Entrevistas

Ataca de nuevo

Antes del regreso de Los Fabulosos Cadillacs a los escenarios argentinos, este sábado 21 de septiembre, compartimos la entrevista con Sergio Rotman publicada en el número 16 de nuestra revista.

Foto de Victoria Schwindt

Madrugada de invierno en la ciudad de Quilmes: el Club Tucumán está repleto con doscientas personas que ya sintieron las piñas de El Perrodiablo y Fútbol, dos de las mejores bandas emergentes del nuevo rock argentino. Entre calor, humedad y precios considerablemente más bajos que en Capital Federal, los minutos pasan hasta que por una pequeña escalera descienden los cinco protagonistas principales de la noche. El Siempreterno está por dar unos de sus escasos shows anuales, sin probar sonido. Ariel Minimal se cuelga la guitarra, vestido con una remera de Crosby Stills & Nash, semioculto con una gorra de Off!, el grupo hardcore del ex cantante de Black Flag. Fernando Ricciardi se sienta y comienza a acompañar levemente con su batería a Minimal y al bajista ÁlvaroRusoSánchez. Mientras tanto, en el medio del escenario, una afiebrada Mimi Maura dosifica sus energías para poder cantar esta noche y volver a hacerlo mañana en Niceto. El que no dosifica un carajo es Sergio Rotman, que está eufórico. Arenga, pregunta qué tal, saluda y presenta al grupo. Inmediatamente comienza una hora de lo más parecido a una noche under ochentosa de rock furioso. Todo lo que leíste en los libros y revistas, todo lo que escuchaste en entrevistas y viste en documentales se siente en Quilmes. Acá hay una escuela prolongada de punk, post punk, Luca Prodan, Cemento, Morrissey, Velvet Underground, el Café Einstein, Todos Tus Muertos, Bowie, Massacre y varios más. El Siempreterno es el hijo directo de Cienfuegos, la banda de culto que en los noventa supo canalizar la angustia y la bronca que Rotman no podía plasmar en su papel de saxofonista de Los Fabulosos Cadillacs. Verlos en vivo es inolvidable porque se notan esas influencias, se percibe el background sonoro pegándote en el pecho, te recuerda en zumbidos matinales posteriores que no te vas a librar tan fácil de su impronta. Presenciar cómo Rotman le grita al micrófono, inclinado contra los bordes de un escenario que es invadido todo el tiempo por dos, tres, cuatro pibes eufóricos y sacados, es una de las mayores experiencias que se pueden vivir en el rock argentino actual. No importa si suena mal, importa que “Moonage Daydream” se convierta en una reactualización de Roberto Quenedi, con palabras como “amanaligueitor”. Después de una hora de Siempreterno no vas a poder ir a ver más bandas punks under. No les vas a creer a ninguna. Como Pappo, los vas a mandar a buscarse un trabajo honesto.

Pasaron dos semanas desde ese concierto en Quilmes y ahora Rotman da vueltas con su auto por Vicente López. Cambió el sur por zona norte. Acaba de salir del ensayo con Los Cadillacs, que realizarán un concierto gratuito el 21 de septiembre en Buenos Aires. Será el primer recital en un escenario argentino después de casi tres años. El último fue en el Delmi salteño, en noviembre de 2009. “Los Cadillacs no están terminados. Si bien ahora estamos viviendo un poco de la leyenda, ojo con esa banda, mucho cuidado”, dice. Habla con un orgullo gigantesco del grupo. A pesar de sus proyectos individuales y los que comparte con Mimi, su esposa, Los Fabulosos están por encima de todo.

