Noticias

Odio cooltural

Todo en Salta parece dominado por la tradición, sin embargo, existen diferentes expresiones culturales que demuestran que existen aires de cambio esperando su momento. Contracultura y movida punk en la provincia.

por Mariano Arancibia

El campo de la cultura en Salta tiene una marcada impronta tradicional y conservadora. La ciudad capital se ha convertido en un lugar asfixiante donde la cumbia y el folclore dominan el circuito musical. Los resabios de aldea y su tensión con las formas modernas de vida todavía no desembocan en un coctel contracultural de ideas, creación y espíritus locos; entonces, las manifestaciones culturales que intentan diferenciarse de las pensadas en función de los circuitos comerciales no terminan de marcar una clara ruptura con lo viejo y establecido.

Cultura oficial

Aquellos que se alegan la representatividad cultural de la salteñidad afirman que el paisaje de los cerros, las celebraciones cristianas y la familia tradicional son elementos de nuestra cultura. Es decir que privilegian una amalgama de símbolos aislados que son presentados de forma natural y lineal; generando una puesta en escena de un supuesto y pretendido ADN cultural, donde los estándares, normas y costumbres impulsados por los empresarios y el Estado mantienen un esquema rígido. Bien preparado para rechazar lo diferente. Así opera a un armado superficial, sustentado en lugares comunes y una historia estática.

Estas expresiones superficiales son la mascarada del avance del turismo como negocio. La provincia luego de la crisis abierta con el romerismo fue incapaz de abrir una reconversión capitalista de su economía e intentó sustituir su débil estructura industrial, basada en la refinación de materias primas y productos agrícolas, con el turismo. De manera oportunista este sector aprovechó la situación económica que brinda la devaluación y cuantiosos subsidios estatales. Esto lo entendió bien la Iglesia, que impulsó el turismo religioso y así reforzó su presencia y se privatizó aún más el campo cultural.

Pese a esto, el metabolismo social de la ciudad va cambiando. Y se nota en diferentes expresiones juveniles que buscan otros caminos a los propuestos por el mainstream. Es que la decadencia de la cultural oficial y lo asfixiante y retrogrado del peso religioso se va erosionando con el paso del tiempo. También los dislates de los publicistas generan un fuerte rechazo; fundamentalmente, porque una porción de jóvenes descubre que la realidad difiere notablemente del combo que se busca vender. Sobran ejemplos donde para propagandizar Salta La Linda, las campañas devienen en escenas bizarras y burdas, como ver a modelos, que difícilmente hayan montado un caballo en su vida, disfrazadas de “gaucho” por las peatonales o cómo se eligen algunos lugares “bien salteños” donde, paradojalmente, la mayoría de la población salteña no concurre.

Imágenes de lo banal y de la espuma cultural en declinación que no pueden generar una identificación en ningún pibe.

Punk y contracultura

El origen de la explosión punk en Inglaterra estuvo empujado por la crisis capitalista mundial experimentada en la década del 70. La declinación del “Estado de Bienestar”, que con el verso del “progreso”, buscaba acallar el descontento acumulado, llevo a que los jóvenes ingleses utilizaran como canal de expresión el punk. Algunos con una impronta nihilista, más cerca del pesimismo, la irritación, y fuera del bien y el mal (no future) y otros comprometidos con ideales sociales, políticos y culturales enarbolaron su música y estilo de vida como cadenas que golpeaban a una sociedad hipócrita y sin perspectivas como lo era el Reino Unido.

