Foto: Marcello Capotosti
Entrevistas

Gillespi, hombre orquesta

Una charla con el trompetista antes de su primer show online.

Este sábado 13 de junio a las 21.15 Gillespi presentará On Fire, su nuevo disco. El show será “desde casa” como manda la nueva normalidad. Las entradas a $400 se obtienen a través de Ticket Hoy. En esta entrevista de 2013, publicada en uno de los números de nuestra revista, el trompetista repasó parte de su carrera. Además, opinó sobre los caminos para desarrollar una vida sin frustraciones y sin necesidad de estar atento a los comentarios de los resentidos de siempre. Una charla que sigue vigente.

– La perfección es la virtud de lo mediocre. No tienen genialidad entonces tienen prolijidad. Yo vengo de la escuela más parecida a la del jazz, donde está la improvisación. La vida es variopinta. Así como los días tienen nombres distintos y las estaciones son cuatro, la vida no puede ser ocho horas todos los días estudiando piano.
– ¿Pero para la trompeta eso no es una necesidad?
– Tenés que estudiar un poco. ¿Necesidad para qué?
– Para ser bueno.
– Yo soy bueno y no tengo ninguna necesidad. ¿Qué es ser bueno? ¿Tocar rápido?
– No, que te salga lo que querés hacer.
– Yo toco mis temas, grabé seis discos, cada tanto me voy a buscar un Gardel. Cada tanto me doy gustos personales como tocar con (Javier) Malosetti, con Pedro Aznar. ¿Qué es ser bueno? El año pasado grabé un disco con Fred Wesley, trombonista groso. Lo tengo ahí, inédito, para ver si lo hago con la Sony o con quién. Y el tipo es el mejor: trombonista de la banda de James Brown, viste. ¿Qué es ser bueno? Pasa que está lleno de paquetes que lo único que hacen es estudiar y no tienen nada que decir. En la música, en los medios, en todos lados. Hay poca gente que tenga nombre y apellido, que tenga algo para dar. Mucho gil de internet. Lo ponés en un escenario y se cagan todos, se fruncen.
– Desde afuera, parecería que el jazz es un género de tipos que la descosen.
– No, Malosetti la descose. Siempre fue un virtuoso. (Adrián) Iaies no es un virtuoso, toca tres notas. ¿Cuál es el criterio? Pasa que tenés que tener algo para decir. El problema en la música es ser alguien. Te vas a encontrar con un montón de gente, en Salta, en todos lados, que hablan mucho y no son nadie. Hacen demos, regalan discos. Nada. Para ser alguien tenés que tener algo vos, una forma de expresarte, una forma de proceder, una honestidad en lo que hacés, tener una voz personal con tu instrumento, reconocible.
– ¿Pensás que vos lo tenés? ¿Qué es lo que te destaca?
– Yo creo que tengo eso. Yo grabé como treinta o cuarenta discos de rock. Y cuando me convocaban me decían “a vos te llamamos porque te gusta el rock, te gusta lo que hacemos”. Y yo trataba de hacer lo mejor posible en eso. Y si no decime otro trompetista de rock. Porque está muy bien lo que hace Hubo Lobo en Dancing Mood, a mí me encanta, lo conozco, es un capo. Pero, viste, yo tocaba con Divididos, con un volumen descomunal. Contaban cuatro y no quedaba nada. Si no pelabas te tenías que bajar del escenario. Son tres monos descosiéndola. El secreto es formarte vos como persona. Formar tu herramienta, que es toda tu integridad. Tu corazón, tu cabeza, tu cerebro, tu sensibilidad.
– Sí, eso viene con muchos años.
– Claro, y después, el tema del estudio. Bueno, lo que vos decías está muy bien. Si vos podés tocar lo que querés, está bien. Si no, más es hablar boludeces. Si vos podés tocar lo que querés, listo. Es lo mismo que si vos podés cogerte la mina que te gusta, ¿para qué querés otra?
– También es conocer tus propias limitaciones.
– Sí, yo las conozco.