“Los Cadillacs es lo mejor que me pasó en la vida. Y no tiene que ver con el éxito, tiene que ver con que yo pude irme y volver en paz, en dignidad. Es un grupo que puede tener discos buenos o malos, pero es digno”, opina. En 1997, después de haber grabado Fabulosos Calavera, quizás el punto más alto de la carrera cadillac, Rotman se alejó de sus compañeros. “Yo tenía que irme, porque la situación interna no era muy agradable para mí y porque tenía que hacer mis proyectos y mi música. Vos tenés que irte de un grupo cuando le va bien, no cuando le va mal. Porque si no, no tenés muy claro lo que querés hacer”, recuerda. Rotman volvió en 2008, cuando se anunció el regreso de Los Fabulosos después de seis años de parate. Antes había participado en la efímera reunión para grabar una canción en el disco homenaje a Andrés Calamaro. Volvió a su lugar habitual de cabeza importante de la banda, junto a Vicentico y Flavio Cianciarulo. Pero en su momento, eligió irse. “Yo me quería matar cuando no hice la gira con Fishbone por Estados Unidos”, dice, rememorando los años en los que LFC era un fenómeno abanderado del rock latino, un concepto, a esta altura, muy noventoso. “Eso lo sacrifiqué y me fui a empezar de cero, de vuelta.”

El Siempreterno comenzó en 2010 y ya tiene dos discos editados de manera independiente. El grupo respeta los orígenes de Rotman y de Cienfuegos, es una continuación lógica de aquella banda, que en su momento tuvo poca repercusión y hoy tiene un status de culto. “Cienfuegos sufrió mucho el dogma ése que cuando algo puede salir mal, sale mal. Si algo podía suceder, siempre sucedía lo malo. Lo bueno pocas veces sucedía. Yo no tengo mucha dimensión de cuánto creció. Lo que pasa es que vivimos una época de revalorización de lo que no está, porque lo que está no es muy bueno. Ése es el problema, en realidad: los grupos que están son una poronga. Hay pocos grupos nuevos que hayan surgido del 2000 para acá que sean buenos. Los grupos buenos que siguen siendo considerados nuevos son los grupos de los noventa. Entonces creo que pasa por ahí la cosa.”

Esa capacidad de revivir épocas míticas del rock argentino que tiene El Siempreterno se nota también en bandas como Massacre, ambos marcados por el punk y la escena que renegaba de los sinfónicos fines de los setenta. “Sobre el escenario, de cinco, tres pertenecemos a esa escuela: Fernando, Ariel y yo. Somos de la época donde ser rockero no estaba bien visto –reconoce Rotman. Entonces creo que eso provocó una especie de resentimiento. No tenemos ese amor por el rocanrol que se tiene ahora, porque a nosotros nunca nos trataron bien. Nos va bien, pero nunca nos olvidamos de lo mal que nos trataron cuando empezamos. Tenías que ser un cojonudo para salir en esa época. Yo salí en el 81, 82. Ariel en el 85, 86, que no era mucho mejor. La cosa cambió radicalmente recién a fines de los noventa. Antes había razias, la policía tenía un poder muy grande y había muchos factores represivos en la sociedad. Era otro mundo. Gente resentida era lo que viste en el escenario de Quilmes.”

– ¿Esa bronca, esa energía, responde a ese resentimiento, treinta años después?
– Sí, sí. No olvido, no perdono. Fue horrible y no me lo voy a olvidar nunca y cada vez que me subo al escenario es con un sentimiento de venganza. Cuanta más gente, más odio. Disfrutar se disfruta. Pero es muy distinto si tocaste en Todos Tus Muertos que si tocaste en No Te Va Gustar.

En El Siempreterno (2010) y en Hacia el mar de carbón (2012), los dos discos que editó el grupo, se destacan las letras de Rotman. Oscuras, sin una mínima posibilidad de esperanza en la vida. “Esta raza nunca sintió amor”, canta en “Bajo este sol”. Es rock urgente, angustiado y desesperanzado. Es un detalle que siempre le remarcan y el, dice, se siente sorprendido por eso. “Me da la sensación que yo veo un mundo y el resto de la gente ve otro. La raza nunca sintió amor, ¿dónde está el amor? Si todavía matan niños en Palestina. Abren una ventana y ven un mundo diferente al que yo veo. Debe haber poca gente en el mundo que le va tan bien como a mí. Puedo tocar con mi esposa, vivo donde quiero, hago lo que quiero y todas las mañanas puedo decidir qué hacer con mi vida. Músicos que son más exitosos tienen más compromisos. Vicentico, por ejemplo, mañana tiene que irse a México un día y volver. Y vos decís ‘uy, qué copado, en primera’. Sí, andá vos. Como es un cantante mucho más famoso que yo, tiene otras responsabilidades. Yo ni siquiera tengo eso, sólo tengo lo bueno de esta actividad. Pero eso no tiene nada que ver. Realmente estamos muy, muy mal. Las cosas están muy mal. El mundo estaba mucho mejor hace cuarenta años. Ahora, habiendo internet, te podés enterar de muchas cosas, pero la gente sigue usando internet para hacerse la paja y putear a otro. La raza humana es una vergüenza, lo único que puede hacer y que será aplaudido por los ángeles es desaparecer y no dejar rastro de su existencia. No hay nada bueno en ningún país del mundo. Yo no puedo entender que se sorprendan. ‘Qué tipo oscuro que sos, Rotman’. La vida es oscura, yo no soy oscuro. El mundo es espantoso, todo es horrible (se ríe). ¿O no? Creo que es muy necesario hablar de la mierda que nos rodea. Siempre lo fue, es lo único que aprendí del punk rock.”

