Libros

Esto es una escena, de varios autores

El libro analiza a bandas cordobesas que renovaron el sonido de la provincia en los últimos años.

Esto es una escena: discos cordobeses emergentes y diferentes formas de escribir sobre música, apareció a mediados de 2016. Fue publicado por El servicio postal. Se trata de un compilado de unos veinte textos escritos por varios autores donde se refleja la (por entonces) nueva movida rock pop cordobesa. Hoy, cinco años después, el libro se puede ver como una lectura precisa y correcta de una camada que no sólo se mantuvo sino que evolucionó y en varios casos trascendió los límites de su provincia.

El libro fue compilado y coordinado por el periodista, productor y músico Juan Manuel Pairone, que convocó a 18 autores que se dedican a escuchar, ver y analizar diferentes trabajos de una de las escenas más interesantes de los últimos años en el país.

Tomates Asesinos, Hijo de la Tormenta, Francisca y Los Exploradores, Toch, Hipnótica y otros artistas aparecen en este libro de unas 240 páginas que pueden contradecir los típicos comentarios que se hacen cuando se habla de las escenas de las provincias o las ciudades que no son de la zona de Buenos Aires o La Plata. Esos chistes medio en broma, medio en serio, como el que apareció el año pasado al principio de la pandemia en forma de meme y que decía: “Gobierno contrata bandas locales de música original para evitar que se junte la gente en espacios públicos”. ¿Esto se refleja en Córdoba? Leyendo este libro la respuesta parecería ser que no.

Por estos lados, en Salta, Corrientes, La Rioja, Tucumán o en casi todas las ciudades grandes o chicas, con o sin historia, no hay una red que sostenga a los artistas que hacen algo que se corre de lo que se supone que suena en ese lugar. Es más probable que suceda la máxima que dice que una banda local no suele durar más de cinco años. Esto es una escena parece reflejar que en Córdoba se vive otra realidad. De algo de eso hablamos con Pairone en la siguiente entrevista.

– Pasaron 5 años desde la publicación. ¿Qué pasó con la escena que se refleja en el libro?
Creo que la escena que contamos en el libro se siguió profesionalizando, se siguió nutriendo y actualizando, y derivó en muchas de las cosas que hoy uno puede llegar a asociar con la música de Córdoba. Desde festivales como La Nueva Generación o GRL PWR, o artistas referentes como Juan Ingaramo, Salvapantallas, Zoe Gotusso, Santiago Celli, Rayos Láser, Hipnótica, Telescopios, Valdes. Algunos artistas que formaron parte del libro estaban reflejados concretamente y hay otros que quizás estaban un poco en gestación o estaban apenas mencionados y después se convirtieron en referentes. De algún modo son la continuidad de todo lo que se contaba en el libro. De todo lo que se apreciaba también desde nuestro lugar de analistas o entusiastas de la escena musical. Creo que cada uno de nosotros también fue viendo cómo se dio ese crecimiento a nivel general. Cuando se hizo ese libro para nosotros era normal ir a ver a esas bandas y que haya 200, 300 personas, como mucho, y de repente, hace un par de años, o hasta poco antes de la pandemia, uno podía ir a ver a Toch o a Hipnótica, que son bandas que están en el libro, y que de repente actuaran para 800 o 900 personas en la ciudad de Córdoba. Ahí tenés otra pauta del crecimiento en materia numérica de lo que fue una escena que desde 2015, 2016, hasta principios de 2020, creció muchísimo en materia de producciones, de profesionalización en diferentes aristas. Creo que creció mucho también desde esos aspectos y de algún modo fue elevándose la vara de calidad de los proyectos. Los que se inician hoy no tienen las mismas condiciones de producción que había en 2015. Hay otras exigencias también y creo que tiene que ver con el crecimiento que tuvo la escena a nivel reconocimiento. No solamente desde artistas puntuales que fueron programados por ejemplo en el Lollapalooza, sino también en cuanto a lo que fue generándose desde los medios, la consideración de la gente. Creo que hoy por hoy, cualquier persona que piense en un artista como Rayos Láser o Toch o Hipnótica no lo ve como una banda o un artista que está haciendo sus primeras armas o sus primeras canciones y que está tratando de luchar contra la indiferencia. Creo que son referentes y que han sido reconocidos en distintos ámbitos. Nominación a los Premios Gardel, a Latin GRAMMYs, colaboraciones con otros artistas de muchísima importancia y trascendencia. Me parece que hay como varias muestras concretas de una escena que creció muchísimo, que se nutrió mucho también en este tiempo a nivel interno. En el cruce, en las coincidencias, en el trabajo en conjunto de muchos agentes. Y que también se reprodujo, porque hoy, por ejemplo, Nahuel Barbero de Hipnótica, o Bernardo Ferrón y Rodrigo Molina, de Telescopios, son para mí los productores que mejor están trabajando con nuevos artistas, nuevos exponentes de la canción. Y creo que hay ahí una línea muy interesante para seguir de cerca y que plantea también que esto no va a acabar. La escena va a seguir nutriéndose y enriqueciéndose más allá de todas las dificultades y de lo que pueda ser un contexto súper particular como el que estamos viviendo hoy.

