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Quedaba mucho por hacer

En 2004, mientras intentaba reinventarse como un blusero reconocido a nivel mundial, Pappo visitó Salta y tocó en un estadio semivacío. Los caprichos y la genialidad de un artista legendario.  

Foto de Bernardo Rodriguez Berri

En 2004, Pappo gozaba de un recuperado éxito comercial de la mano de Buscando un amor (2003), el disco for export producido por Jorge Rodríguez. Corcho, el millonario amigo de los rockeros pesados y ex de Susana Giménez, había convencido al Carpo para editar un álbum a la altura de su leyenda y de las ambiciones comerciales que el músico tenía y no reconocía. Con “Rock and Roll y fiebre” sonando en todas las radios y musicalizando los programas de televisión más populares, Norberto Napolitano volvía a los primeros planos musicales. Algo que no sucedía desde hacía más de diez años con Blues local y el súperhit “Mi vieja”.  

El plan a mediano plazo era posicionarlo en el circuito blusero estadounidense, y de ahí al mundo, un objetivo que había estado cerca de concretarse más de una vez, pero, como cuenta Sergio Marchi en el fundamental libro El hombre suburbano (2011), la inconstancia y la tendencia a la autodestrucción que poseía Pappo lo habían impedido.

Esta vez parecía distinto. Pappo había versionado clásicos del género (“Rock Me Baby”, “The Thrill is Gone”, “Little Red Rooster”) cantado en inglés. Buscando un amor era un disco claramente profesional. Nada de álbumes de trinchera para las huestes como El auto rojo (1999). El Carpo hasta había aceptado las cuerdas en “Katmandú” y los caños arreglados por Javier Malosetti después de cierta negativa casi obligada para mantener el personaje.

Pappo necesitaba y quería que se lo reconociera como la leyenda que era. El disco doble autohomenaje publicado en 2000 (Pappo y Amigos) había sido el primer paso. En noviembre de 2004 realizó presentaciones en conjunto con el baterista estadounidense Tony Coleman en Buenos Aires: el Tributo a B.B. King era otro eslabón en la cadena. Poco más de un mes después, el miércoles 22 de diciembre, Pappo se tomaba un avión en Aeroparque y dos horas y media después aterrizaba en el Aeropuerto Martín Miguel de Güemes de Salta, donde el 23 debía realizar un concierto en el microestadio Delmi.

“El 23 nos citan a los medios a una conferencia de prensa a las diez de la mañana en la Casa de la Cultura. Cayeron todos, hasta los programas tipo La Topadora, que van cuando hay un artista importante. Yo me había acostado a las siete y media de la mañana y a las diez estaba ahí. Pensaba ‘Pappo no se va a levantar’, pero por las dudas se portara bien, fui puntual. Y el hijo de puta cayó cerca del mediodía. Era posta que no iba a ir a las diez. Llegó bien, se sentó y se agolparon los medios, había muchas cámaras. Pappo estaba en la cresta, había sacado un disco que estaba sonando más allá de los ámbitos específicos del rock. ‘Rock and Roll y fiebre’ sonaba mucho. El finado (Omar) Salgado hizo la primera pregunta, media rara, enciclopédica, y Pappo lo quedó mirando. Después, una mina que era un camionazo le preguntó ‘¿por qué te vestís de negro?’ (risas)”, recuerda el periodista Tony López, que en ese momento escribía para el diario El Tribuno.

El concierto de Pappo en Salta era la celebración del programa de televisión Studio Rock, que conducía José María Elíazarian. El flyer del show anunciaba como bandas soportes a La Forma (sic), Zebolla de Vidrio (sic de nuevo) y Escencial (otra vez). Las anticipadas se vendían en la extinta disquería Twins, en Soul (que todavía resiste) y en el ahora mítico y desaparecido bar Esquina Libertad, de Zuviría y Ameghino. Auspiciaban la imprenta Multigraf, Twins, Apple Sound y el natatorio (?) Babilonia.

A pesar de que Pappo se encontraba en un gran momento mediático y comercial, aún quedaban algunos pesados vestigios de ese pasado caótico digno de Say No More. Cuando los productores salteños se comunicaron para cerrar el show, el propio Carpo llevó adelante las negociaciones. No tenía mánager. O por lo menos no se encargaba de todos los movimientos del músico.

