Coberturas

2 Minutos en Córdoba

Antes de su visita al NOA, la banda de Valentín Alsina se presentó en Refugio Guernica, en el marco de la gira Valentín Alzheimer.

Fotos de Eugenia Díaz 

La noche comenzó temprano, con varias bandas soporte que daban clima de festipunk a una noche veraniega que en pleno otoño amenzaba ser una de las más candentes de los últimos meses. Así pasaron Más Mentiras, Podría Ser Peor, Sin Sentido, y Fucking in the sidewalk.

Si bien la fecha tenía como excusa principal mostrar el más reciente disco de la banda, que da nombre a la gira, la lista de temas fue muy variada, y el repaso por los clásicos de los primeros discos estuvo muy presente. Fue un show sólido, con muy poca pausa entre temas, y un sonido ideal para disfrutar en plenitud la actualidad del grupo. Largaron con “Otra mujer”, y el pogo se desató ya desde un primer momento. La seguidilla tribunera para machacar sin parar fue compuesta por “Mala suerte”, “Lejos estoy” y “Canción de amor”.

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La temperatura dentro del local iba subiendo a medida que la noche avanzaba, y la sensación térmica indicaría unos 40° fácilmente. Los vasos plásticos tomaban direcciones múltiples en el aire, esparciendo una refrescante garúa de alguna bebida residual. El slam se comenzaba a cobrar sus primeras víctimas, que eran trasladadas hacia atrás como en un recambio programado. Es que entre tanta efervescencia, y pogo constante, algunos intentos fueron más que fallidos.

Sin embargo, desde el escenario la cosa parecía estar bastante más calma, y sobre todo si se compara con anteriores presentaciones (como aquella fecha tristemente célebre donde el baterista tuvo que ser reemplazado en el medio del set por un asistente del público que supiera medianamente tocar algo). El Mosca, en una de sus versiones más clean, se divertía paseando por el escenario, jugando con una máscara de Jason, y cediendo el micrófono ante quienes lograban franquear la zona patova. El inicio de la gira los encontró muy bien aceitados y sonando como el público espera.

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Promediando la noche hicieron un pequeño break de cinco minutos, donde el resto de la banda abandonó el escenario dejándolo a Walter solo, con una guitarra conectada y cantando un tema que repetiría como si estuviera en un ensayo público. No pareció dejarlo conforme, y volvieron a aparecer todos para “Ya no sos igual” y “Todo lo miro”. El local realmente estaba lleno por donde se lo mirara, y hasta la semi “platea” lateral, con vista privilegiada y sin el vapor del pogo, desbordaba. Siguieron “Falta” y “Borracho y agresivo”.

Un segundo break de quince minutos llevó a que musicalicen con Ramones, y la ansiedad baje en la banda en “la hora del copetín”, como ellos mismos definirían. La vuelta fue con “Piñas van, piñas vienen”, “Aeropuerto”, y “Como caramelo de limón”. La noche terminó a las 4 en punto, con una satisfacción tan generalizada que ya no quedaban fuerzas para encapricharse con más bises ni falsas promesas.

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