Entrevistas

Beatlemanía Charrúa

NTVG volvió al NOA y ratificó su gran presente. Retrato de un grupo de uruguayos melancólicos que agotan entradas, enloquecen a sus fanáticas y poseen una necesidad imparable de tomar impulso y llegar más alto.

Fotos de Gastón Iñiguez

Girando con todas las ganas

Martes 6 de noviembre, mediodía: luego de 22 horas de viaje en colectivo, los uruguayos No Te Va Gustar pisan Salta por quinta vez consecutiva. A pesar de la travesía interminable, están de muy buen humor. Llegan dispuestos a descansar y pasear por la ciudad de Güemes, dos días antes de comenzar su rally recitalero en el NOA. Por la tarde, algunos miembros del grupo brindan una conferencia de prensa para los medios salteños. Durante varios minutos, Emiliano Brancciari (cantante, guitarrista y compositor), Denis Ramos (trombón), Diego Bartaburu (batería) y Bambino Coniberti (guitarra) responden las preguntas de los periodistas; incluso explayándose de más un par de veces y generando risas entre todos. La charla ronda por un amplio espectro, pero el punto ineludible es el duro golpe que sufrieron en julio, con el fallecimiento del tecladista Marcel Curuchet: un episodio de lo más extraño, ya que se dio en un accidente de moto en Estados Unidos. El recuerdo de su amigo “Curucha” sucedió en cada show que dieron luego de volver a los escenarios. Su lugar todavía está vacío y reponerse de la pérdida es un proceso duro para la banda. Pero el público los acompaña.

La relación de No Te Va Gustar con el Norte argentino comenzó en el 2008 y se fue consolidando con cada nueva visita que los uruguayos supieron hacer anualmente. Aunque el grupo toque por todas partes, tiene buena memoria con respecto a los shows anteriores. Lo demuestran sacando a relucir anécdotas de cada provincia en entrevistas con los medios locales y también en los escenarios. “Cómo olvidarme de Catamarca, si estando acá hace tres años me enteré de que iba a ser padre por primera vez”, publicó el diario catamarqueño El Esquiu, a mediados de septiembre, citando a Emiliano. Su gran popularidad no es casualidad, ellos saben la receta: hay que tocar mucho y trabajar, trabajar. Por eso, a pesar del éxito, no dudan en calzarse el overol y realizar esta gira por el NOA, recorriendo cada una de las capitales en fechas consecutivas. Es algo pocas veces visto, que deja en evidencia a otros grandes artistas o bandas que prefieren subir y hacer dos o tres shows y volver a Buenos Aires. Desde luego, esto funciona por el excelente momento que atraviesan: un crecimiento que no parece tener techo. Los recitales de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, con entradas agotadas, son algo muy importante para el difícil ambiente del rock en el NOA. Reflejan el fenómeno que viven en toda la Argentina, donde muy pocos lograron ascender con tanta fuerza.

Algunas preguntas de la conferencia apuntan al presente “popero” del grupo y a su constante rotación en las radios jóvenes de cada punto del país. Mientras el grupo está en el Norte, su último corte de difusión (“A las nueve”) está arriba en varios rankings y su video oficial ya tiene más de un millón y medio de visitas en You Tube. El tema, una marca registrada del grupo, es un rock canción de acordes mayores y menores, con un solo que cae al final. Desde luego, posee una letra melancólica, amorosamente ambigua y de estribillo ganchero. El vocalista responde sin vueltas al tema: “Siempre fuimos una banda de pop rock”. Si bien es cierto, en sus primeros discos NTVG estaba inmersa de lleno en el rock latino o rock fusión, con temas como “Cosa linda”, “Mucho más feliz” o “Déjame bailar”. Pero su evolución musical los llevó a este presente de gran rotación radial. Aparte de la música y la fama, se habla también del apoyo del grupo hacia la lucha contra la violencia de género. Las preguntas sobre la regularización de la marihuana en Uruguay llegan sobre el final. El tema al rock lo toca de cerca y los músicos no se esconden: se muestran favorables a su presidente José “Pepe” Mujica. “El Uruguay es un país pacato, un país de viejos, y la mayoría somos de tendencia conservadora. Uno dice regularizar la marihuana y te comienzan a mirar de reojo. ‘Esto es cosa del diablo’, te dicen. La estamos luchando contra el prejuicio”, dijo el mandatario a la BBC Mundo. Sus palabras coinciden en gran medida con la estrofa inicial de “Por el agua”: “No te parece absurdo discutir si es facho o es zurdo o llorar por los rincones porque existen la droga y los maricones”. El tema, un funky, se puede encontrar en el séptimo disco de estudio del grupo, el flamante El calor del pleno invierno.