– ¿Qué no te animás a hacer o ya intentaste y te diste cuenta de que no es lo tuyo?
– Cosas tipo salsa. Pero no me gustan, además. Me parece una música de barco, de crucero del amor. No me sale lo que no me gusta. Pasa que confunde, la trompeta. No se toman en cuenta las posibilidades estéticas de la trompeta. El arte es estética también. A mí vienen y me preguntan “¿y Arturo Sandoval?”. Arturo Sandoval es un músico cubano que toca salsa. Trompetistas de cualquier estilo. Es lo mismo que estar con el Flaco Spinetta y decirle “vos no cantás como Pavarotti”. No, loco, canto como Spinetta. Hago mis canciones, no tengo que cantar “Las bodas de Fígaro”. Pero vienen y me hacen preguntas trompetísticas a ese nivel. Como que vos sos trompetista y tenés que tocar cualquier poronga musical. Yo no lo hice, siempre hice jazz y rock. Una sola vez toqué con Ana Belén, pero no es lo mío. No soy un trompetista así, que los hay y son muy buenos, pero no tienen temas propios, no tienen un proyecto. ¿Me explico? Yo soy más spinetteano que pavarottiano. Pavarotti tampoco componía. Yo soy como un cantautor, toco con mi banda mis cosas. Cuando me invita una banda voy, pero mi repertorio es mis canciones. Ese es el asunto mío.
– Esto de las preguntas que te hacen está relacionado con la falta de difusión del género. No pasan jazz en la radio o en la tele.
– No, porque son cosas instrumentales. Como no es difundida la música clásica, los grandes géneros. Lalo Schifrin es un músico increíble y tiene unos discos bárbaros, yo tengo varios de ellos, y no suena en ningún lado, salvo la música de Misión Imposible. Qué sé yo, (señala a la pared) ahí tenés un cuadro de Astor Piazzolla escrito en japonés. Astor tampoco suena.
– Se lee y se escribe del tema más que lo que se escucha.
– Claro, no hay un apoyo real. A la gente la han deformado. Mucha culpa la tienen los medios en su carácter de tipos que son difusores de la música. Si vos difundís todo el día, no sé, reggaetón, a la gente finalmente le va a gustar el reggaetón. A mucha, no sé si a toda, pero a mucha. Solamente por familiaridad. Escuchaste la melodía, a la tercera vez la tarareás y después te bajás el disco. Nosotros no contamos con esa suerte.

Foto: Marcello Capotosti.

