Coberturas

Quilmes Rock 2009 en Salta: Noche de calor en la ciudad

Tras mucha polémica, el Quilmes Rock pasó por Salta. El Delmi vibró con lo mejor del rock salteño, Los Cafres y Los Fabulosos Cadillacs. RS te lo cuenta.

Fotos y video: Pablo Choke Torramorell

En el Delmi hubo dos grandes protagonistas que no serán olvidados: uno fue el calor, imposible, insoportable e inevitable. El otro gran recuerdo -que los presentes se llevaron bien guardado en sus celulares con cámara, como si esos aparatos conservaran los momentos mejor que uno- es el show que dieron Los Fabulosos Cadillacs, una de las bandas más importantes de los últimos quince años en nuestro país y Latinoamérica. Un recital que nos hizo pensar a todos por qué son la banda que son y qué es lo que significan para la música popular argentina.

Pero eso fue recién al final, cerca de las doce de la noche. La cosa había comenzado un buen rato antes, a las 17 más precisamente, cuando los primeros valientes se animaron a acercarse al estadio y resistir el sol en su piel mientras esperaban que se abrieran las puertas. Los mismos que después ingresaron antes que casi todos e intentaron estar contra las vallas durante las cinco horas del festival, soportando mientras tanto un calor todavía peor, sin olvidar la presión que ejercían miles de personas sobre ellos. Un aguante bárbaro. 

A las 19, con algunos cientos dando vueltas dentro del estadio, Calmaniño abrió la jornada con un recital corto y contundente, al recontra palo. Hicieron cinco canciones en veinte minutos –arrancaron con “Los muertos”, terminaron con “El Calmaniños”-  y aprovecharon muy bien el lugar que ganaron en el concurso de bandas. La gente respondió porque la banda entregó todo y brindó un buen set, a pesar de tener cosas que le jugaban en contra, como ser todas las luces del estadio encendidas y casi ninguna sobre el escenario.

Menos de diez minutos después del final de los Calma, apareció Perro Ciego versión 20 años: los cuatro músicos del grupo más los tres invitados con los que la banda busca reforzar su sonido. El show de la banda del Salchi fue el que menos se recordará de los cuatro. Así como nadie se acuerda de que Pier tocó en el Quilmes 2004, pocos tendrán en la memoria lo que hizo Perro Ciego en esta edición 2009. Las razones son dos: a la banda se la notó en piloto automático, como si tocaran para cumplir y, lo más importante: no tenían nada que hacer en ese festival. Hubiese sido mejor convocar a un grupo local que haga música acorde a los demás y, por ende, al festival –Mi Karma González, El Barco del Abuelo-. El rock and roll de Perro pasó desapercibido. Eso no significa que hayan tocado mal, en absoluto. Sonaron muy bien y ajustados. Pero ya todos sabemos que eso no siempre alcanza.

Luego de los cuarenta minutos de Perro Ciego, con un estadio que iba aumentando su temperatura interna a medida que la gente seguía entrando, Los Cafres dieron comienzo a su corto pero excelente show. Cuando apareció, después de que el resto de la banda comenzara a tocar, Guillermo Bonetto –boina azul, remera rosada, pantalones a cuadros, zapatos blancos- provocó un alarido femenino bastante importante, lo que confirma que el grupo hace rato dejó de pertenecer exclusivamente a la escena reggae para transformarse en uno de los que más rotan por la radio y la tv.
 
“Hoy hacemos un show corto porque esta noche es de los Cadillacs”, dijo Bonetto, justificando los sesenta minutos en los que la banda estuvo sobre el escenario. A pesar de que fue poco tiempo, el grupo supo aprovecharlo muy bien, haciendo casi todos sus éxitos y enganchando varios de ellos, para que entre la mayor cantidad. “Sinsemilla”, “Suena la alarma”, “Aire”, Tus ojos”, “Bastará” y “De mi mente” fueron algunos de los temas que hicieron en un set que comenzó con un sonido un poco deficiente pero que remontó mucho hacia el final. Cuando llegó la última canción – “Si el amor se cae”, no hubo bis- Los Cafres se habían ganado al público. Distinta fue la imagen que dejaron la última vez que tocaron en Salta, hace casi cinco años, cuando compartieron escenario con Catupecu. Esta vez, la rompieron.

A las diez menos cuarto de la noche la temperatura seguía subiendo y comenzaba a escucharse la música que LFC utilizó en toda esta gira regreso para comenzar sus shows. Una canción que parecía sacada de una serie policial mientras todo el estadio esperaba a oscuras que aparezca el grupo. Desde la izquierda –el resto de las bandas apareció por el otro lado- con el tema todavía sonando, aparecieron todos, en fila, encabezados por Sergio Rotman, y una vez ubicados, se quedaron parados, inconmovibles, mirando hacia adelante, mientras el público los ovacionaba, como si fueran Michael Jackson en los comienzos de los recitales de Dangerous. Los Cadillacs siempre tuvieron este tipo de ingresos entre bizarros y paródicos que les encaja perfecto.

Cuando comenzó a sonar “Manuel Santillán, el león”, mientras Vicentico sacudía el micrófono inmerso en su pollera escocesa, Rotman arengaba a la gente y a Flavio le agarraba un ataque de Tete Iglesias; el Delmi se vino abajo. Comenzaban casi dos horas de una fiesta total, porque LFC, goza de un muy buen momento, a pesar de que su gran época ya pasó y sus mejores discos hace rato fueron editados. La banda suena muy bien, con oficio, sí, pero le ponen pilas, huevos, actitud. Además, es cierto, poseen un repertorio casi imbatible. Nadie que tenga entre 15 y 45 años puede desconocer la mayoría de las canciones que sonaron.

Cuando aparecieron temas como “El aguijón”, “Demasiada presión”, “Vos sabés” –que Los Cafres habían realizado un rato antes-, “Calaveras y diablitos”, “Padre nuestro”, “Saco azul” o “El genio del dub”, fue imposible quedarse quieto, imposible no relacionarlos con algún momento de la vida.

Con un Vicentico parco, como siempre, pero buena onda –le tiraron agua desde el campo y lejos de enojarse, devolvió las gentilezas- la banda repasó todas las etapas de su carrera centrándose en los años 91-95, los de mayor éxito comercial y expansión internacional. La etapa más experimental y rica de la banda –la última, de Fabulosos Calavera y La marcha del golazo solitario- fue dejada de lado. La primera época, en cambio, tuvo algunos momentos, como “Mi novia se cayó en un pozo ciego” o “Silencio hospital”.

Después de un doble homenaje conducido por Flavio en voz y guitarra – primero al fallecido percusionista de la banda Gerardo “Toto” Rotblat, con “Nosotros egoístas” y después al grupo que les marcó el camino, The Clash, con “Guns of Brixton”- comenzó la recta final del recital con golpes a la mandíbula como “Mal bicho”, “Matador”, “El satánico Dr. Cadillac”, “Carmela” y “Carnaval toda la vida”.

Casi a las dos horas de show llegó el bis, con “V centenario”, “Siguiendo la luna” y, finalmente, “Yo no me sentaría en tu mesa”. Cuando el concierto terminó, la banda se quedó otra vez, parada frente a la multitud que la ovacionaba, pero esta vez con una actitud relajada y expresiones cansadas pero felices. Las mismas expresiones que tenía el público.

Quilmes Rock 2009: guerra mediática.

Quilmes Raaack.

 

 

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