Al final de la conferencia, la productora del show anuncia que se vendieron las 3 mil anticipadas, y que el jueves, en el estadio, habrá una reposición de 1500 para los que se hayan quedado sin tickets. El precio (entre $100 y $120) se repetirá en todas las provincias, alcanzando un techo medianamente accesible.

Durante los dos días de estadía que NTVG pasa en Salta, el grupo se divide entre los que realizan excursiones a los puntos turísticos de la provincia y los que pasean por la capital, asistiendo a peñas y pubs y recibiendo constantes pedidos de fotos y autógrafos en la puerta del hotel. A diferencia de otros artistas que suelen abusar de la demagogia, a los uruguayos se les nota un cariño verdadero por Salta. El trompetista Martín Gil lo confirma: “Hace unos años tuvimos esa conversación, diciendo ‘qué bueno que estaría tener unos días acá’”. Emiliano completa la idea: “Claro, la primeras veces veníamos y al toque había que irse. Entonces decíamos ‘qué bueno estaría que nos tocara día libre acá’, y esta vez nos pasó y cuando supimos que era así empezaron los planes”.

Garganta poderosa

El jueves 8 de noviembre, alrededor de 4500 personas copan el Estadio Delmi, superando todas las expectativas de la banda y de la producción local (se agotaron los tickets impresos). En 2011 habían tocado para un público más numeroso, pero formando parte del festival Lo mejor del rock en Salta, donde compartieron fecha con Perro Ciego, Mi Karma González y Las Pelotas (ver Rock Salta Nº 7).

Con un pasaje instrumental la banda sube al escenario, se acomoda en medio de gritos y aplausos y arranca con “Tan lejos”, un referente para esa noche: “gritando con todas las ganas”. Sobre este fuerte desprecio por la salud de sus cuerdas vocales y el buscar sacarse algo de adentro, como un exorcismo que quieren hacer los seguidores, el vocalista responde: “A veces no escuchás ni lo que estás cantando vos, es increíble y está buenísimo, es lo que siempre soñamos. Que escribas algo desde lo más íntimo, desde el interior tuyo, y que termine siendo algo con lo que la gente se identifica es rarísimo y está buenísimo a la vez”.

Esa identificación golpea a todos los asistentes a los shows de NTVG, porque no es exclusividad de los chicos. En Salta, todos gritan las letras, y sorprende que muchos sean tan pibes y ya parezcan tener tantas decepciones encima. Hay chicos de 13 a 15 años que gritan las letras mientras lloran, mostrando que a pesar de la corta edad ya la pasaron muy mal en algunas relaciones. “Debe ser que hay mucho hijo de padre divorciado”, dice Emiliano, entre risas, mientras trata de buscarle una explicación al fenómeno. Pero ahí también hay algo de autoreferencia, ya que esa es su historia. Emiliano vivía de niño en Munro, provincia de Buenos Aires; pero cuando tenía 12 años sus padres se separaron y el rumbeó a Montevideo, con su mamá (el tema “La única voz” está dedicado a ella). Ahí creció y en el secundario formó la banda, que arrancó como trío, haciendo covers de Sumo, Los Redondos, Los Beatles, Los Rolling Stones, Creedence, Jimi Hendrix y “toda esa música que escuchás a los 15 y 16 años”, recuerda el cantante, único integrante que queda de esa formación. De ahí pasaron a los temas propios: “Parecía divertido, empezamos a hacer canciones propias, y nuestros shows empezaron a cambiar de a poco. Paulatinamente se fue dando vuelta la relación y terminamos con lo nuestro, pero fue un paso gigante”, cuenta.

En el Delmi, el calor es sofocante, y aunque son mayoría las chicas (por poco), nada de mirar el show desde el fondo para ellas: al contrario, muchas se prenden al pogo con los changos, quienes son los responsables de varias caídas al suelo por la constante generación de “mosh pit” o círculos. Esto es algo que se está haciendo costumbre en los shows de rock. Antes era en algunos temas específicos, pero ahora es en cada canción. Caminar por el campo es algo muy difícil, y a pesar de lo que pueda pensar un metalero escéptico, el pogo fuerte sí aparece en canciones como “El Camino”, “Más mejor” y “Pensar”. Desde hace un tiempo la revelación de los vivos es Denis: el fornido trombonista le pone mucha energía al show e interactúa constantemente con el público. Por su parte, Brancciari luce una musculosa y un pantalón chupín, y parece haber perdido un poco de peso desde el último show salteño. El cantante enciende los gritos de las jóvenes cada vez que se acerca a un extremo del escenario. Pero lejos de molestarle esa situación, la utiliza, entendiendo a sus fans (por ejemplo, dejándoles cantar solos en “Ya no hay dolor”).