– De hecho, tus discos están descatalogados.
– Sí, lo último que hice fue un compilado. Lo que pasa es que siempre los saqué yo. Entonces yo sacaba este disco, el disco 1, lo vendía y grababa el 2. Esa era mi forma. No volvía a fabricar el 1. Iba financiando lo próximo con lo anterior. Cuando entro en Sony, en 2007, hago un arreglo por diez años y ahí ellos me compraron el catálogo anterior. Y ahí, en lugar de reeditar los cuatro discos, hicimos uno donde metí tres o cuatro temas de cada uno. Hice un pequeño laburito: a algunos los remastericé con Gustavo Gauvry. Pero bueno, así estamos.
– Esa vinculación con el rock te benefició muchísimo. Tuviste mucha difusión y al mismo tiempo no es que sólo sos un invitado del género, en tu música también está.
– Los del jazz me ven como muy rockero y los del rock me ven como muy jazzero. Me pasan esas dos cosas.
– ¿Eso no provoca cierto rechazo del purista del jazz, que dice “no, Gillespi sale en la tele y por eso mete 600 personas”?
– Qué sé yo, la verdad es que si hay 600 que vienen por la tele está todo bien. No puedo ponerme en la puerta del teatro a preguntar “¿vos venís por la tele? No entrás”. Son posturas caprichosas de gente envidiosa. El año que viene cumplo treinta años con la música. Tengo una lista de cien bandas con las que toqué. Ponerme a pensar en eso, en esas personas. Va a llegar un momento en que voy a estar con el bastón de PAMI y (pone voz de anciano indignado) “porque la gente que te iba a ver a vos era de la radio” (risas). ¿Es necesario eso? Te puedo pasar el link de una carta que escribió Astor Piazzolla donde decía que no era tango. Por gente como ésta que vos me mencionás. Es gente que no ha querido a nadie, boludo, no han querido a nadie. Por eso nos va como nos va. Spinetta, el último año de Luis Alberto, yo estuve con él, enfermo. El Flaco tenía un puñal clavado aparte de una enfermedad. Luis Alberto fue el gran genio de la música. El único día que sonaron sus temas fue cuando se murió. Hoy no lo pasa nadie, yo lo paso todos los días en mi programa. Hay una gran hipocresía y la gente es muy mala, muy dañina. No es que a Maradona lo destruyen, no hay un puto ídolo de nada. Desde San Martín en adelante, todos tuvieron que ir al exterior. Borges en Ginebra, el otro en la pobreza. Todo así. “No, porque a Borges lo leen los que lo siguen en la tele”, “el otro qué va a ser bueno, si vive a la vuelta de mi casa”.
– Ahora supuestamente está instalado, en ciertos círculos elitistas hipsters de la literatura, hablar mal de Cortázar, por ejemplo.
– Lo que pasa es que hablar mal es más fácil que hacer algo. Un tipo hizo esa pared, la pintó. Yo puedo decir “está fea, muy oscura”, ¿pero qué trabajo hice yo? El que tiene mérito es el que lo hizo. Esto es destrucción pura, hablar por hablar.
– Por eso siempre es mejor una banda horrible con temas propios que una de covers buenísimos.
– Si vos hacés covers o grandes éxitos es lo mismo que decir “voy a salir con cuatro minas pero ya tienen que estar en corpiño y bombacha”. Qué vivo que sos. Claro, agarrás un tema de Lennon y McCartney. Mirá qué lindo repertorio que tenés, los mejores temas del mundo. Lo otro es el asunto. Cuando cantás covers, cantás cosas que escribió otro en otra circunstancia, otra realidad, otro país. Lo que pasa es que, claro, contás con la ventaja de que la gente lo escuchó 200 veces por la radio y la promoción la hizo otro. Con tus temas tenés que remarla desde cero.
– Eso tiene que ver con el rechazo que la gente le tiene a lo desconocido. “Esto no es lo que yo conozco, no sé si me gusta.”
– Sí, tal cual. Cuando yo tenía veinte años y me di cuenta de cómo era la idiosincrasia argentina, en virtud de mi amistad con otros músicos que estaban en el mismo palo, decidí no vivir de la música, económicamente.
– ¿Es algo que mantenés hasta hoy?
– Hasta hoy.
– Igual, hoy para vos la situación debe ser distinta a la de esa época.
– Puedo vivir tranquilamente, tengo momentos muy buenos, pero es un extra en mi vida. Porque sostener esa situación, a veces con la corriente en contra, iba a ser una concesión que no quería ceder. Hay dos posturas posibles: una es trabajar de otra cosa y que la música sea un momento de disfrute, de expresión de tu personalidad. Y hay otra que es trabajar con la música. Conozco muchos colegas que son muy buenos, que trabajan de músicos en restoranes, en boliches, tocando en bailantas y después tienen proyectos súper serios: el quinteto de la pindonga, viste. En mi caso resultaba más saludable laburar de otra cosa y tocar mí música.
– ¿Por qué? ¿Es desgastante?
– Porque vos vas a tocar con una banda horrible que le está quemando la cabeza a la gente y sos cómplice de esa banda delictiva, de chorros, o de gente de la que ideológicamente vos estás en contra. Inventos de las discográficas, que salieron de un concurso de televisión. Y vos estás ahí, apañando, poniendo tu talento para que esa porquería venda mucho y suene bien. Yo prefiero sacar fotocopias en un kiosco, tener la cabeza limpia y tocar lo mío. La música es muy inestable, entonces yo desarrollé una profesión en radio, en televisión esporádicamente. Me he acostumbrado a laburar diariamente en radio desde el 92. Programas diarios, ir todos los días con algo, columnista, conductor. Se fue dando. Pero asegurándome una guita, para no cargarle a la música esa responsabilidad, que me banque la nafta del auto, la casa, los nenes.
– Eso te da la libertad para hacer lo que se te canta.
– Eso es lo que yo pienso. Hay músicos que pasan un año sin ganar un mango, está la familia como el orto, los nenes tienen la ropa agujereada. Y llegan a un nivel de que toda la familia está bancando al artista, a ver cuándo pega un laburo, cuándo lo van a comprender. El chabón, viste, “no, no, esperen que ahora me va a salir un tema”. Yo a eso no me lo banco mucho. Tengo otra formación, mis viejos laburaron, entonces yo encontré mi fórmula y, humildemente, me va bien.
– Pero te rompiste el culo.
– Me rompí el culo y fui perseverante. No es poca cosa eso. Hay tipos muy geniales pero son inestables. Es una característica y una virtud seguir machacando con esto, con lo otro. Porque cuando empiezan a pasar los años, el mundo empieza a conspirar a tu favor. Si vos hacés tus cosas hoy, mañana, el año que viene, algún día, el mundo se acomoda. En un momento la sortija de la calesita te tocó a vos, que seguiste. Eso es una cosa que siempre digo, cuando me preguntan, en cuanto a la vocación. Si tenés un sueño, lo peor que hay es postergarlo. Porque hay muchas posibilidades de que no lo puedas retomar nunca más, por cómo es la vida. Pienso en muchos músicos de mi generación que arrancamos juntos y que muy pocos seguimos. Ahora uno es cajero de un banco, otro es no sé qué. No han tocado más, han perdido el estímulo. Tenés que encontrar la forma de hacer todo.
– Es mejor ser un fracasado que un frustrado.
– Claro, ni hablar. Porque el frustrado es como una gotera, le ponés La Gotita y sale por otro lado. El frustrado destila la frustración de un tiempo toda la vida. Tiene una postura negativa. En la vida o sos feliz o no sos feliz. El frustrado no es feliz. “Mirá, toqué cuatro notas”. “Te faltan ocho”, te dice (risas). No, toqué cuatro, ¿por qué vivís con lo que no tenés?

