Entrevistas

Materia prima | Cómo es el EP que los Ratones Paranoicos grabaron en 1984

Gustavo Gauvry habla del registro realizado cuando el grupo de Juanse aún intentaba definir su sonido.

Se acaba de publicar Materia prima, un EP que registra grabaciones inéditas de los Ratones Paranoicos en sesiones realizadas en 1984 en los estudios Del Cielito. El pequeño álbum es la instantánea de un grupo joven que intentaba definirse y trabajaba para encontrar un sonido que pudiera confirmar lo que por entonces ya insinuaba: que era una banda capaz de tener un protagonismo sobresaliente dentro del rock argentino, algo que consiguió con creces en los años siguientes.

El EP se extiende por casi veinte minutos, más o menos lo que duran muchos álbumes oficiales de la actualidad. Son cinco canciones: “A la orden de Dora”, “Terapia intensiva”, “Sedan 1”, “Bailando conmigo” y “Descerebrado”. La primera nunca fue incluida en un disco oficial. La segunda tuvo que esperar hasta la década del 90 para ver la luz (apareció en Planeta Paranoico, de 1996). Las tres restantes se mantuvieron dentro del repertorio de la época y llegaron a Ratones Paranoicos (1986), el trabajo debut de la banda.

En Materia prima, los Ratones transmiten una personalidad fuerte a la que quizás le faltaba profundidad. En estas canciones, Juanse, Sarcófago, Roy y Pablo Memi prueban, evalúan hasta lo que no les termina de convencer. Intentan saber quiénes son. Aún no se habían convertido en un grupo capaz de transmitir la mezcla justa de peligro y seducción.

“Son grabaciones que hacíamos para tratar de conseguir un contrato o para avanzar sobre los temas. Ellos no tenían experiencia dentro del estudio, entonces estábamos buscando la mejor versión de los temas, el sonido. A Juanse inclusive se lo nota probando con la voz. Todo eso era el laburo que veníamos haciendo”, le dice Gustavo Gauvry a Rock Salta. El ingeniero de sonido y productor había fundado Del Cielito apenas unos años antes, un estudio que el rock nacional todavía estaba descubriendo. Sin embargo, por allí ya se habían realizado grabaciones legendarias como Kamikaze, de Spinetta, o “Canción de Alicia en el país” de Serú Girán.

Gauvry fue fundamental en la carrera de los Ratones. Conoció a los músicos cuando el bajista Pablo Memi, su primo, le pidió una audición en el estudio. Desde entonces, Gauvry los fogueó en la sala, los ayudó a descubrirse. Él y la banda pasaron unos dos años a pura prueba y error entre grabaciones y ofrecimientos a discográficas que se interesaban pero no se animaban a morder el anzuelo. Materia prima es parte de ese recorrido iniciático, un material parecido al que ya se había conocido en 1995, con la edición del disco de outtakes e inéditos Raros Ratones.

Con Gauvry, los Ratones encontraron a su primer productor profesional. Aunque ésa no era la idea inicial. “La idea mía no era producirlos sino conseguirles un contrato. Si bien había tenido la idea de hacer un sello, por eso le había puesto Del Cielito Records al estudio, estaba con mucho laburo en ese momento y no se me ocurrió que yo los podía producir. Porque además producir implicaba hacerme cargo de todas las cuestiones legales, contractuales, de fabricar los discos, distribuirlos, hacer publicidad. Toda una cosa para la que yo no tenía infraestructura ni estaba preparado”, cuenta.

Gauvry todavía no había creado el sello Del Cielito Records, su otra marca registrada. No tenía ganas ni tiempo. Por esos años, a mediados de los 80, no sólo grababa cada vez más, también hacía sonido en vivo y hasta viajaba durante plazos prolongados, como hizo cuando formó parte de aquel proyecto quijotesco llamado De Ushuaia a La Quiaca. Los Ratones Paranoicos ocupaban los huecos de su agenda. Iban como podían hasta el estudio, ubicado en Parque Leloir, en el Conurbano bonaerense. Un lugar alejado de la Capital Federal, de difícil acceso, por entonces sin autopistas, con calles de tierra, quintas y un clima bucólico ajeno a los excesos del rock. Los cuatro músicos debían realizar odiseas en transporte público para llegar hasta allí. Iban generalmente de noche, obligados a conservar la energía necesaria para realizar las mejores grabaciones que pudieran.

“Eran muy laburantes. Me daban bola pero a la vez tenían sus ideas muy claras. Compartían muchas cosas que yo les proponía. No les gustaba usar efectos, no querían usar cámara, salvo en algunos temas”, dice Gauvry, y recuerda que las bandas del rock nacional de los 80 estaban dominadas por un sonido que no tenía nada que ver con la propuesta que desarrollaban los Ratones. Describe a los demás grupos como “muy maquinitas”, con “baterías industriales, claps, tambores explosivos, música muy procesada, cosas que ellos no querían usar». «Me acuerdo que Juanse decía: ‘Yo quiero sonar real, quiero sonar como un grupo inglés’. Me parece increíble que un pibe de 22 años en ese momento me dijera una cosa así”, completa.