Catarsis, esa es la clave para entender los shows de NTVG. La emoción y el exorcismo de penas, el poder de alguna forma decirle las cosas guardadas a esa persona que amamos tanto y que nos hizo mucho daño. Se sabe, la banda es ambigua: “Mi sueño es la fina mezcla entre la risa y el llanto”, dice “Nada fue en vano”, la canción del nuevo disco que más le gustó a la gente y que ya es fija en la lista de temas, porque ganó cómoda una votación en la red social a las pocas semanas de editado el álbum.

La melancolía, el amor o su pérdida son puntos recurrentes en la banda. “Supongo que deben ser las influencias, el tango. A mí, particularmente, la melancolía me gusta. Me gusta escuchar canciones tristes cuando estoy triste, por ejemplo”; se sincera Emiliano y se suma a la frase de Gustavo Cerati: “Ponés canciones tristes para sentirte mejor”. “Es real, en mi caso -continúa. Si estoy un poco triste lo prefiero, no salgo escuchando ‘Ob-La-Di, Ob-La-Da’ (risas), prefiero escuchar otra cosa; que estén más abajo que yo. Pero la música del Río de la Plata tiene eso, y creo que está respetada en lo que hacemos”.

“El hombre sobrevive a los terremotos, las epidemias, al horror de la enfermedad, y a todas las agonías del espíritu; pero, a través de las generaciones, la tragedia que lo ha atormentado y que lo atormentará más es (y será) la tragedia de la alcoba”, firmó el escritor suicida Jerzy Kosinski y NTVG parece inscripta en ese pensamiento. En el reciente álbum hay mucho de eso en temas como “El error”, “A las nueve”, “Mil días”, “Ese maldito momento” y “Hasta nunca”. Al preguntarle si es en esa faceta donde la banda se siente más a gusto componiendo, y si este es el disco que más habla del amor perdido, Emiliano responde: “Pasa que todas tienen diferentes ópticas. Cuando la historia pasa por otro lado, ahí es como que pueden convivir en el mismo disco. Cuando van por el mismo, ahí empiezan a competir y quizás nos quedemos con uno y el otro quede afuera. Si bien pueden hablar de la misma temática del amor, o del desamor, o lo que sea; pero lo hacen de distintas ópticas, si no se vuelve redundante y repetitivo. Quiere decir que las que hay tienen diferencias en el enfoque”.

A mitad del show salteño, el grupo anuncia que fueron homenajeados como visitantes ilustres de la ciudad. Un rato antes de subir al escenario habían posteado en su Facebook una foto donde se los ve posando con las placas que les entregó el Concejo Deliberante y una simbólica fuente con empanadas. Como en todos lados, a los políticos locales se les cae la baba ante los artistas exitosos y nuestros representantes no son la excepción. Expresando su cariño por la música de la región, y como regalo al público, la banda interpreta “Ni uno suelto”; el tema no estaba en la lista y es la única zamba grabada por los uruguayos. El cierre, que se repetirá en cada provincia del norte, es con la clásica dupla “Al vacío” y “No era cierto”. Fueron dos horas de show, repasando todos los discos y arrancando de la mejor manera posible la gira que al día siguiente los llevará a San Salvador de Jujuy.

La clave del éxito

En menos de 24 horas, la escena es la misma en el Estadio Federación jujeño: una gran cancha de básquet que empieza a llenarse desde las 20.30. Mientras tanto, en boletería, las entradas para platea están prontas a agotarse, al igual que lo hicieron las de campo. Cuando falta una hora y media para el inicio del show, y en medio de gritos y cantos que se escuchan de fondo; Martín y Emiliano reciben a Rock Salta en camarines. Antes de la entrevista, cada miembro del grupo se guarda los discos con rock del NOA: Compilado 2011, Compilado DVD 2012, y material de CalmaNiño, Mr. Royers y Gauchos de Acero.

Como contraste del ruido de afuera, la charla pasa por las primeras y desapercibidas tocadas en pequeños bares de Buenos Aires; cuando a veces estaban acompañados por sus amigos bonaerenses de La Zurda. “Era como que en Uruguay ya nos conocían bastante y acá la experiencia que teníamos nos sirvió para que el público de los bares creciera rápidamente. Entonces acá salimos rápido del under”, recuerda Emiliano, y completa: “Hacíamos un esfuerzo grande para venir, nosotros tocábamos en Uruguay y ya salíamos por todo el país. Y bueno, hacíamos cosas, como tocar en fiestas privadas, que no nos gustó para nada; pero sabíamos que con esa plata podíamos pagar los pasajes y estadía en Buenos Aires”.

