Coberturas

Ciro en el Micro Delmi

El ex líder piojoso trajo las canciones de su disco solista y desató una fiesta entre sus seguidores. RS estuvo ahí y te cuenta todos los detalles.

 

Todo volvió a empezar

Tras siete años de ausencia, Andrés Ciro Martínez volvió a nuestra provincia para presentar su primer trabajo solista. A lo largo de dos horas de show, entregó 22 canciones de todas las épocas de su carrera y confirmó su chapa de performer escénico número 1 del rock argentino.

Las luces del Micro Delmi se apagaron unos instantes antes de las diez de la noche, provocando el estallido de las mil quinientas personas que lo poblaron, dándole un marco aceptable, pero no repleto. “El viejo”, clásico carpeano versionado por Los Piojos en 2006 marcó el comienzo del show. Con la viola al hombro, Ciro comenzó liderando a Los Persas de una manera sobria, cantando con autoridad. Con “Antes y después”, el primer corte de Espejos, la comunión artista – público se terminó de consolidar. Especialmente durante el estribillo, escrito especialmente para celebrar el reencuentro con los seguidores piojosos.
 

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El Ciro que todos recordaban y esperaban asomó en “Ximenita”. La efímera y demoledora canción de Ay Ay Ay sacudió el estadio y sorprendió al público menos familiarizado con los temas que no sonaron en las radios. Durante esos dos minutos furiosos, Ciro continuó tocando la viola, pero comenzó a transmitir ese histrionismo único que lo convierte en el centro de atención inevitable y lo diferencia del resto de los cantantes argentinos (a excepción de Walas, claro).
Después de “Paso a paso” y “Todo pasa”, llegó una gran versión de “Pistolas”. A esa altura Ciro ya se había descolgado el instrumento y se paseaba por todo el escenario manejando totalmente el show. “Luz de marfil” y “Ruidos” fueron los temas siguientes.
 
“Salta la linda está muy linda”, fue la frase menos original que Ciro tiró desde el escenario. En cambio, lo que dijo después sí fue llamativo: una mini clase de historia sobre Güemes, los gauchos y los realistas fue el speech (“un poco demagogo”, según un tipo que sabe de la materia) que introdujo “Malambo para Luca”. Inmediatamente después de la oda al pelado, Ciro y Los Persas dejaron el escenario libre para un intermedio de diez minutos animado por Tierra Nuestra, que con sus bombos y actitud desafiante se asemejaban a los All Blacks en pleno Haka.
 

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“Pasamos de la tierra gaucha a Chicago”, anunció Ciro una vez que regresó al escenario. El look rockero casual que los músicos habían lucido en la primera parte del espectáculo le había dado paso a una vestimenta blusera clásica. Ciro se transformó en un BB King flaco (¿o no tan gordo?). “Blues del gato sarnoso” (un tema de la primera época piojosa que nunca llegó a grabarse en estudio pero sí fue editado en el compilado Madrugadas subterráneas) y “Blues de la ventana” fueron dos momentos altos del concierto, con Los Persas prendiéndose fuego y, tal cual lo aseguró el propio Ciro en la revista de Rock Salta; sin demostrar ningún “intelectualismo pelotudo”.
 
El clímax del show comenzó con la excelente versión de “Genius”, siguió con la coreadísima “Tan solo” y finalizó con “Servidor”, un tema que tiene destino de tercer corte de Espejos. Tras él, la banda abandonó nuevamente el escenario, esta vez “despidiéndose” por primera vez.
 
Luego de algunos minutos que sirvieron para que la banda se calce nuevamente la ropa original, llegó “Insisto”, que fue muy coreada, al igual que el resto de las canciones que trascendieron la escucha completa de sus respectivos álbumes y se ubicaron en los medios. “Pacífico” fue uno de los temas más festejados de la noche y quizás el mejor momento de Los Persas. La banda tuvo su máximo exponente en el batero Lulo Isod y en los violeros Juan Avalos y Juanjo Gaspari.
 

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“Banda de garage” y su riff extra virgen no despertaron mucho entusiasmo en una audiencia que estaba compuesta por mucho público novato. De lo contrario, no se explica que tras la segunda (y también falsa) despedida, muchos hayan decidido irse del estadio cuando aún faltaban “Chucu – chu”, “El balneario de los doctores crotos” (otro gran momento), “Noche de hoy” y “Trapos”, el track oculto de Espejos, que dio por terminada la jornada persa/piojosa.
 
En el final del concierto, mientras sonaba la canción que dice que hay que aguantar los trapos, Ciro repitió su hábito de nombrar cada una de las banderas que llevaron sus seguidores. Ese acto sagrado contribuyó mucho en la futbolización del rock, en ese protagonismo exagerado e innecesario del público que tomó por asalto al rock argentino de los últimos quince años y derivó en lo que ya sabemos todos. En su momento no lo percibimos, ya es hora de darnos cuenta.
 
Fotos gentileza de: Damián Stigliano y Fidel Puggioni.

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