Libros

La última noche de Patricio Rey, de Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti

El libro presenta la entrevista que dieron los Redondos horas antes de su separación.

La última noche de Patricio Rey: entrevista con el Indio Skay y Poli es un título honesto y directo para un libro que es nada más (y nada menos) que el reportaje que dieron los Redondos horas antes de la pelea que terminó con el grupo, a fines de octubre de 2001, cuando faltaba poco más de un mes para un recital en Santa Fe que nunca se realizó.

El libro, publicado por la editorial Gourmet Musical, es la ampliación de lo que ya se publicó hace veinte años en la revista La García. La desgrabación completa de esa entrevista registrada en casete que tuvo a los periodistas Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti como testigos del último acto compartido del Indio Solari, Skay Beilinson y Poli Castro, el trío que conformaba el corazón de la banda y que para 2001 llevaba más de dos décadas unido.

La charla se extiende durante varias páginas por distintos tópicos. Los conciertos, métodos de grabación, los atentados a las Torres Gemelas que habían ocurrido semanas atrás, y una clara visión para leer la crisis argentina que se acercaba hacia su punto culminante. Por supuesto, como en todas las notas a la banda, hay una fuerte y natural presencia principal del Indio Solari, habitual portavoz del grupo. Skay toma la palabra durante toda la entrevista pero siempre de manera acotada. La Negra Poli surge como una mánager consumada y atenta al detalle.

Vista desde hoy, esa noche de primavera que se prolongó durante horas entre risas, pizzas y cervezas se revela como un momento triste, de ruptura inminente que nadie percibía. Pero hay pasajes de la nota que muestran diferencias internas. El Indio habla, habla, habla. No para. Interrumpe, opina, sentencia. Habla de la crisis económica, se asume millonario, opina de todo. Skay escucha, aporta, pero apenas puede lleva la charla hacia otro lado: «¿Y si hablamos de música mejor?», pregunta, quizás harto. Por momentos, la verborragia del Indio y el choque con las escuetas opiniones de Skay sugieren que la pelea pudo ir más allá de la disputa por los famosos videos que, según se dijo, motivaron el quiebre. Probablemente nunca lo sepamos. A esta altura no importa demasiado.

El libro además incluye tres textos introductorios, uno de cada autor, que reflejan la pasión que poseen por la banda. Sorprende en esos párrafos una certeza que nunca se agota: la de los Redondos como banda que atraviesa generaciones, llegando incluso hasta adolescentes de hoy que ni siquiera vieron en vivo al Indio.

Luego hay dos capítulos que dan contexto. El primero cuenta la relación de Patricio Rey con La García, que entre 1999 y 2001 fue una de las revistas más populares del rock argentino, la que mejor sintonizó con la época, y donde se leían reportajes extensos que muchas veces servían para despejar dudas y confirmar mitos. El segundo capítulo cuenta lo que pasó con el Indio, Skay y Poli tras esa noche: las declaraciones cruzadas, los cambios, las contradicciones y la certeza de que ya nada volverá a ser como fue. De algo de eso charlamos con los autores del libro.