En Argentina, la emergencia de punks fue luego de la sangrienta dictadura y de la guerra de Malvinas, hacia finales de los 80. En un contexto de movilizaciones obreras que ponían en jaque a los militares, el punk comenzó a gestarse en el under porteño con una visión acida y critica de la realidad social. Los Laxantes, Alerta Roja, Los Violadores o Los Barajas, entre otros, en los albores de la escena manifestaron un repertorio con un mensaje directo contra la represión, el nacionalismo y el régimen político. Sus verdades vomitadas hacia el stablishment y los partidos tradicionales, que en medio de la primavera alfonsinista no podían ocultar el descontento social, fueron un camino elegido por la juventud en oposición a la desgastada e integrada movida hippie que dominaba la escena del rock argento. Es que los tiempos caldeados que se vivían no daban para agitar proclamas superficiales de amor y paz. Los años 90 fueron el esplendor del movimiento: Flema, Dos Minutos o Todos tus Muertos vivieron sus tiempos de masividad y representaron una válvula de escape a la propuesta frívola de pizza y champagne del menemato. Así, con canciones similares a postales de época, el disco Valentín Alsina de Dos Minutos (editado en el 94) consigue identificar, a una porción de la juventud de las barriadas argentinas golpeadas por el desempleo y el abuso policial. Temas como “Odio laburar” o “Ya no sos igual” consolidan un mensaje crudo, con letras directas y contestatarias.

A Salta los coletazos llegaron recién hacia finales de esa década. Sin embargo, las condiciones que produjeron indignación, bronca y odio a los jóvenes en aquella oportunidad, en la provincia continúan estando presentes pero no desembocan en un estallido.

El Punk frente a lo tradicional en la cultura local

Pensar a la cultura local en la relación a lo tradicional y lo alternativo es complejo porque domina (y esta asumida) la idea de que las formas de vida y las identidades están en su lugar y que nada puede incomodar: que no hay espacio para lo disonante. “Salta es una provincia conservadora, ultra católica y la modernidad todavía no penetró totalmente. Por eso las movidas contrahegemónicas no llegan a desarrollarse”, dice Pablo Cosso, estudiante de Antropología de la UNSa.

Pablo tiene 39 años y vivió en Buenos Aires gran parte de su vida. Estuvo en la gestación y esplendor de la movida punk- rock en Argentina, hacia finales de los 80 y principios de los 90. Hace poco publicó su primer libro, Escritos Antro-Punks, donde compila material y la experiencia del movimiento under porteño, lugar donde forjo sus ideas: participó de luchas callejeras contra los edictos policiales y en varias movidas artísticas punks-contraculturales. “Los punks son producto de la modernidad pero en un sentido contrahegemónico, que por lo general, coagula en capas medias. En Salta la modernidad sublima en la parte establecida y no en la contracultura, que representa el punk. Entonces, estos valores no se desarrollan por la sociedad conservadora en la que vivimos. Aquí, los pibes punks, en algunos casos, son aquellos que tienen un billete y no tienen una visión clasista. Por ejemplo, en Buenos Aires había pibes de la clase media que activaban para difundir el mensaje punk en toda la sociedad. Y si comparamos esa clase media con la de Salta aquí no existe ese espectro. Porque la clase media alta aquí es la tiene un peso y después no hay un estrato medio activo anti stablishment, la mayoría están cómodos en el lugar que ocupan”, señaló.

En ese sentido indicó que “en Salta hay una escena punk pero no un movimiento”. Y precisó: “Un movimiento tendría que estar formado por gente que articula con luchas sociales de diferente tipo: clasistas, de pueblos indígenas, con gente que toma el espacio público para reclamar su descontento. No hay varios fanzines ni ferias. No hay sellos discográficos y un movimiento tiene que tenerlos. Sin embargo, desde finales de los 90 y principios del 2000 existe una escena con varias bandas”.

Al referirse a las causas del escaso desarrollo de una movida punk contracultural en Salta, Cosso indicó que “el contexto social no lo permite” y a la vez remarcó: “En Jujuy hay pibes que todos los domingos tiran un paño con sus fanzines, en cambio, aquí sí uno llega a tirar un paño en la legislatura viene la policía y te levanta. En Jujuy y Tucumán, hay más movida que en Salta. Aquí recién, a fines de los 90, aparece Desequilibrio Emocional, que tiene una inclinación nihilista y es la primera banda punk. Entonces, el punk entró desde hace poco tiempo, sí lo tomamos desde principios del 2000, es apenas poco más de una década. Otra pata es la falta de lugares, así todo es más difícil”. 