“Ahora el rock es comercial, claramente”, opina Rotman. Dice que el género está metido en el sistema y es vendido a niños de doce años. “Entonces pegan estas bandas poronga, porque son para ese público. También pasa con Justin Bieber. Llenás un espacio para vender. Ya no tenés que lograr ese espacio, el espacio ya está. Hay que ver quién se pone en ese lugar. Puede ser La Vela Puerca, puede ser Los Piojos. Cuando nosotros tocábamos o empezábamos, no existía ese espacio. Había que ganarlo. Eso funcionaba como filtro para un montón de bandas que ni en pedo se hubieran tomado el trabajo de soportar lo que había que soportar para llegar a ese lugar. El problema es que al estar el lugar, ya sea Pop Art, la Rock & Pop, lo que sea; no hay trabajo. Es solamente estar en el lugar correcto en el momento correcto. Tocar uno o dos años y más o menos meterse y ya está, porque el lugar ya está comercialmente montado. Una cantidad de gente va a gastar cierta plata para ver cierta banda. Esa banda puede ser Las Pastillas del Abuelo o puede ser La Vela Puerca. Nunca podría haber sido Todos Tus Muertos, nunca podrían haber sido Los Fabulosos Cadillacs. Porque no existía ese espacio, había que ganárselo. Pero qué pasa: una vez que lo ganabas, que entrabas ahí, eras dios del Olimpo. ¿Cómo se llama el bajista de NTVG? Nadie sabe. ¿Cómo se llama el saxofonista? Nadie sabe, son chaboncitos divinos, re copados, pero son intercambiables. No importa, vos llenás un espacio. Entonces no hay que trabajar nada.”

Rotman aclara que no tiene nada en contra de bandas como NTVG o La Vela Puerca, dice que sólo las pone como ejemplo, que son buenas, pero que están dentro de la domesticación del rock. “Son grupos buenos, pero el lugar que ocupan está mascoteado. Son mascotas de la sociedad. Ya está, la sociedad aceptó, formateó y facturás. Ya está, no hay peligro. El rock es otra cosa, es problemas, es la policía tirando gases. Ahora tu mamá te dice ‘comprate una guitarra eléctrica’. Ese es el gran cambio. El músico no estaba considerado dentro de las posibilidades de tu porvenir. Ahora sos la realeza. Cuando salgo de gira con Los Cadillacs somos la realeza. No pasamos por migraciones, nos hacen una fila aparte para que no tengamos que esperar. Antes, en los ochenta, nos revisaban hasta el culo, y si te encontraban una semilla de faso ibas en cana. Ahora dicen ‘no, se droga porque es rockero’ (risas).”

“En el 99 me metieron en cana en la última razia que se hizo en la Argentina”, recuerda, y sigue: “Era un recital de Cienfuegos, viste. Si algo puede salir mal… Ese día encontraron un poco de falopa en un lugar y yo estaba cerca. El mundo cambió mucho en los últimos trece años. Después de Cromañón muchas cosas fueron para mal y otras para bien. Que el rock esté tan estudiado hizo que los pibes quisieran ser rockeros. La prensa, mala o buena, siempre sirve. Para mí, Capusotto es la muestra de lo hecho mierda que está el rock. Diego es un genio, pero que un tipo pueda parodiar algo y que la gente se ría significa que ese algo es muy importante. Porque el programa de Capusotto, hace quince años, no hubiese hecho reír a nadie. El rock ahora es paródico porque está tan domesticado y por eso una banda común puede pegar sin necesidad de ser talentosa, ni nada. Con sólo ocupar ese espacio.”

