Coberturas

Feli Colina en la Usina | Explosión volcánica infernal

La artista salteña presentó en nuestra ciudad su nuevo espectáculo. Un evento experiencial, sonoro y performativo.

Por Agustín Pérez Marchetta, sociólogo, poeta y gestor cultural

Días previos al recital de Feli Colina, el cielo de Salta se tiñó de rojo en atardeceres incendiarios. Cómo si el horizonte percibiera la presencia de la artista y de Los Infernales y se prepara para recibirlos con El Tour Volcánico.

Entrando al teatro de la Usina Cultural, escuchábamos canciones de Atahualpa y del Príncipe Pena, entre otros, anticipando una presentación que surcaría más el deseo musical entre el mandato social, familiar y el camino propio. Un evento experiencial, sonoro y performativo más que un producto pensado para lo que el público quiera.

Se frenó la música grabada, abrió el telón y arrancó el dúo Feli-Balta a pura “Chakaymanta”, invitando a los presentes a ser parte de la fiesta y viaje lúcido de vivir el sueño de cualquier cantora de volver a su tierra y tener el poder de reversionar y revisitar lo clásico tradicional. Hacerlo propio y gozarlo en pos de la posición, el anhelo y la creación personal.

Continuó hilvanando temas en el mismo movimiento: “Demasiado nada” (canción de Flema), “Ingrata” y “Chakatrunka”. Se mezclaban los sintetizadores con el ritmo que usualmente lleva el bombo, rebotando el sonido en el pecho, teniendo aquella presentación algo de sagrado, de profano, entre popular y profundo. ¿Es un tecno folk? ¿Una traición a la tradición? Quizá sí, si tu concepción es que la cultura es estática, donde todo es fama y dinero para vos. Por suerte, con Feli en el escenario podemos cantar que tenemos las venas manchadas de tanto caminar por el surco y salir indemnes de la alta suciedad kultural.

Feli había anticipado en sus redes que salía casi en bolas y ¡literalmente era así! Lucía junto con Balta unos atuendos infernales etéreos, con transparencias, primacía del negro, con lineas de fuga de fuxia, magenta y esmeralda. El escenario y cada elemento fue pensado como parte de un “todo”: una performance erótica/trágica/poética, la tierra electrónica latiendo con transparencias dejando sus cuerpos al desnudo y elles desnudando sus almas a través de la música que exhalaban e irradiaban.

Siguieron “El valle encantando” y “Que nadie sepa mi sufrir” y luego dedicó “Madre” a madres del Materno Infantil, así como a todas las mamás presentes en la sala. Luego fuimos testigos de un bloque profundo y sentido, donde la percusión hermosa que venía haciendo Martín Misa dejó lugar al clarinete bajo de Eugenio Tiburcio. Los artistas se explayaron con notas longitudinales para sondear los abismos de la existencia. ¿Cuán profundo puede latir un corazón? ¿El amor es encuentro, compartir, llevar al máximo al ser gregario, o es una lanza que nos atraviesa, haciéndonos un tajo hondo de donde emerge la lava creativa cuando el mar de la vida nos marea? Las letras que decían “Te vi tentar el destino”, “Quiero todo y quiero más”, parecía que elevaban los corazones de los presentes y el recital era una crisálida en donde podías sopesar tus angustias y tristezas.

En el escenario había músicos, instrumentos, un Ito mozo mayordomo que acomodó una mesa para que Feli y Eugenio se sienten y beban agua, una bebida de lujo del siglo XXI, en copas de cristal. Brindaron con el público y sonaron “Sueños”, “La entrega”, “Áncora”, “Martes”, “Chimi” y “Susurrito”. Los temas se iban entrelazando, casi como si fueran una totalidad, con una cadencia y destreza musical que habla de la búsqueda firme y tenaz de Feli en pos de la desgarradora ternura que implica vivir en estas realidades inefables.

Luego vino el tercer y último bloque, marcando una línea más jocosa, jaranera y popular. Arrancó con “Gloria”, lo cual descolocó a varios, al ser una jugada un tanto arriesgada reivindicar la figura del dios de los chupacirios cristianos. Pero si nos ponemos a pensar, Jesucristo fue el primer comunista que andaba de farra con ladrones y putas, así que mercedísimo ese homenaje.

Luego, ¿para compensar? vino “Babalú”, sonando un contrapunto entre lo sagrado y lo profano. Feli nos invitó al living de su casa un domingo de sobremesa e hizo sonar “Trigal”, una pieza del universo Sandro bellísima, que en su voz y figura nos dejó anonadados.

A este punto tiraron toda la carne al asador, con “Carnavalito del duende” y una seguidilla de “La Familia”, “Avenido”, “Diabla” y “Aguatera”, en donde se lució la trompeta de Juan Pablo Mayor, deleitándonos con melodías pulposas y pegadizas, así como los coros increíbles de Popa y Chochi.

Cerró con “Doña Ubenza”, esa canción que tenemos pegada en el inconsciente, que nos habla de una mujer originaria de campo que fue desterrada a San Antonio de los Cobres con un hijo bastardo no reconocido por una familia patricia salteña. Y en la espalda de Doña Ubenza, el Chacho Echenique absorbe la melodía de esta mujer que cantaba mientras picaba piedras a destajo para rescatar algo de mineral y sobrevivir en lo inhóspito de la Puna. Quizá sea una metáfora válida que nos ayude a entender este ardor, lágrima, furia, alegría y bálsamo que significa ser testigos privilegiados de una artista moderna y contemporánea, que se apoya en lo popular para proyectarse desde su voz, su arte, sus melodías al culto oculto de la cultura que abraza la locura. Escupe lava volcánica, nos lava, hiere, sana, dejándonos alienados de la normalidad, absortos en la música y perdidos en el vértigo de pesadillas modernas y sueños nítidos de valles encantados.

De izquierda a derecha: Ito, Juan Pablo Mayor, Balta Oliver, Feli Colina, Popa, Chochi, Eugenio Tiburcio y Martín Misa.

Cuando nos íbamos y charlábamos en la puerta, creyendo que todo había finalizado, Feli salió a fumar un puchito, y saludar. Ahí entró en acción Simio, un MC que baila, canta, es DJ y rapea. Entonó a capela uno de sus temas, que dejo boquiabierta y fascinada a Feli, muestra fiel que a pesar de la perfección escénica y la voz inferno celestial, es humana como nosotros y se maravilla del canto de sus hermanos, ya que ella ve más allá. Y, como decía Atahualpa, para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás.

La lista de temas del show. Con la división de las secciones.