Coberturas

Exorcizando risas y llanto

El fenómeno NTVG arrancó en Salta su gira por el Norte. Terapia de grupo para más de 4 mil almas, que transpiraron, saltaron y en dos horas de show jamás dejaron de gritar.

Cinco años, cinco visitas consecutivas de No Te Va Gustar. Desde ese primer show en 2008, la banda cambió y la gente que los va a ver también. Los vimos crecer en convocatoria y pasar del rock/fusión, a este presente donde la fórmula de la canción radial los hizo transformarse en un fenómeno de masas. Ellos no reniegan de eso: “Siempre fuimos una banda de pop/rock”, dijo su líder Emiliano Brancciari, el martes por la tarde en una agradable conferencia de prensa para medios salteños.

A principios de año, el show no existía. Después se anunció que se hacía en un boliche de zona sur y luego pasó al Micro Estadio Delmi. Finalmente, la providencia logró que la fecha se realice en el Estadio Delmi. De lo contrario, muchísima gente iba a quedar afuera. La convocatoria fue de 4500 personas, superando todas las expectativas de la banda y de la producción local (se agotaron los tickets impresos). Consiguieron algo histórico en la provincia, ya que en 2011 lograron números similares pero formando parte del festival Lo mejor del rock en Salta.

Para muchas de las chicas adolescentes que llegaron temprano, la espera fue larga y abarcó desde las 20 horas que abrieron las puertas, hasta pasadas las 22, cuando luego de una acertada intro (se bajó un poco la euforia) sonó “Tan lejos”. Justamente la letra de esa canción sería un referente para la noche: “gritando con todas las ganas”. El calor en el estadio era pesadísimo y la mayoría de las remeras de los changos volaron. Por el lado de las féminas, varias arremangaron las suyas improvisando un top. La gran mayoría prefirió estar bien cerca de la banda y el caminar por el campo fue tarea difícil, el pogo fuerte apareció en algunas canciones puntuales como “El Camino”, “Más mejor”, “Mucho más feliz” y “Pensar”. Pero la gran mayoría saltó durante toda la noche: rock apto para todo publico.

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El sonido, gran problema en el Delmi, zafó bastante, aunque muchos instrumentos (como la viola de Bambino) nunca se escucharon del todo bien. La estrella de la noche fue el saxo de Mauricio Ortiz, que se lució al final de “Verte reír”. También tuvo buena participación Denis, el trombonista que es la segunda cara del grupo. Brancciari merece un punto aparte: cada vez que se acercaba a un extremo del escenario se encendían los gritos de las jóvenes de ese sector. Como todo vocalista, es la estampita de la banda, pero no le molesta para nada esa situación, no se esconde detrás de las seis cuerdas (que maneja muy bien) y sabe entender a su público; en varios pasajes se queda callado, como sucedió en “Ya no hay dolor”, dejando así que la gente viva su desahogo emocional.

Una frase del escritor y suicida Jerzy Kosinski dice: “El hombre sobrevive a los terremotos, las epidemias, al horror de la enfermedad, y a todas las agonías del espíritu; pero, a través de las generaciones, la tragedia que lo ha atormentado y que lo atormentará más es (y será) la tragedia de la alcoba”. Esa es la clave para entender un show de NTVG, la emoción y la catarsis, el poder decirle las cosas guardadas a esa persona que nos hizo mucho daño y que amamos tanto. Así de ambiguo es el asunto: “Mi sueño es la fina mezcla entre la risa y el llanto” dice una de las mejores canciones del disco El Calor del Pleno Inviernorecientemente editado por el grupo y del cual interpretaron cuatro temas, incluido el coreado corte de difusión “A las nueve”.

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Expresando su cariño por la música de la región, y como regalo al público salteño, la banda interpretó “Ni uno suelto”, la única zamba grabada por los uruguayos. Con este recital arrancaron una seguidilla de fechas consecutivas que los llevará por las cinco provincias del NOA, demostrando que no se duermen en los laureles y que trabajan muchísimo. Últimamente la banda comenzó interpretar pedacitos de algunas canciones antes de la despedida, pero el cierre salteño llegó sin popurrí y con la clásica dupla “Al vacío” y “No era cierto”. Así, cerraron un repaso de todos sus discos. Fue un caluroso y emotivo show, donde se recordó al fallecido tecladista Marcel Curuchet en la despedida, y que sirvió para demostrar el excelente momento que atraviesan, a pesar de las tristezas.

Hasta el año que viene. 

Galería de Imágenes por Gastón Iñiguez:

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