Coberturas

Lisandro Aristimuño

Lisandro Aristimuño volvió a Salta y ofreció un concierto que se recordará por mucho tiempo. RS estuvo presente y te lo cuenta en esta crónica.

Fue mejor de lo que esperábamos. El domingo pasado tuvimos en Salta a uno de los músicos más originales y notables que haya dado el país en los últimos años. Desde su aparición en 2004, con Azules Turquesas, Lisandro Aristimuño dio muestras claras de su enorme talento. En una época donde la mayoría de los músicos se toma de dos a tres años entre disco y disco, el oriundo de Viedma está a punto de editar su cuarta placa. Mientras tanto, brindó un concierto excepcional en el marco de su gira por el norte.

Ante una sala Juan Carlos Dávalos casi repleta, el músico y su grupo (Tincho Casado en batería, Leila Cherro en chelo, Rocío Aristimuño en percusión y Carli Aristide en guitarra), llamado igual que ese primer disco, repasaron durante dos horas todas las canciones que el público esperaba, más algunas perlas adicionales.
 
Casi a las nueve y media de la noche, los cuatro músicos de la banda se acomodaron en sus lugares y dieron comienzo al recital con “El Búho”, una de las mejores canciones de 39º, el último disco del patagónico. Desde el comienzo se pudo vislumbrar la gran capacidad escénica de Aristimuño, dueño de un carisma enorme (digna de Spinetta o Páez) y una seguridad en sí mismo que, sumados a la impecable selección de canciones, pasaron por encima a la audiencia.
 
“Tu nombre y el mío”, “El plástico de tu perfume”, “En mí”, “Me hice cargo de tu luz” y “La última prosa” fueron algunas de las canciones que pasaron en grandes versiones. Quizás, la interpretación de “39º” no fue la mejor de todas, debido a problemas con el retorno de los músicos. De todas maneras salió excelente.
 
Durante todo el show, Aristimuño homenajeó, en menor o mayor medida a algunas de sus influencias más importantes. Charly García se hizo presente con la perfecta interpretación que el grupo hizo de “Kurosawa”, una de las mejores canciones de La hija de la Lágrima. Luego, “Lively Up Yourself”, de Bob Marley se unió a “En Kingston Town”. En los bises, los primeros acordes de “Here Comes the Sun”, de Los Beatles, fueron el prólogo para, precisamente, “Sun”. Antes, un fragmento de “Goodbye Blue Sky”, de Pink Floyd había invadido la sala.
 
De folclore, electrónica, pop, rock y reggae es de donde Aristimuño se alimenta para crear una música que le debe tanto a Sigur Rós como a León Gieco. Sobre el escenario, el cantante se apoyó en programaciones y loops grabados y construidos en el momento, algo que le dio al recital un ingrediente más para catalogarlo de único.
 
Un año después de su última presentación en nuestra ciudad, Lisandro Aristimuño volvió en su mejor momento (musical y comercial), ofreció un concierto impecable, dejó a todos con ganas de más y confirmó que aun en décadas como ésta que se termina (dominada por la bengala, los trapos y las absoluciones) los grandes artistas continúan surgiendo, dándole un cachetazo bien fuerte a la mediocridad.

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