“Hay dos cosas que han cambiado”, dice Rotman antes de empezar a marcar las diferencias que encuentra entre este momento del rock y el de décadas pasadas. “Antes, ser una estrella de rock no era algo aspirable. Ahora sí. La gente dice ‘eh, pero no pego nada porque las bandas de arriba no me dejan crecer’. No, lo que pasa es que vos querés tener la cuenta de banco y querés que vengan las chicas a chuparte la pija sin parar porque sos un loser absoluto. Esa es la verdad por la que quieren pegar. No por llevar su mensaje. El rock no es copado, tiene que producir dolor y odio. Y si querés llamar la atención, hacé lo que hacía Iggy Pop: cortate con una botella y vas a ver cómo salís en la tapa de los diarios. Pero con tu musiquita de cuatro acordes, por más que seas un genio, no vas a llegar a nadie. Porque hay un millón de bandas haciendo cuatro acordes. Y si tu bandita lleva ocho meses y todavía no pudo salir de la habitación es culpa tuya. Hoy en día tenés todos los canales, hay lugares, tu mamá quiere que seas rockero, las chicas tienen la boca abierta lista para que hagas lo que tengas que hacer. ¿Qué se quejan ahora? Cuando Los Cadillacs tocaron en Estados Unidos, la banda anterior cantaba ‘ahí viene la plaga’. Entonces no hablemos de que hoy ‘no, lo que pasa es que yo no tengo posibilidades’. Flaco, andá, ponete un maxikiosco. No servís. Si tenés una banda buena no te quejás, cerrás la boca y vas para adelante. Ahora tenés todos los medios. El problema, es que ahora tenés que ser bueno. Cuando empezamos con Los Cadillacs estaban Virus, Sumo, Soda, Los Twist y el under éramos Casanovas, Sobrecarga, Nylon, Cadillacs y por eso triunfabas, pero había que bancársela. Porque la patrulla te esperaba en todos los shows. Por un lado era bueno, porque había poca competencia, pero te esperaba la patrulla. Muchos quedaron en el camino porque había que bancársela. La gente te puteaba por la calle. Ahora dicen ‘uy, mirá, él es emo’. Entonces no me hablen más de las bandas nuevas. Las bandas nuevas tienen que tocar hasta que peguen. Y si no pegan es porque no eran lo suficientemente buenas. Pasa que es cruel aceptar que tu banda no es lo suficientemente buena para tocar antes de Pez.”

