Discos

Musicology, una perlita de Prince

Ampliamos la sección, y empezamos a revisar discos intemporales, en otros idiomas.

En abril de 2004 salía este disco, el número 27 de estudio de Prince, ese petiso nacido en Minneapolis. No fue la única vez que sacó más de un disco en un mismo año. En 2004, mientras el mundo aún estaba sacudido por un atentado a la estacion madrileña de Atocha (10 bombas, 191 muertos) y salían a la luz los abusos en las cárceles norteamericanas en Irak y Guantánamo, Prince sacaba una trilogía que se completó con dos álbumes únicamente distribuídos en la web: The Chocolate Invasion y The Slaughterhouse. Este es otro capítulo en su conflictiva relación con la industria discográfica.

Sin llegar a los niveles de Bowie, la discografía de Prince tiene momentos estéticos muy clave y diferentes. Algunos muy sinth pop y maquinosos, otros con la guitarra -sea rota o al palo de clean- en primer plano, algunos bien dogma funk y otros más cercanos a la tradición del soul. Siempre, desde luego, destilando negritud en cada beat. Este disco contiene un catálogo sonoro de todo lo que Prince mostró a lo largo de su carrera.

Si queremos algo simple tomemos “Illusion, coma, pimp & circunstance”, donde vemos como un pequeño motivo de tres notas y una base cuadrada, casi de principiante en la batería, va sumando capas y genera algo creciente que contagia a mover el coolo.

Si queremos algo más complejo, podemos tomar “Million days”. Casi una balada progresiva con pequeñas orquestaciones a dos guitarras, un bajo re moderno, otra viola riffera de fondo y la bata con un redo bien seco. Presten atención a los climas y los coros empiezan a aparecer.

“Call my name” es una balada para pedirle la mano (u otra cosa) a tu eña, eño o eñe. Retoma muchos elementos de “Nothing compares 2U”, ese clásico de todos los tiempos que popularizó Sinnead O’ Connor y que tiene otra versión del finadito Chris Cornell. Quizá recién te estés enterando que es de Prince.

Es muy dificil señalar momentos puntuales de este disco, más bien es para escucharlo de punta a punta. Ir, volver y saltearse sin culpas. Sin embargo, desde el primer día me encantó esa seguidilla que conforman los tracks 8 y 9, “The marrying kind” y “If eye was the man in ur life”. Constituyen un relato de amor, abandono y consuelo en dos partes casi consecutivas. Mucha guitarra, muchos colores, las teclas bien ochenteras de fondo y mucho de esos cortes clásicos del funk intelectual que bien muestran el pedigreé de la música moderna negra.

Musicology no se agota ahí, desde luego. No podemos dejar de nombrar esas perlas pop que son “Ciannamon Girl” y “Reflexión”, casi las únicas con guitarra acústica bien presente al fondo. O los coros R&B bien al estilo Fugees de la apertura de “Life ‘o’ the party”.

Algo más para destacar es que, salvo el bajo en una canción, la batería en cuatro, los coros femenino, y los vientos (con el gran Maceo Parker en saxo), todo el resto del disco lo graba al mismo Prince. Esto es una práctica común del genio de Minesotta. Hacer todo, o casi todo.

Prince murió hace un par de años. Algún tiempo atrás, el mismo se había encargado de inmolarse y des-nombrarse. Empezó a usar un símbolo fusión de lo masculino y lo femenino, dejándonos la difícil tarea de nominarlo aludiendo a “el artista antes conocido como Prince”. De fondo, siempre estuvo la disputa con las discográficas y sus modelos de negocios. Dejó una vasta discografía editada y otro tanto sin ver la luz que, merced a sus herederos, podrás escuchar en plataformas de consumo de música que repudiaba.

Si bien su llegada a los rankings se vio opacada por el reinado de Michael Jackson, es imposible pensar en muchos artistas en todo el planeta (desde Bruno Mars hasta los locales IKV) si no tomamos su influencia.

Que este disco sirva para acercarnos, un poquito más, a este gran artista.

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Redacción