– ¿Hoy se podría armar un segundo volumen? ¿Qué grupos lo integrarían?
Creo que está latente. Es algo que me preguntan cuando me consultan sobre el proyecto y sobre cómo me lo imaginaría hoy, así que me parece que hay un punto de partida muy posible. Claramente hay material de sobra para hacer una recopilación similar y sería bastante más difícil hacer un recorte. Me parece que artistas como Candelaria Zamar, Toch, Rayos Láser o Hipnótica deberían estar contemplados nuevamente con otros discos. Después creo que Telescopios, Valdes, Juan Ingaramo no llegaron al primer corte en su momento porque estaban dándole forma a algunos discos que hoy a la distancia sería lógico que hubieran estado en una compilación de aquellos años. Y además han producido material más cerca del presente que debería estar en una compilación, sin dudas. Y también me pasa con grupos puntuales de diferentes estilos. Me pasa con las Tranki Punki, que es un grupo de gypsy punk. Con los IAH, que son un trío stoner. Con las Ninfas, que es una banda de cumbia. Me parece que hay un caudal de producción que debería consignarse. También habla mucho de la escena de Córdoba. El caso de Sabor Canela, que es una banda de cumbia muy popular, me parece que sería clave que estuviera. Y después sí dos fenómenos que noto muy centralmente: primero el de los nuevos cantautores pop, que son proyectos que están recontra influidos por Valdes, Hipnótica, De La Rivera, y que de algún modo son una marca de época también, porque se centran en la imagen de un solista. Ya no son tan formatos bandas o dúos sino que son más proyectos individuales que se van nutriendo del laburo con otros productores. Está sucediendo eso de un cúmulo de productores que son o fueron parte de la escena como músicos y que fueron adquiriendo conocimientos y prácticas y lo fueron derramando en una nueva generación que empezaron a trabajar con otra base y otro diálogo. En ese caso el ejemplo de NAUEL, un solista de Río Tercero, es muy interesante. Tiene un par de discos y varios singles y me parece que sobre todo su segundo disco debería estar contemplado. Ahí se resume un poco toda una nueva escena que ha surgido en los últimos dos o tres años y que tiene mucha fuerza.

Y por último me parece fundamental incorporar algunos discos relacionados al hip hop. Me parece que el hip hop en Córdoba ha tomado una fuerza impresionante. Durante el 2020 me he quedado de cara descubriendo cosas nuevas y cosas de las que no tenía ni la menor idea. Y en ese sentido rescato un proyecto que me pareció tremendo, muy interesante, que se llama Mostro y Alan, que es un dúo de dos raperos trans que publicó su primer EP en un sello que se llama Putavida Records, a fines del año pasado. Un sello que también tiene mucha historia dentro del hip hop local. Y me parece que ese disco está diciendo algo nuevo. Algo que definitivamente debería estar contemplado en un Esto es una escena vol. 2.
Acá tenés una lista de discos y artistas de los últimos años que podrían estar concretamente. Son veinte que me salieron bastante instintivamente, y además agregué un postrecito reguetonero (risas):

Telescopios Telescopios
Valdes – Gris
Hipnótica – Clásico
Los Frenéticos – Teletransportación
Hijo de la Tormenta – El manto de la especie
IAH – IAH
Daniela Spalla – Puro teatro
Juan Ingaramo – Best Seller
NAUEL – Dejar de perseguir
Toch – Voy a encenderme
RUDY – Corredora del desierto
Mateo Morandín – Querubín
Celli – Reset
Luqui – Segurola
Zoe Gotusso – Mi primer día triste
Negramarta – Rosa china
Flayaz – Losotro
Mostro y Alan – Un poema contra el abandono
Tati Falco – Tapia
Sol Pereyra – Existo
Bonus Track: Rago – Vacío y vacilón