– Está bien, pero Pez tiene veinte años.
– Sí, pero ¿cuánto se fajó esa gente? No hay bandas que merezcan estar más arriba de donde están. Utopians es una banda que tocaba en el under y la firmaron. Es un caso. A El Siempreterno no la firman, pero llenamos los Nicetos, que es mejor, porque ese éxito es propio.
– Y ustedes tienen otro bagaje, también.
– Sí, bueno, pero cuando empecé a tocar con Mimi Maura acabábamos de ganar el Grammy con Los Cadillacs y no venía nadie.
– No, claro, pero ahora estás vos, Mimi y Minimal, que influye mucho.
– Sí, muchísimo. Más que Mimi y yo. Pero no es eso, porque si la banda era una mierda igualmente, ¿entendés? Entonces, es lo mismo: las bandas nuevas tienen que fajarse. No es para pasarlo por alto, porque veo muchas bandas así. “Pará de llorar, si tocás todos los fines de semana”, “y, pero no viene mucha gente”. No viene mucha gente porque es una poronga. O tenés que esperar, porque la gente no está pendiente. Hay millones de bandas, ¿por qué vas a pretender que escuchen la tuya?
– Sí, es la constancia lo que hace lo que salgan las cosas. Hay un montón de bandas nuevas que tienen fotografías excelentes pero suenan horribles porque no laburan mucho.
– Sí, completamente de acuerdo.
– Pero también hay cierta negación de un montón de sectores: “no, el rock de ahora no sirve”.
– Pero es tiempo. Cuando vos te cansaste te faltan diez años. Cuando estás harto, te faltan diez años. Si vos partís de ese concepto, vas a seguir. “No doy más, no doy más, ¿cuánto falta?”. Diez años. No uno, ni cinco: diez. Y si no estás dispuesto, siempre hay un local vacío donde podés poner un maxikiosco. Siempre hay gente ávida de alfajores. No todos tienen que ser rockeros, por ahí tu destino no es ése. ¿Por qué todo el mundo quiere pegar? Yo no entiendo. No hay espacio para todos, no hay público infinito. ¿Por qué tienen que pegar todas las bandas? “No, porque no sabés, me vengo rompiendo el culo”. Y bueno, ¿alguien te lo pidió? ¿Bajó gente a decirte “che, hacé una banda”? No. El escenario termina en el borde del escenario. No podés ponerte a pensar porque no te compete, el éxito no te compete, vos no hacés nada para tener éxito.
– ¿Cuándo te diste cuenta de que cuando te hartás te faltan diez años?
– Cuando empecé con Mimi Maura. Dije “olvidate, tengo la mejor cantante del mundo, vengo de Los Cadillacs”, tocaba todos los jueves gratis en El Dorado y no iba nadie. Gratis, no iba nadie. Toqué dos veces y dije “pero es gratis, jueves”. Pero la gente tiene otras cosas que hacer, ¿por qué iban a ir? Entonces reservé todos los jueves del año. En vez de irme a llorar a mi casa y poner un parripollo, tocamos todos los jueves. No vino nunca nadie, ningún jueves, pero nosotros nos convertimos en una banda y Mimi aprendió a cantar. Eso fue en el 99. En el 2002 ganamos el Gardel.
– ¿Y qué te hizo aguantar?
– El odio y… (piensa).
– El “no me van a pasar por encima”.
– Claro, fajarme. “¿Ah sí? ¿No van a venir? Vas a ver que van a venir”. Ahora, tienen que pasar ciertas cosas: tenés que sentir que lo que hacés está bueno. El otro día fui a un bar, había una banda tocando. Y el flaco viene, me regala el disco y me dice “perdoná, lo que pasa es que el batero se tomó cuatro Tamilan y no podía ni tocar”. No puede tomar Tamilan el batero. No toques ese día. No va a venir John Lennon de la tumba a decir “uy, no tocó la banda, me vuelvo a la tumba”. Lo que es injusto es que Javier Martínez, que Edelmiro (Molinari) no tengan donde tocar. Hay muchas peores cosas. Hay millones de bandas nuevas, ¿para qué querés bandas nuevas? Se necesitan más médicos, no seas rockero (se ríe con maldad). Pero perdón, sin quedar como un hijo de puta, ¿se entiende cómo te lo estoy diciendo?
– Se entiende, se entiende. Creo que las bandas no estarían de acuerdo.
– Bueno, pero porque también es lo que te digo. “¿Cuánto hace que tocás?”, “No, pero llevamos como nueve meses…”. ¿Nueve meses, flaco? Decime que llevás nueve años (pausa) y te digo “che, no debés ser muy bueno” (carcajadas). Una vez leí que para que una canción llegue a un porcentaje de gente que sea significativa tienen que pasar tres años desde que se compuso. Por eso digo (pone voz de estar llorando) “che, yo vengo tocando hace nueve meses y no me va a ver nadie y las bandas de arriba no dejan crecer a las nuevas generaciones” ¿Qué nueva generación, flaco? Hay bandas buenísimas pero todavía no pueden subir a Niceto, tienen que tocar tres años más en otro lado. Como un chico de nueve años no maneja un auto. Tenés que fajarte con tu banda. No quiero quedar como el ortiva, sino que el mensaje que quiero dar es ése: cuando creés que estás cansado, cuando no soportás más al bajista y vas a cagar a trompadas a la novia del batero, te faltan diez años… y tres sobredosis.

*Entrevista publicada en la revista Rock Salta N°16 (agosto-septiembre de 2013)

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