Coberturas

Living Colour en Córdoba

La Plaza de la Música fue el contexto elegido para el nuevo regreso de los neoyorkinos, quienes se soltaron en una gira aniversario por los 25 años de su álbum debut.

Fotos de José Martina

La noche largó a las 21.15, cuando el dúo local Lautremont comenzó su repertorio para muy poca gente. El sonido básicamente se fue ajustando sobre el primer tema. Su actuación fue impecable, con su característico sonido oscuro, y un machaque de pistas preseteadas, hicieron vibrar el suelo. Lentamente comenzó a poblarse el predio y el entusiasmo se notaba en sus rostros. No les tembló el pulso para dar un gran show y convencer a los presentes de su propuesta.

A las 22.15, tras media hora de impasse que volvía impaciente al público (tal vez se daban cuenta que no se incrementaría más) los Living Colour subieron al escenario luciendo sus chalequitos, camisas y sombreros, saludando en un florido español y largando con “Preachin’ Blues”, su versión del clásico de, el rey del delta blues, Robert Johnson.

Lo que siguió fue cada vez mejor, ya que tocaron Vivid, el disco homenajeado por el cual decidieron girar, en su totalidad, y respetando el orden original del track list. La poderosa versión de “Cult of personality” hizo que Corey Glover se tirara al vallado a cantarla con la gente. Mientras, en el escenario, el bajista Doug Wimbish aprovechaba su instrumento inalámbrico para correr por todos lados y tirar magia en cada una de las técnicas que empleaba. Prácticamente es una guitarra más, con solos, multiplicidad de efectos, slide, arreglos agudos, etc.

Pero si de virtuosismo hablamos, lo que hace Will Calhoun no tiene nombre. La trinchera armada por una batería en semicírculo cautivó constantemente la atención de las miradas. Dejó todo, tomando un color bordó mientras le daba duro a su plato perforado. Para el momento de las presentaciones formales y las pequeñas muestras de solos, lo suyo fue único: una clínica suprema para todos, pasando de lo analógico a lo digital y programable, para concluir con todas las luces del estadio apagadas y sus baquetas hipnóticas expulsando destellos de colores.

Un show inesperado para un martes, con muy pocos presentes (la venta de entradas no funcionó bien) y la posibilidad de tener a Vernon Reid y los suyos a pocos metros, intercambiando parlamentos y sintiéndose en comodidad durante dos horas. El ambiente ¿íntimo? los tentó, y en un momento Corey dejó el micrófono de lado y dio cátedras de soul a capela. La delicatessen de los agudos a los que puede llegar este gordito con look capilar semejante al malo de El Demoledor, es impactante.

Para los bises, y una vez concluido el repertorio de Vivid, se guardaron una linda triada de covers: “Sunshine of your love”, de Cream; “Sex Machine”, de James Brown, y “Should I Stay or should I Go” de The Clash.

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