En las introducciones individuales que hicieron en el libro se percibe un fanatismo similar por la banda pero surgido en distintos momentos del grupo. Pablo conoció el último coletazo under, Martín cuando estaban encaminados hacia Obras y Humphrey en las puertas de la masividad y las giras a las provincias. Incluso hoy surgen fans que tienen un proceso distinto al que tuvieron los que solamente vieron en vivo al Indio y a Skay como solistas. ¿Se puede explicar esta vigencia?
– Martín Correa: Pienso que hay algo muy misterioso y a la vez simple: el poder de las canciones de Los Redondos. En mi caso, aun hoy no me canso de escucharlas. Y la evocación de lo que era ir a verlos en vivo creo que es contagiosa y por eso las nuevas generaciones buscan en Indio y Skay solistas una manera de vivir esa experiencia.
– Huphrey Inzillo: Creo que los Redondos son, sobre todo, un gran misterio. Lo que observas es cierto, y no lo hicimos de un modo inocente. De alguna manera, lo que queríamos mostrar, más allá del vínculo emotivo y el background personal vinculado al grupo, era algún tipo de diversidad. Creo que eso es, en definitiva, un misterio. El modo en que resuenan las canciones, y especialmente las letras del Indio, en un público tan diverso. El fanatismo por los Redondos en una o dos generaciones de ricoteros que nunca vieron en vivo al grupo se explica por ese mito, por esas canciones que tienen la atemporalidad de los clásicos y por una mística que excede largamente al misterio de las canciones.
Pablo Marchetti: No sé si se puede explicar algo tan complejo como la pasión que generan Los Redondos. Empezando por algunos grandes malos entendidos, como considerar a Los Redondos “populares” frente a Soda, que se supone que son más “chetos” o “modernos”. Un absurdo total. “Somos un producto de la clase media”, nos dijo el Indio en la primera entrevista que les hicimos para La García, también junto a Humphrey y Martín. A partir de allí, podemos arriesgar hipótesis, por supuesto, pero creo que, como toda pasión, siempre está vinculada con lo inexplicable. Pero sí, como vos decís, en la intro quisimos dar cuenta de tres momentos distintos en los que llegamos a Los Redondos. Pero sabemos que hay muchos, muchísimos más. De todos modos, para responder a tu pregunta, voy a intentar una hipótesis: creo que esa vigencia tiene que ver con que, a pesar de la masividad, ellos siempre estuvieron parados en un lugar de cierta marginalidad. Marginalidad de cientos de miles, pero marginalidad al fin. El Indio Solari nunca fue un famoso o un influencer. Y mucho menos alentó eso. Fue su silencio y su enigma lo que potenció cierto fanatismo por su figura.

Me sorprendió la frase del Indio: «Los artistas no sé si debemos manifestar claramente nuestra ideología». ¿Sintieron lo mismo al releerla después de tanto tiempo? ¿Qué creen que cambió en el Indio para pasar de decir eso a, por ejemplo, gritar «6,7,8» en «Ji ji ji» durante una transmisión en TN?
– MC: Lo que cambió es que apareció el kirchnerismo. En octubre de 2001 no existía. Todo era «que se vayan todos», «son todos lo mismo», «no hay salida», y creo que muchos -incluido el Indio- vieron en ese espacio político una respuesta.
– HI: En el texto inicial de Último bondi a Finisterre (1998), el Indio Solari había escrito “Mutar porque nos gusta el bondi a Finisterre y porque vale la pena la leyenda del futuro”. En ese sentido, parece razonable qué sus ideas no se hayan quedado estáticas. Creo que ese cambio de postura, de todos modos, resiste varias lecturas. Por un lado, sí bien él había sido el principal arquitecto del discurso público de los Redondos, de alguna manera era el vocero de un proyecto colectivo, y parecía razonable que fuera cuidadoso en declaraciones vinculadas a la coyuntura política y partidaria (en alguna nota de Rolling Stone había sido crítico, explícitamente, del gobierno de Fernando de la Rúa). Por otro lado, la militancia política en el 2001 estaba totalmente devaluada. Y quizás en los años posteriores, con la reivindicación de la militancia política que propuso el kirchnerismo, el Indio fue encontrando un contexto amable para manifestar su simpatía. Uno de sus primeros elogios, en tiempos de Néstor si no me equivoco, fue “Este es un gobierno con cojones”. Desde entonces, nunca ocultó su simpatía. E incluso en sus libro de memorias contó que había estado a upa de Evita. También dijo que si no hubiera puesto esa foto de sus padres en su último disco (El ruiseñor, el amor y la muerte, de 2017), la portada habría sido una foto de Eva Perón. Pero ese cambio en el discurso público que vos señalás, es sin dudas uno de los cambios más notorios del Indio Solari en las últimas dos décadas.
– PM: Sí, a mí eso me llamó la atención. Pero tampoco creo que cuando el Indio gritó “6,7,8” haya una identificación política contundente. Lo veo más como una humorada elegante. Con simpatía por el kirchnerismo, claro. Pero si bien dijo eso, también es cierto que estaba saliendo en vivo por TN. No creo que el Indio se haya transformado en un militante. Pero sí tiene una simpatía que el kirchnerismo supo generar en gente que antes descreía un poco de la política. Entre ellos, el Indio. De todos modos, lo que más me llamó la atención fue ver que, con el resultado puesto y la separación consumada, la entrevista no deja dudas sobre que esos dos tipos tenían visiones completamente distintas de cómo encarar su actividad artística.