Se acordó que el baterista Bolsa González, el bajista Yulie Ruth (autor de la balada “Juntos a la par”) y un asistente viajaran en colectivo desde Buenos Aires, mientras que Pappo lo haría en avión. Para venir a Salta, pidió dos pasajes aéreos. La organización local preguntó para quién.

– Para Cáctus.

– ¿Quién?

– Mi perro.

El histórico terrier, que solía presenciar los shows de su dueño al costado del escenario, se quedó en su casa en Buenos Aires. Cuando llegó a Salta, Pappo se alojó en el Hotel Plaza, a la vuelta de la plaza 9 de Julio. El día del recital, el jueves 23, brindó la conferencia de prensa en la Casa de la Cultura, almorzó en La Monumental y fue a la prueba de sonido en el microestadio a las tres de la tarde. Con los productores, el Carpo se mostraba intratable, una mala onda típica, casi un juego que lo divertía. Con la prensa y algunos fans, en cambio, era distinto. Después de la prueba accedió a más entrevistas y charló con tranquilidad.

“Estaba de buen humor – sigue López-. En la conferencia de prensa le dije que Buscando un amor tenía muchos puntos de contacto con Blues local, me señaló y me dijo ‘Good’ (“bien”). Después le pedí una foto, accedió y justo cuando la sacaban apareció el yeguón que le había preguntado por su vestimenta, entonces sale mirando para el costado (risas)”.

La noche del 23 de diciembre de 2004, Pappo llegó cuarenta minutos tarde a su recital, lo que provocó un bache gigantesco entre los grupos teloneros y el número principal, además de las puteadas de los escasos presentes. Mientras todos insultaban, los productores lo llamaban al hotel, desesperados. “Esperá, me voy a bañar”, contestó. Estaba acompañado por dos chicas en su habitación.

Finalmente, Pappo llegó bañado al microestadio, pidió chicles y subió al escenario. Los insultos mutaron en ovación, pero el show no arrancaba, el artista tenía nuevas exigencias. Quería Fernet Branca “en botellitas chicas”. “No toco si no están esas botellas”, amenazó. Los productores salieron corriendo al kiosco que está atrás del Delmi y consiguieron algunas. Mientras tanto, Pappo afinaba la guitarra frente a su público.

El concierto del 2004 no fue el primero que realizó Pappo en Salta. Se recuerdan sus diversos pasos por nuestra ciudad, como el de 1993 en el Salta Club, por entonces el reducto rockero de la ciudad, de pésimo sonido. Compartió fecha con El Dragón, y los locales Aspid y Fulton (los últimos no tocaron porque sus integrantes se agarraron a trompadas en la puerta). No había mucha gente, unas 250 personas, y Pappo pidió que los que estaban en las populares se adelantaran a las partes vacías de la platea.

En 1995, tocó en el Estadio Delmi, en un festival solidario para el Hospital de Niños, organizado por Ricky Maravilla, junto a Ratones Paranoicos, 2 Minutos y “doce mil grupos de cumbia”, recuerda Tony. El Carpo estaba por sacar Caso Cerrado y estrenó su versión de “Ruta 66”. Esa noche ocurrió una famosa anécdota: Pappo golpeó al periodista Sergio Di Lorenzo, que hacía entrevistas para el programa de televisión Al margen de todo vestido de mujer. “Se le acercó vestido de mina, ‘ay, Pappo, ay, Pappo’, y el Carpo de un solo bollo lo mandó contra la pared”, sigue López. La cosa terminó en la Justicia.

El último show en Salta fue en un microestadio semivacío, ante unas 300 personas. Los organizadores esperaban por lo menos mil. Con todo, el concierto fue un claro indicador de la buena forma en la que Pappo se encontraba en ese momento. “Se lo notaba muy enfocado, con todas las pilas”, dice López.

Casi dos meses después, el 25 de febrero de 2005, un absurdo accidente en una ruta bonaerense terminó con la vida de un músico que ya era leyenda y que aún sentía que tenía mucho por hacer.

* Informe publicado en la Revista Rock Salta Nº 21 (enero – febrero 2015), a la venta a solo $ 30 en todo el país desde www.tienda.rocksalta.com.

RevistaRockSalta 21

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