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Cómo es el libro que cuenta el fenómeno de los Redondos en Uruguay

Lunáticos viajantes se publicará este lunes en Montevideo. Hablamos con su autor, Jorge Costigliolo.

Este lunes 12 de abril se publicará Lunáticos viajantes: las increíbles andanzas de los Redondos en Uruguay, el libro que da cuenta del fenómeno ricotero en el país vecino. Su autor, Jorge Costigliolo, repasa los recitales que dio Patricio Rey en Montevideo y analiza el impacto que tuvo el grupo en los fans y en la cultura local.

Uruguay recibió a los Redondos por primera vez a fines de los 80, quizás en su mejor momento en vivo, entre los discos ¡Bang! Bang!! y La mosca y la sopa, cuando eran un grupo capaz de exudar un rock sanguíneo y visceral, de guitarras filosas y voces húmedas de sótano profundo. Ya eran una banda enorme pero se las arreglaban muy bien en espacios reducidos, como lo comprueba el video del mítico show que dieron en el pub Laskina de Montevideo, quizás uno de los piratas más valorados por los fanáticos ricoteros.

Costigliolo cuenta el crecimiento que tuvo la banda a partir de aquellas visitas iniciales y también se mete en la mente de los que recibieron el golpe y se convirtieron en seguidores fieles del grupo. Fidelidad que se mantiene hasta hoy.

Lunáticos viajantes será editado por Penguin Uruguay. Hasta el momento no hay fecha de distribución en nuestro país. Será un nuevo lanzamiento ricotero que llegará del otro lado del charco. En 2018 apareció Oktubre, de Carolina Bello, un libro que aborda el segundo disco de los Redondos en forma de novela. En la siguiente entrevista, Costigliolo habla sobre este nuevo trabajo.

– ¿Qué impacto tuvieron los Redondos en Uruguay? ¿Se dio un fenómeno similar al que sucedió acá? Me refiero a esa popularidad que no necesariamente pasaba por los medios.
Sí, el impacto de los Redondos en Uruguay fue similar, aunque en escala menor al que tuvieron en Argentina. Uruguay —debería decir Montevideo, más precisamente— actúa casi como espejo de los fenómenos culturales que se dan en las grandes ciudades argentinas, y este no fue la excepción. Igual, hay que decir, a favor de los escasos medios, que nunca fueron contrarios a los Redondos. Incluso cuando la prensa argentina los volvió carne de crónica roja, acá se separó bien la paja del trigo y no se los persiguió mediáticamente.

– El recital de Laskina es uno de los piratas más interesantes de la banda. ¿Fue determinante ese show para el crecimiento del grupo en Uruguay o el fanatismo llegó por otra vía?
Laskina, además de ser un pub, fue el centro de operaciones de los Redondos en las tres visitas a Montevideo que hicieron entre 1989 y 1990. Más aún, sus propietarios fueron los artífices de esas incursiones ricoteras en tierras orientales. Sin embargo, el público del local fue minoritario. Un lugar en el que no entraban más de 100 o 120 personas no se puede comparar, en términos cuantitativos, con la capacidad que tienen el Palacio Peñarol o el Teatro de Verano. Es decir, hubo mucha más gente en cualquiera de los tres conciertos que dieron en esos escenarios que en todos los shows de Laskina. Quizá sí Laskina alimentó la leyenda de banda de culto. De cualquier manera, el fanatismo creció exponencialmente con los años, ayudado por los pocos medios que los difundían (al menos hasta el boom de La mosca y la sopa) y el boca a boca. Ya antes de que los Redondos llegaran por primera vez, en 1989, había gente que los conocía (muchos de ellos periodistas, con llegada en radios, suplementos y fanzines), que mostraron que la banda era especial. Y a esto hay que sumar que el Indio Solari dio aquí algunas entrevistas en las que dejó claro que lo de los Redondos no era algo común.

– Me interesa saber cómo trabajaste. ¿Cuánto tiempo tardaste? ¿Hiciste muchas entrevistas? ¿Con quién hablaste?
– La respuesta corta y no por ello menos acertada es que trabajé algo así como 33 años, desde que conocí la música de los Redondos y los vi por primera vez en Buenos Aires, en 1987, hasta fines de 2020. La respuesta larga y más afinada es que el libro me llevó unos cuatro o cinco meses, desde que me lo propusieron hasta que lo terminé. Primero tuve que definir qué clase de libro quería hacer… ¿qué van a querer leer los ricoteros que no hayan leído hasta ahora? ¿Y qué me gustaría leer a mí, o a alguien que no se sienta atraído especialmente por la música de la banda? Entonces, por un lado, quise reconstruir la historia de esas visitas a través de las voces de quienes las vivieron de primera mano: público, “empresarios”, periodistas, músicos. Lo interesante, en este punto (iba a decir que para el público argentino, pero para el uruguayo también), es que pude encontrar documentos de época que no están disponibles en internet, e incluso escasean en bibliotecas y hemerotecas, especialmente del periodo 89-90, más allá de la mirada que puedan tener, dos o tres décadas después, los entrevistados.
Por otro lado, busqué que el libro tuviera otras voces, más allá de la cronologia de los hechos. Así que hay algunas entrevistas a distintas personas a las que los Redondos “les cambiaron la vida”, más allá del cliché de la frase. Así pasan por el libro SantiagoBigoteLópez, un futbolista que en cada contrato establece una cláusula que le permite ausentarse de partidos, concentraciones o entrenamientos cada vez que toque alguno de los ex integrantes de los Redondos; Marcelo Fernández Pavlovich, un profesor de Filosofía que llevó las canciones de los Redondos a la clase, para discutir y enseñar parte del programa de la materia; Raquel Diana, actriz, dramaturga y directora, y Jorge Bonelli, actor y director que, allá por el 2000, tuvieron la loca idea de montar una obra teatral basada en las canciones de la banda, y Juan D’Olivera, un fan de los Redondos que, casi de casualidad, terminó cantando en una banda tributo.
Para el libro hice una veintena de entrevistas, además de charlas informales con fans, interminables horas en foros y grupos de Facebook. Pero, como decía antes, son más de 30 años de background. Usé cosas, en el libro y para el libro, que por ahí me dijo o me contó un amigo dos décadas atrás.

– Hace veinte años los Redondos dieron dos recitales en Montevideo, los anteúltimos de su historia. ¿Cómo siguió después la relación entre los uruguayos y la música de la banda y con la del Indio y Skay como solistas?
La leyenda de los Redondos, si no se acrecentó, al menos se mantuvo en el tiempo. Al día de hoy ves pibes con remeras de la banda, que por ahí no habían nacido o eran muy chiquitos cuando los Redondos se separaron. Un amigo me hacía notar que el segundo concierto del Indio como solista fue en Montevideo, y que lo tomó como un laboratorio, un ensayo de su poder de convocatoria. Skay viene muy seguido, y siempre es bien recibido: Teatro de Verano, La Trastienda o el Festival Medio & Medio cerca de Punta del Este, y el resto de los proyectos de los ex Redondos son convocantes. Además, hay un cariño manifiesto del Indio y Skay hacia Uruguay, lo que los hace todavía más cercanos.

– Pregunta obligada: ¿Se va a distribuir por estos lados?
En unos días estará disponible la versión e-book del libro. Para los amantes del fetiche de papel (me incluyo en este grupo), por ahora, solo se puede conseguir a través de las librerías uruguayas con envíos al exterior, como Isadora Libros o Escaramuza.

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