatti: Mavi tenía una voz más grave, María Gabriela una voz también grave pero tal vez un poco más aguda, aunque Mavi es una persona que tiene un registro bastante amplio. Claudita y yo hacíamos las voces más agudas. Si bien las dos tenemos las voces más agudas de las cuatro, ella tiene un color más claro que el mío. Y más brillante.

Sinesi era la que lideraba “Lollipop”, la canción que abría Ciudad Catrúnica. Fue, quizás, el mayor éxito de la carrera de las Viudas. El tono aniñado e inocente de su voz brillante chocaba con la letra del tema, que pasaba de la ternura a la provocación explícita del “mi bien, mi tesoro, te ruego, te imploro, que te bajes el pantalón”. El disco tenía otros momentos similares como el “vení Rogelio, vení mi amado, vení, apúrate, revolveme el estofado” de “Tras la medianera”. El verso, que si se usara en una letra actual sería naif y hasta de mal gusto, en ese momento fue una mini revolución que generó preguntas en las entrevistas y comentarios en las crónicas de los conciertos. Era un momento mucho más pacato y hasta la palabra “boludo” podía sonar fuerte, como le pasó a Spinetta cuando visitó La Noticia Rebelde en 1987.

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Foto: Facebook Viuda e hijas de Roque Enroll

Acá la temática de las canciones siempre fue muy masculina. Vos tenés que ver en los shows a las pibas haciendo la mímica de las letras, repitiendo los pasitos y gritando los estribillos. Nosotras somos una excusa”

Claudia Ruffinatti en 1986

Las letras con doble sentido llevaron a las Viudas a un lugar más atractivo para los medios, siempre listos para sexualizarlas. Las revistas de rock no escapaban de esa costumbre. Las notas a las bandas femeninas o solistas de la época siempre hacían alguna referencia en ese sentido: La Torre era “sexo y rock”, Celeste Carballo estaba “al desnudo”, a las Viudas las “desnudaban”.

Si bien el primer disco de las Viudas ya tenía letras “osadas” (“Bombacha-cha-cha”, “Hawaiian twist”), Ciudad Catrúnica profundizaba ese costado con más versos en primera persona. “Nuestra onda es el porno-pop, es una forma de adherirnos al actual destape”, decía Mavi Díaz en Pelo a fines del 85, cuando el álbum recién había sido publicado.

Ciudad Catrúnica también tenía canciones como “Hawaiian II”, que ponía sobre la mesa otro tipo de empoderamiento que ya no tenía que ver con la libertad sexual. “No me marques más, no me mires más, con tu cara de baboso. Y no me sigas más, no me rompas más, la salida es por allá”, decía el estribillo. La canción fue otro hit que en los conciertos maravillaba a las Viudas por la reacción que provocaba en las chicas del público, que la cantaban con una intensidad extra. En los recitales la banda gozaba de la unanimidad que no tenían en las reseñas.

– Epumer: Nos súper respetan. Por ahí hay algún loco que se la pasa gritando durante todo el recital “puta, puta, puta” pero no debe saber ni qué significa la palabra puta.

Lo que nadie esperaba era el éxito masivo que el disco estaba a punto de tener. Con las fiestas de fin de año las ventas se dispararon y para febrero del 86 el álbum ya era número 1 en el país. En poco tiempo vendió 200 mil copias. La banda encaró una gira por la Costa Atlántica que superó todas las expectativas y además trajo otra sorpresa: su público era cada vez más joven.

Epumer: En la Costa llegamos a tener público de cinco años. Pibitos que venían con los viejos que se copan con la onda “revival” de “Lollipop” o el “Plata – Plata”.

El disco puso a las Viudas a sonar en todas las radios y les dio un público menor de edad que no estaba en los planes. El éxito del grupo era un paso más en la evolución del rock argentino, que había dejado de ser propiedad de la solemnidad de los 70. Con la renovación posterior a Malvinas abandonó de manera definitiva el gueto ideológico y le dio la bienvenida a los hits, al público diverso y al negocio para algunos: hoy las Viudas aseguran que ganaron menos dinero que el que les correspondía.

– Sinesi: Ganábamos mucho, igual, porque tocábamos cinco o seis veces por semana. Me acuerdo que a veces encontraba notitas en mi casa que decían “Mamá, vuelvo el martes” (risas).

– Ruffinatti: Ganábamos mucha plata. Mucha es mucha. No me refiero a ser millonario, pero para vivir bien y para la edad que teníamos. Tocábamos el cielo con las manos. Así también la inconsciencia te hacía que gastaras y que no pensaras “bueno, me ahorro mil dólares por mes”.

– Sinesi: Hemos tocado tres shows en un día con dos equipos. Me acuerdo que me sangraban los dedos.

En aquellos días de intensidad escénica Claudia Sinesi tenía un aerosol desinflamante, “como el de los futbolistas”, para usar en una de sus manos, agotada de tanto tocar el bajo.

– Sinesi: A cada rato iba a que el plomo me tire porque me dolía.

Eran shows de una hora tocados a todo lo que daba. Como en los mejores booms artísticos, las Viudas no tenían un minuto de tranquilidad. Giraban, daban notas, filmaban películas y componían. También ensayaban para dar buenos conciertos.

– Ruffinatti: En esa época éramos dos o tres tecladistas porque no existía la tecnología que hacía que en un mismo teclado dispararas una sinfónica completa. Éramos bastante obsesivas con el sonido en vivo y pretendíamos que saliera igual o mejor que en el disco. Por eso éramos dos los tecladistas, con dos o tres teclados cada uno, dependiendo de la época.