– Las entrevistas a los Redondos en La García son históricas por muchos motivos. ¿Se plantearon en algún momento incluir las anteriores (completas) a modo de anexo o complemento?
– MC:
Nunca estuvo eso en carpeta, pero de alguna manera las entrevistas anteriores están incluidas en la intro del libro.
– HI: Pensamos en el libro como la anatomía de aquella noche, como si fuera una emulación rockera de muy buenos libros deportivos como El partido, de Andrés Burgo (sobre el Argentina-Inglaterra de México 86), o El partido rojo, de nuestro amigo Claudio Gómez (sobre la final del Torneo Nacional de 1978 entre Independiente y Talleres). Ambos, descendientes de Anatomía de un instante, del escritor español Javier Cercas. Hay en el libro, de todos modos, fragmentos de esas entrevistas qué tanto yo como Pablo y Martin consideramos históricas con los Redondos, por la extensión, por los temas qué tratábamos, por las declaraciones que fueron apareciendo y que destacamos en el libro, y por la circunstancia extraordinaria de estar conversando con ellos. Sin embargo siempre tuvimos claro en la entrevista que queríamos publicar era la de aquella noche, por circunstancias que se volvieron claramente históricas.
– PM: El Indio decía que nuestras entrevistas iban “del universo al bife”. Y creo que había cierto desparpajo en preguntar cosas que por ahí otros periodistas no preguntaban. Siempre teniendo en cuenta que daban poquísimas entrevistas. Lo de incluir las otras entrevistas lo pensamos como pensamos tantas cosas que pensamos e inmediatamente descartamos. Lo pensamos porque nos gustaban, pero la idea del libro era detenernos en ese instante de esa noche. Una noche que fue la última, aunque de eso nos enteramos mucho tiempo después. Es un libro de un instante. Por eso es tan importante la imagen de la tapa que hizo Alfonso Barbieri: porque sintetiza esa foto que no pudimos sacar, de los tres yéndose caminando por Palermo, abrazados y un poco copeteados.

– ¿Podría surgir otro libro (sobre cualquier artista) a partir del resto de las notas de La García? ¿Qué podría ser?
– PM:
Uy, no lo había pensado. Pero ahora que lo decís… Hicimos unas notas a Charly que son increíbles. También recuerdo un par muy buenas a Iorio, a Calamaro y a Ricky Espinosa. Y te hablo de las que hice yo. Bah, la de Iorio la hice con Martín y la de Calamaro, con Javier Aguirre. No estaría mal, je.
– MC: Podría ser algo sobre Charly García, porque era un abonado a la revista, como corresponde. También hubo una entrevista histórica de Pablo a Andrés Calamaro, en la que escucharon de punta a punta el disco quíntuple El salmón, y apareció transcripta textual toda la charla. Alucinante.
– HI: Tenía veinte años cuando entré a trabajar a La García. Fue mi primer trabajo en una redacción, con el privilegio de tener cómo compañeros y maestros a mis amigos. No es algo demasiado usual. En lo personal, me une un vínculo afectivo importantísimo con la revista, y este libro de algún modo es un homenaje, una reivindicación de aquellos años, que representan mi educación sentimental y profesional. No tenemos planes por el momento de editar otros materiales vinculados a La García. Pero volví muchas veces en todos estos años a consultar las páginas de la colección, por motivos periodísticos y también por motivos afectivos. Y es una experiencia que siempre me provoca una sonrisa, me trae recuerdos maravillosos, me gratifica enormemente que esa revista, que se volvió pronto una publicación de culto, haya marcado una época. Además de Pablo y Martín, guardo hermosos recuerdos de les compañeres de aquellos años: Ingrid Beck, Javier Aguirre, Mariano Lucano, Mariana Pellegrini, Guillermo Falciani, Marcela Luznik, Pablo “Pantera” Salomone, el legendario fotógrafo Pepe Cáceres, Diego Lenger, Alejandro Wassileff, Muriel Alvarez Arredondo, Mariano Sigal, entre muchos otros. También de colaboradores como Majo García Moreno, Marcela Basch y Martín Telechanski, y de Carlos Ares, que tuvo la idea de armar esa revista, un delirio maravilloso, la revista del pogo más grande del mundo.