“Hay una clara escena, eso quiere decir que hay un espacio donde tocan bandas y gente que está alrededor. Sin embargo todavía no pasa más allá de los recitales. En un principio pensé que era fantasmagórica pero después de investigar me di cuenta que hay grupitos y barrios que mantienen la cuestión. En Tres Cerritos es un lugar donde hay grupos de chicos que se identifican con el punk. También en Villa Primavera, San Antonio, en el centro o en zona sur. Si bien no es masiva la movida, si uno rastrea encuentra a pibes que se identifican punks”, aseguró. 

Yuta, yuta…

“En la mayoría de bandas de aquí, se puede decir que siempre hubo un fuerte rencor anti-policía”, manifestó Cosso. Y en esa línea agregó: “En Salta la experiencia de los pibes con la policía es de choque: caen en cana por estar parados en la esquina, por tomarse una cerveza o fumarse un porro, caen en las comisarías y le arman causas, la policía de aquí es juez y policía. Hay un fuerte estado policial en la provincia. Por esto en canciones de bandas como Desequilibrio Emocional, N.E.L.I, Sinestesia se ve como repudian a las fuerzas de seguridad. Estamos en un lugar donde todavía existe la averiguación de antecedentes como ocurría en Buenos Aires a fines de los 80 y principio de los 90. Allá los punks se pararon contra los edictos policiales y fueron uno de los agentes de cambio más importantes para que caiga esto”.

Además, consideró que se observa un desplazamiento del punk hacia otros aspectos. “Lo que hicieron las chicas de la facultad de Humanidades de Heraclitoris en el Concejo Deliberante contra el proyecto de (AroldoTonini representa una actitud punk. Porque en la cara le dijeron: ustedes que se creen los más católicos recalcitrantes del mundo, les mostramos una chica vestida de cura con la foto de una vagina. Hay un desplazamiento del punk hacia otros lados, pero ya se veía esto en los 90, recuerdo haber hecho una actividad anti Mc Donalds en Buenos Aires, o que algunos punks juntaban tachos de mierda durante días y después lo tiraban contra las vidrieras o pegaban chicles en los tapados de piel que estaban para la venta”, señaló.

En julio de este año se llevó a cabo la Segunda jornada contracultural hardcore-punk en el centro cultural La Ventolera donde se presentó un compilado de bandas titulado Acción Hostil, con una importante concurrencia. “Todas las bandas que hay tienen la visión del hazlo tú mismo, no tienen managers, organizan sus shows, cuando invitan bandas de otros lados las hacen parar en su casa. Hoy la escena asume identidad punk: esto se vio en la jornada que hicimos. Lo que se puede ver es una cuestión de solidaridad y comunitarismo, gente se está juntando, falta que tome mayor fuerza en un lugar de manera continua”, dijo al finalizar la charla.

Punk not dead

La rebeldía juvenil, siempre, busca ser asimilada por el Estado y el mercado, generando cursilerías inofensivas para el poder; la trasgresión, el desparpajo y la desobediencia son atributos que se buscan frenar para que las tradiciones de la cultura oficial continúen generando un ánimo bajoneante y de impotencia entre los que buscan nuevos aires. El futuro no está escrito, decía Joe Strummer, cantante de The Clash, como propuesta alternativa a la impotencia del “no future” fogoneada por los Pistols. Tomar estas ideas y llevarlas adelante es la tarea de los jóvenes de hoy: la calle dividirá caminos y la posibilidad de generar otra cultura estará cruzada por las generaciones, la historia y la lucha de clases.

Una versión acortada de esta nota fue publicada originalmente en el semanario Cuarto Poder.

Seguí leyendo

Si llega a ser tucumana

Eduardo Pece

Pogo intercultural

Redacción

Regresa Arbolito

Redacción