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– ¿Les molesta ser catalogadas de grupo divertido?
– Que traten de sacar los arreglos que nosotras tocamos, que traten de tocar, cantar y bailar a la vez. ¡Van a ver lo frívolo que es!

Claudia Sinesi en 1986

El 4 de abril de 1986 fue el día más importante de la carrera de las Viudas. Esa tarde llenaron el Luna Park. “Si un par de años atrás alguien hubiera asegurado que el grupo más vendido sería uno integrado por cuatro mujeres desfachatadas con una propueta pop, liviana, cargada de humor y enfocada desde una óptica femenina, habría sido difícil creerle”, decía la revista Pelo en la previa del concierto.

El día del show, Bernardo Bergeret estaba nervioso. Iba y venía por el hall del estadio. “¿Se la bancarán?”, se preguntaba. No tenía reparos en poner en duda al grupo delante de los periodistas que habían ido a cubrir la fecha. En la reseña de Cantarock, Pipo Lernoud y Eduardo Berti justificaban esos miedos: “Las actuaciones en vivo de las Viudas siempre habían dejado mucho que desear, y en eso se basaban sus detractores -que son muchos en el ambiente- para señalar que se trata de un producto fabricado sin un verdadero nivel musical”.

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Fragmento de una entrevista a Divina Gloria en una Pelo de 1986:

– ¿Creés que cierto sector del rock que no era adepto al pop o la música divertida empezó a consumir estos géneros a partir de tu disco Desnudita es mejor?
– Sí, o quizás un poquito antes. Tal vez con Viuda e Hijas.
¿Qué opinión te merecen?
– Pienso que son un poquito chorras. No niego que se venden todo, que están en el primer puesto y que tienen toda una infraestructura servida en bandeja que yo todavía no vi. Pero yo recuerdo también haber hecho un show con ellas y con Soda Stereo y cuando estas minas vieron todos los maquillajes que teníamos nosotros y la producción y los pelos cortados, inmediatamente al otro día se presentaron con las crestas paradas, muy a nuestro estilo. Además las vi hace poco en vivo y no pasa nada. Cuando estuvieron en Paladium parecían Festilindo.
– Bueno, pero justamente ellas se dirigen a un público más joven, casi infantil.
– Mirá, si uno le da manija a las cosas, seguro que entran. Si Desnudita… se escuchara como se escucha “Lollipop” todo el mundo tendría en su casa Desnudita… . Aunque claro, ellas tienen otra imagen. Por eso me sorprendió la tapa y la nota de Pelo a Viuda e Hijas. Imaginate, si ellas salen desnudas, yo qué voy a hacer. ¿Voy a salir chupando un lollipop?

En la misma nota, Divina Gloria reconocía tener ganas de “seguir en la cosa cómica” pero consideraba que de mantener ese camino su música “quizás se termina confundiendo con un temita de Viuda e Hijas, con la onda superficial”.

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Antes del recital en el Luna Park estuvimos veinte días encerradas ensayando, sin ver a nadie, durmiendo poco

María Gabriela Epumer en 1986

En el Luna Park las Viudas desplegaron un show total con bailarines, músicos invitados, distintos vestuarios, escenografía y una lista de canciones muy trabajadas. Ofrecieron un espectáculo completo que hoy se volvió la norma general de cualquier concierto.

– Ruffinatti: Nosotras en particular fuimos sumamente criticadas y ninguneadas por muchos periodistas por el tema de la estética. Porque pensaban que el hecho de darle importancia a la ropa, a los peinados y al maquillaje era restarle energía a la música, y nada que ver. Nosotras teníamos gente pensando para eso y nosotras interviniendo en todo. Y muchos grupos empezaron a darle importancia. Soda Stereo, por ejemplo. El maquillaje, el peinadito, esos raros peinados nuevos. Todos empezaron a ver qué saquito se ponían, un poquito de brillo. Antes decían “uy, no, eso es para caretas”. Hasta que dejó de ser para caretas y todo el mundo entró en la misma.

– Mavi: Con la prohibición de la música en inglés las compañías fichaban a bandas que quizás no hubiesen fichado. Y las bandas que estábamos destinadas al under pasamos a ser bandas mainstream. Y por eso pienso que hubo tanta riqueza en los 80. Los distintos estilos del rock y pop argentinos tienen la semilla naciente en ese momento. Vos ibas al boliche, al supermercado, y solo escuchabas rock argentino. Ibas a bailar y solo pasaban rock. Era maravilloso. Ahí empezó. El rock dio la vuelta como fenómeno cultural y fenómeno de masas. Todo tiene que ver y la estética tiene que ver con eso. Y nosotras somos medio las pioneras en eso de lookearse. Nos recontra criticaban porque era o tocás bien, o estás buena y te ponés ropa.

– Sinesi: Imaginate, hace más de treinta años que no existe el grupo y todavía sigo hablando porque la gente no me saca de ese lugar. Creo que a todas les pasa lo mismo. A María Gabriela hasta el último día le seguían haciendo notas hablando de eso, o de “la mujer y el rock”. Ella odiaba eso, que el único tema que haya para conversar sea el de la mujer. Vos vas a hacerle una nota a Fito y no le hablás de qué siente el hombre. No tiene nada que ver. Sos músico, listo.

Las declaraciones de María Gabriela Epumer fueron extraídas de las revistas Pelo, Cantarock y Billiken.

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