Coberturas

Baja la tensión

En San Lorenzo, municipio protegido contra lo “foráneo”, el festival Cultura ArteNativa dejó varios elementos para analizar y reflexionar.

Foto gentileza de Luciana Cassina.

Las redes sociales mostraban calentura el lunes. Y no era para menos: el público salteño vio parcialmente frustrada la oportunidad histórica de ver la que a criterio de muchos es la mejor banda de reggae de habla hispana: Cultura Profética.

Cultura Artenativa, el festival que daba marco a este show, se presentó como un espectáculo que buscaba “fomentar la cultura en los espacios verdes de nuestra ciudad”. Originalmente pensado para La Caldera, se desarrolló finalmente en San Lorenzo, y la grilla rompía bastante con los convencionalismos de un festival de rock.

Comidas vegetarianas, malabares con fuego, grupos de percusión, muchos artistas de hip hop (como el Pity P, de Embarcación, que rema desde hace tiempo en el género) y otros del área visual como Javier Cook, daban un marco de buena onda y de ganas de un domingo al aire libre, reposera, mates, y arte. Así, desde el mediodía del domingo desfiló una gran cantidad de artistas por el escenario sanlorenceño.

De todas maneras, y lamentablemente, la cancelación del show de Cultura Profética fue lo que ocupó la centralidad de las repercusiones. A muchas personas les importó poco el despliegue de artistas y la propuesta de algo distinto. Pero bandas como la boricua no es algo de todos los días.

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Iban doce temas. Tan sólo una hora veinte de show, cuando Willy Rodríguez, bajista y cantante, anunció que sorpresivamente debían concluir el show. Sonó “Baja la tensión” a mucho menos volumen de lo que venía siendo el recital y así, sin bises, nos quedamos con ganas de mucho más. Es que no es novedad que los shows de Cultura Profética son largos. Cuando pudimos estar en el Luna Park (2011) disfrutamos de un espectáculo de más de tres horas. Idéntica duración habían tenido los shows de Rosario y Buenos Aires que se realizaron antes de venir para Salta.

Consultado por Rock Salta, el productor Genaro Alfarano sostuvo que “sólo faltaron diez minutos” de show. “La presión vino del intendente, le pedí un tema más y tuvimos que cortar. De todas maneras, la banda llegó tarde, tenían el escenario libre a las 21.15 y arrancaron una hora después”, completó. Roger Ledesma, coordinador del grupo, esa misma noche, se disculpaba por no poder hacer la entrevista acordada, el clima de tensión en el camarín era evidente.

Palabras más, palabras menos, la tarea periodística se define por el rigor. Y en efecto, consultando en la fanpage del evento, cuando vemos la grilla armada por la producción, la misma estaba clara. De 21 a 21.30 tocaba La Wanaka Sound System. Y luego a las 22.15 estaba anunciada Cultura Profética. Así, es casi cierto que el escenario estaba libre a la hora que señalaba Alfarano. Consultado al respecto, la producción manifestó que los teloneros arrancaron antes para poder dejar el escenario listo con cierta antelación. Al parecer estaba claro que el show tenía que largar antes y terminar antes de las doce de la noche.

Sin embargo, la grilla a la que tuvimos acceso señalaba que a la 1.00 era el “Acto de cierre del espectáculo Cultura Artenativa”. Y sin acto de cierre, el espectáculo terminó a las 23.30. Entonces, Cultura Profética tocó aproximadamente una hora cuando estaba previsto, según la grilla, 2:45 horas de show. Y si el horario previsto de inicio y de finalización había cambiado en relación a la grilla que en algún momento se publicó, la gente no estuvo al tanto de ello.

Es importante apoyar la escena local. De hecho, parte del público sigue pensando que sus $200 de entrada sólo fueron para cubrir a Cultura Profética, cuando en realidad, pasaron bandas del norte y de Bolivia que también fueron parte digna del espectáculo. Pero a la hora del sentir, y con la frustración encima, la gente no considera todos los factores. Es más que lógico.

Sin embargo, es irresponsable omitir sobre aquellas cosas que hay que mejorar, porque si no, quemamos la plaza. Organizar este tipo de eventos es desgastante, y hay muchos factores en juego. De allí los respetos para aquellos (como el productor de este evento) que corren ese riesgo por el que a veces ganan lindos billetes, y otras veces los pierden. Pero un festival de tal envergadura no puede depender de que “un amigo” ponga las luces del auto para que la policía, una vez caída la noche, pueda hacer la requisa de rigor en la puerta, y para que los boleteros puedan vender las entradas y chequear las acreditaciones.

Esta productora, que supo regalarnos excelentes shows con el ciclo Saltá Reggae, esta vez no corrió con la fortuna de otras veces, pero tampoco es para voltear al árbol y hacer leña del mismo. Hay que saber balancear, y quizá eso se ve con el tiempo.

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Hay muchos factores que quedan en el aire, y que quizás deberían desarrollarse: la magra respuesta del público a la convocatoria, o el armado de una grilla que no le da el lugar merecido a unos de los mayores referentes del reggae en Argentina: La Yugular Reggae. En fin, esa hora que tuvimos de Cultura Profética va a ser inolvidable y vale más que los $200 que costaba la entrada, para ver un espectáculo con muchísimos artista en escena. Sin embargo, son emociones, y la gente se queda con un gusto amargo, y algunos puteando.

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