Esas ganas de trabajar y crecer se notan hasta ahora, cuando podrían tomarse las cosas más relajadas y no hacer tantas fechas. Martín toma la palabra: “Nos gusta tocar, y nos gusta viajar también. El año pasado pudimos cumplir con todas: en sólo una semana estuvimos en Ushuaia y en La Quiaca”.

Al día siguiente del recital jujeño, el grupo actúa bajo la lluvia en Tucumán, junto a los reformados Bersuit Vergarabat. Los autores de “La bolsa” son los únicos que comparten fecha con los uruguayos en el NOA, ya que no pudieron ser de la partida las bandas locales. Esto podría llegar a cambiar si se aprueba La Ley de la Música, que obtuvo media sanción en octubre, y obligaría a los artistas de renombre a tocar con algún músico regional. Al preguntarles si les gustaría dejar esa elección al productor o les gustaría agarrar una banda y que toque en todas las provincias, Emiliano dice: “No sé. A nosotros nos gusta que nos guste la banda que toca antes, y lo que tiene es que si pasa eso, tendríamos que tocar más espaciado, porque no llegamos a tocar todos los días en diferentes lugares y armar todo para otra banda; si no ya lo estaríamos haciendo. Es por eso que no tocamos muchas veces con banda telonera, no nos da el tiempo. Llegamos a un lugar, los técnicos almuerzan y salen a armar; y después probamos sonido y ya estamos para tocar. Es como que no existe ese tiempo, salvo que lleguemos el día antes y ahí todo cambia”. También recuerda cuando ellos eran teloneros: “Pero lo que tiene también es que para la banda invitada tiene que estar bueno, porque si sale sin probar sonido, es perjudicial para la banda misma. Tampoco es quemar a alguien y decir ‘salí, tocá como puedas; soná como puedas’. A nosotros no nos gustaba cuando tocábamos de banda invitada, era mejor probar un poquito para sentirte cómodo y que la gente te escuche como realmente querés sonar. Si espaciamos los shows podríamos hacerlo”.

La charla se vuelca al reciente material, donde cuentan con cuatro cantantes invitados, sumando a los productores del disco Federico Lima y Sebastián Peralta, que están también en los coros. Martín cuenta la particularidad: “Es buenísimo, porque es gente que nos gusta mucho lo que hace y que de repente escuchamos desde chicos y son referentes. En el caso de Gabriel Peluffo, él era vocalista de Los Estómagos (banda uruguaya) y nosotros crecimos escuchándolos. Ahora está en Buitres. Y en el caso de (Germán) Daffunchio o Fernando Ruiz Díaz (Catupecu) son como referentes musicales, y está bueno compartir con ellos. Además de Jorge Serrano, que compartimos una gira con Los Decadentes, es otra relación con ellos”. Para Emiliano, se trata de “admiración, onda, o las dos cosas”. “Lo que sí es importante –agrega, es que las canciones no piden al invitado, por eso vos escuchás y la canción suena a tal. O le queda muy bien. No es que tenemos la gente y a ver dónde los metemos porque son amigos. No es así, porque si no hace tres discos que hubiéramos llamado a todos”.

Esto salta a la vista, ya que cada vocalista invitado acompaña en canciones que tienen que ver con su terreno musical, e incluso NTVG consigue mimetizarse con el estilo característico de las distintas bandas a las cuales pertenece cada uno de ellos. Por ejemplo, en la canción “Religión pagana” se percibe que pudo haber formado parte del disco solista de Serrano. Emiliano se alegra con esta afirmación: “¡Sí! Cuando yo escribí la canción, cuando la estaba grabando en mi casa, dije ‘uh, a ver’, y puse la voz como la de Serrano (risas), y pensé cómo le quedaría a él. Y ya después, terminando el disco, Guzmán (el bajista), dijo ‘qué bueno que a esta la grabe Serrano’, y ahí comenté que me pasó lo mismo cuando la escribí y le dijimos a Jorge”.