– Supongo que la pandemia perjudicó el desarrollo de la escena local. ¿Qué pasó desde entonces? ¿Hubo algún tipo de ayuda estatal a lxs músicxs de Córdoba? ¿Qué pasó con los locales?
Sí, sin dudas que la pandemia incidió directamente en una especie de implosión del circuito de música en vivo que tenía la ciudad. Una ciudad universitaria de las más grandes del país, con gente de todas las provincias que viene acá a instalarse con gente de otros países también. Con una efervescencia y un fuego muy palpables, Hasta poco antes de la pandemia simplemente tenías que salir a dar una vuelta para encontrarte con algún tipo de show, con algún tipo de manifestación musical en vivo. Sea para cincuenta, cien personas o para mil o dos mil. Había una variedad y una diversidad muy interesante. No solamente de estilos sino de formas de producir. Circuitos como más de nicho, cosas más ligadas al mainstream, shows de artistas de gran convocatoria. Todo eso convivía. Y hoy por hoy, bueno, la realidad es que se ha ajustado muchísimo la producción en vivo. Ya es muy difícil si no tenés una mínima convocatoria poder hacer algo, porque los costos son altos. Cada vez más altos. La inflación también ha pegado muy duro. Obviamente que los márgenes ya no son los mismos que antes, con lo cual es muy difícil que ese engranaje que antes funcionaba. Uno invertía para hacer un show y después de eso invertía en algo más. Así iba creciendo. Eso es muy difícil de poder sostener hoy por hoy y creo que se nota muchísimo. Tanto para los artistas como para los productores, como para las salas. Fueron muy pocas las salas que se sostuvieron pese a la crisis. Pese a las crisis, porque también en los últimos años había sido muy complejo el hecho de sostener un espacio de este tipo. Studio Theater y Club Paraguay fueron los lugares que sobrevivieron. Club Belle Epoque terminó cerrando y Casa Babylon, si bien reabrió, se dedicó más a otro segmento. Todos los que sobrevivieron de algún modo se tuvieron que adaptar. Pero definitivamente el paisaje musical y sobre todo el de la escena musical en vivo, que tenía manifestaciones en todos lados, un bar como Favela, que tenía una movida en sí misma y congregaba música en vivo todos los días, de lunes a lunes, obviamente que ya no existe más.
Y la ayuda del Estado, si bien existió, sobre todo de parte del Estado nacional a través del INAMU, en términos provinciales y municipales fue como un poco más difusa. Hubo algunas movidas, contrataciones para participar de ciclos de streaming y alguna otra movida, pero no mucho más. Sí rescato el accionar del Sindicato de Músicos de la provincia, que desde hace tiempo vienen laburando como mucho más en sintonía con los músicos que están por fuera de los cuerpos oficiales, de las orquestas provinciales, de la orquesta y de la banda sinfónica y ese tipo de manifestaciones. Y me parece que su presencia fue clave. Sostuvieron con un bono alimentario, con ayudas, con acercamiento a músicos en situación de mucha vulnerabilidad. En definitiva dejaron en evidencia que ese escenario es preocupante. Hay muchos artistas que no pudieron sostener su actividad. Otros que se las ingeniaron, como también estos espacios que se pudieron sostener, pero el panorama es muy triste a nivel conciertos y posibilidad de hacer shows.
En contrapartida y como anexo me parece que la pandemia trajo como indicador positivo un nivel de producción y de volumen de material inédito. 2020 fue el año en el que más música de Córdoba se publicó en la última década. Y eso tiene que ver con todo lo que te vengo contando en estas respuestas y me parece que habla también del presente artístico de una escena que tiene un caudal muy interesante desde las manifestaciones que van surgiendo, desde los nuevos valores y referentes. Me parece que hay una interesante lógica de continuidad que está bueno remarcar, y que sobre todo en 2020 estuvo definitivamente expresada en esta cuestión del volumen de material publicado. Fue tremendo. A mí me tocó hacer un seguimiento más de cerca y la verdad que fueron números muy sorprendentes y al mismo tiempo confirmatorios. En ese sentido creo que la pandemia alimentó la necesidad de publicar música, de seguir grabando, de seguir haciendo cosas, y eso, en definitiva, no deja de ser una buena noticia.

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