– ¿Qué tienen los vientos de particular en relación a los demás instrumentos?
– La trompeta tiene mucha fuerza y mucho volumen. Es un instrumento que apunta así (señala para adelante), no como el saxo, que va para arriba. Yo apunto y es como un rayo. Se propaga mucho. Por eso en las orquestas van atrás. El trombón tiene otras características, tiene un sonido más ronco, más nasal. Hay otros que no se usan mucho en la música popular, como la tuba. Trompeta, trombón y saxo se ven más. Los saxos no tienen tanto volumen, tanta fuerza.
– En los 80 y 90 el saxo se propagó en el rock argentino. Como un tipo de vientos que sos, ¿te parece que estuvo bien o fue un exceso? Hay gente que lo odia y dice que le hizo muy mal el saxo al rock.
– A veces nos reímos con Willy Crook, porque lo conozco de aquella época, de Los Redondos, y a él le parecía un exceso que en todos los temas hubiera saxo. La sonoridad es tan particular: por momentos es edulcorada, melosa. Y en aquellos años estaba Dani Melingo en Los Abuelos, estaba Roberto Pettinato en Sumo; estaba Willy, estaba Emilio Villanueva en Memphis, Melingo también hacía algo con Los Twist; pero trompetistas no había. Yo aprendí a tocar mucho rock. En el instrumento de viento, este tipo de rock, fuerte, visceral, te implica tocar cosas contundentes, claras. La sutileza se pierde. Cuando te tocan solos tienen que ser muy claros. Aprendí a tocar de esa forma. En Las Pelotas hay algunas melodías que quedaron ahí, en la memoria colectiva: “Si supieras”, cosas así.
– Esa manera de tocar que aprendiste con el rock, supongo que las aplicás en tus discos.
– Sí, es mi ADN. Nuestros shows en vivo tienen momentos de intensidad a lo Divididos. Se genera una efervescencia en el grupo y hacemos rock and roll. Instrumental, ¿no? Como si fuera Riff pero en la parte de los solos (risas).

Entrevista publicada en el número 16 de la revista Rock Salta, de agosto/septiembre de 2013.

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