En el estudio, los Ratones trabajaban como un grupo profesional que no ejercía. Ensayaban, grababan, hacían fotos y pensaban una carrera que todavía no tenía un contrato firmado. “En el documental de Netflix hay un montón de material que hacíamos en ese momento. (Cosas que) Ningún grupo de ese nivel, de principiantes, tiene”, cuenta Gauvry.

El documental Rocanrol cowboys, de Alejandro Ruax y Ramiro Martínez, estrenado a principios de este año, es un resumen de toda la carrera de la banda. Allí se puede apreciar ascenso y caída del grupo. La influencia de los New York Dolls y los Sex Pistols antes que la de los Stones, la transformación de Juanse como un ícono errante, las peleas y los reencuentros. La banda consagrada para siempre.

Al escuchar Materia prima toda la historia de la banda se refleja de manera inevitable. El oyente ya sabe todo lo que vino después de estas cinco canciones. Sin embargo, como en Get Back, el documental de Peter Jackson sobre Los Beatles, este material permite ver otro estado de los mismos artistas. Es interesante conocer los pasos previos que se tomaron para llegar hasta el punto final y preguntarse por qué algunas canciones lograron acceder a los discos oficiales y otras fueron cajoneadas.

“Lo escucho y me parece que está buenísimo, pero en ese momento había una inseguridad. Es fácil desde el éxito, desde la fama, decir ‘Ah, qué bueno’, pero en ese momento ellos eran tan diferentes a lo que estaba de moda. Tampoco había un grupo de rock así. En realidad lo que estaba de moda en ese momento era el pop tipo Soda, Virus, Miguel Mateos, las Viudas. Esto era distinto: muy crudo, muy real, sin efectos, acá hay algunos temas que tienen mucha cámara en la voz, pero eran como pruebas. Pero a la vez siento que esos temas tienen un estilo muy claro de ellos, inconfundible. Es una foto de lo que eran los Ratones en ese momento, que eran un grupo con mucha personalidad”, dice Gauvry.

“El otro día con Juanse hablábamos y nos preguntábamos qué nombre le pondríamos a ese estilo, que es como un rhythm and blues medio punk, pero un punk muy limpio. Punk quirúrgico, antiséptico, con letras muy psicodélicas. Cosas que después él fue dejando de lado, los Ratones agarraron para otro lado, y esos temas no enganchaban. Pero ellos ya venían tocando bien”, sigue.

Tras grabar estas canciones los Ratones continuaron el trabajo. Siguieron registrando temas, desarrollando nuevas ideas en el estudio. Mientras tanto, Gauvry recorría las discográficas intentando seducir a los empresarios. “Estuve dos años constantemente haciendo escuchar (las grabaciones). A muchos les gustaba pero nadie quería laburar. La moda estaba en otro lado”, dice.

Uno de los que escuchó parte de ese material fue el guitarrista Héctor Starc, que se fascinó con las letras de Juanse, tan diferentes a las de ese momento en la escena local. Al ex Aquelarre le parecía increíble que existiera un grupo sucio en plena primavera democrática. Una banda adelantada que no encajaba por ningún lado. Le dijo a Gauvry que tenía que grabarles un disco cuanto antes.

Gauvry recuerda: “Una vez me invitaron a participar de un focus group con un tema de los Ratones. Pasaban varios temas de grupos de esa época. Había como veinte o treinta pibes. Pasaron el de los Ratones y le gustó a uno solo que estaba sentado en el fondo con cara de pocos amigos. Al resto le gustaba una cosa más bailable, divertida. Entonces, cuando vi que nadie me daba bola, dije bueno, voy a grabar un disco yo, lo voy a producir yo, un máster, un álbum, y se lo voy a vender a un sello, ya que nadie quiere costear la grabación. Ese fue el primer disco de los Ratones. Pero tampoco pude vendérselo a nadie, ni siquiera licenciarlo. Terminé yendo a DBN, que sacó el disco a través de Umbral”.

La relación entre DBN y Umbral se terminó casi al mismo tiempo que el debut de los Ratones aparecía en las disquerías. Gauvry tuvo que volver a hacerse cargo. “Así fue como decidí hacer el sello que tenía pensado. Con el apoyo de DBN en la distribución, relanzamos el disco. Ahí empezó a crecer la banda”, cuenta.

“Yo creo que Gustavo nos bautizó. Nos puso en la frecuencia correcta y nos dio no sólo la apertura sino la posibilidad de demostrarnos que había alguien afuera del grupo que confiaba en nosotros”, dijo Juanse en Del Cielito, el sello del rock, el libro de Candelaria Kristof que cuenta la historia del estudio y del sello. “Gustavo le dio una personalidad al sonido que es muy de él, también. Se armó como una química. Porque algo había ahí», seguía. Gauvry vio el potencial de los Ratones antes que nadie y se encargó de desarrollarlos. Tuvieron que esperar dos años para poder ver los primeros resultados porque, en general, los buenos trabajos no se resuelven tan rápido como un video de Instagram.

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