En 2008 habían grabado con el Bocha Sokol y ahora lo hacen con Daffunchio, logrando así colaboraciones de los dos cantantes de Las Pelotas. En la música de los uruguayos el sonido pelotero es una gran influencia. La pregunta es, entonces, si se imaginan tocando con todos esos años de carrera encima; porque como se dijo al principio, arrancaron de pibes y tienen para rato. Brancciari opina: “Y sí, tenemos para rato y ya pasó un buen rato. La verdad, que una banda como Las Pelotas después de tantos años tenga la vigencia que tiene, y sigan haciendo discos de calidad y canciones, es admirable”. Martín cierra la idea: “La manera en la que se presentan también, son muy particulares para trabajar”.

El show del domingo en Santiago del Estero se lleva a cabo en un boliche. Es el lugar más pequeño de la gira. Muchos jóvenes sufren el acoso de la policía y de los de seguridad, que (como siempre) no entienden de rituales de recital de rock. Para muchos grupos o bandas, que los sigan tantos chicos puede ser una carga, ya que hay que tener cuidado con lo que se dice y también responsabilidad; porque es una etapa formativa para el público. Emiliano explica su relación con esto: “La necesidad nuestra es decir lo que sentimos, no sé si pensando en el receptor. Sí después, en campañas específicas. Ahí sí dirigimos la energía hacia diferentes lados, sabiendo quién lo va a recibir. Pero cuando hacemos las canciones son cosas que nos sacamos de encima, y es nuestra forma de ver el mundo, subjetiva en un montón de casos, pero sin saber quién es el receptor final. Pero obviamente que sabemos el peso que puede llegar a tener eso”.

Con ese peso se encuentran dos temas difíciles en el último material. En “Hijo de las armas” se cuenta la historia de un chico que no tiene salida y por su realidad termina robando; mientras que en “Por el agua” también dejan ironía y realidad, en un momento en que la política está tan exacerbada en ambos países que a veces parece que no se puede ser amigo de alguien que piensa distinto. Emiliano se muestra preocupado: “Claro, eso es un locura. Se están polarizando las cosas, o se demonizan por creencias o puntos de vista, y la gente tiende a separase y más con el tipo de relación que existe hoy, más virtual que otra cosa. Y nos estamos peleando por cosas que en muchos casos no hacen la diferencia. No son tan grandes las diferencias entre uno y otro, porque piensen distinto, y las cosas importantes como el agua o el planeta se nos están yendo”.
Históricamente, cuando una banda vive un gran momento se la ataca y se le buscan los “peros”. NTVG no siente eso actualmente, pero sí hay algo que tiene el rock y es que el éxito es mala palabra. Es como que está instalado que una banda de rock no puede triunfar comercialmente. Ya en 1967, The Who bromeaba con esto, publicando un disco titulado The Who Sell Out (“The Who se vende”). Emiliano acepta esta situación en el género, pero no siente que haya que darle bola: “Está buenísimo lo que nos está pasando ahora, pero siempre fuimos una banda paulatinamente en crecimiento y quizás cuando sos más chico le prestas más atención, y te fastidia. Pero te das cuenta que pasa y que a nosotros no nos cambia mucho. Lo que tenemos que seguir haciendo es lo que nos gusta y después esperar. Es verdad que en el rock cuando te va bien a veces es sinónimo de que hiciste algo incorrecto o andá a saber. Como nosotros sabemos desde adentro que no, la verdad que no nos importa demasiado”.

Cuando termina la charla, el grupo graba un video invitación al público peruano para sus shows en ese país que será subido inmediatamente al Facebook oficial. La maquinaria del éxito no parece detenerse, especialmente cuando se alimenta de trabajo constante. El show en Jujuy arranca cerca de las 22, el público se muestra contento y agradecido metiéndole siempre cantitos para la banda o el clásico “¡Jujuy! ¡Jujuy!”. La lista de temas no varía demasiado con la de Salta. Eso sí, hay que estar muy bien del corazón para bancar dos días seguidos temas como “Arde”, “Clara” o “Chau”. A diferencia de Salta, donde sólo hicieron uno, en esta fecha sí se intercalan los dos acostumbrados homenajes al rock argento: durante “Verte reír” hay un pasaje por “Mañana en el abasto”, y al medio de “Te voy a llevar” el público y la banda gritan fragmentos del ricoterísimo “Todo un palo”. Con el acostumbrado final, la banda se despide y recuerda también el apoyo que recibieron de parte de Los Tekis la primera vez que estuvieron en Jujuy.

La imagen de cierre es similar durante toda la gira: cada vez que suena el último acorde de “No era cierto”, miles de personas comienzan a desear que no falte mucho para vivir un proximo show de No Te Va Gustar.

rock salta 13 diciembre 2012

* Nota publicada en la Revista Rock Salta N°13 (diciembre 2012).

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