Entrevistas

Cocinando éxitos

Rafael Arcaute es uno de los productores más exitosos de todo el continente. El encargado de los últimos discos de Spinetta, Calle 13, Andrés Calamaro y Diego Torres pasó por Salta como tecladista de Illya Kuryaki y aseguró que lo único que importa es hacer buenas canciones.

Rafael Arcaute promedia la misma edad que los IKV y en los últimos diez años también desarrolló una carrera solista, logrando premios y reconocimiento. Hoy en día es uno de los productores musicales más reconocidos y buscados de Latinoamérica. Para los Kuryaki grabó y produjo Chances (2012) y ahora oficia como tecladista en vivo. Antes trabajó con cada disco que editó Spinetta en la década pasada y acompañó a Calle 13 en su camino al éxito.

Por su forma de vestir (bermudas, campera que hace juego y botas) Rafa sería un típico turista extranjero que camina por las calles de Salta. En el salón del hotel y mirando por sus ventanas, escudriña el cerro San Bernardo, pregunta datos de la ciudad y se interesa por los lugares que puede llegar a visitar en este par de días que va a quedarse en La Linda. Molotov y los Kuryaki ya terminaron de dar todas las entrevistas pautadas y la encargada de la coordinación recibe con agrado la noticia de que no se tiene que quedar si no quiere.

En la charla, Arcaute va dejando anécdotas que incluyen importantes nombres propios con los cuales trabajó, como Diego Torres o Andrés Calamaro. “Quiere hacer un disco de mil canciones. Las está subiendo todas al Soundcloud. Está en esa cruzada. Y por fuerza de contenido y perseverancia termina generando algo”, dice sobre la actualidad del Salmón, a quien le produjo el disco On the Rock (2010). Pero aclara: “En realidad, más que canciones son impresiones musicales. Son expresiones de arte que te pueden gustar o no. Está todo el mundo utilizando esos medios porque la industria ha cambiado y va a seguir cambiando.”

En la actualidad, dicha industria se desploma, busca salvadores constantemente y todavía no sabe bien para dónde dirigirse. “Cuando entrás a grabar ya sabés que no vas a vender discos. Mejor dicho, que la gente no los va a comprar, porque los discos están a la venta”, señala.

A pesar de ser un laburante del sonido, no ve con malos ojos la música vía web o el reinado del mp3. “La música no se pierde. Llegué hace dos días de Los Angeles, me junté con diez autores a escribir canciones. Y las grabamos así, con el teléfono. Y al final, te digo que eso es la música. Lo que suena, no cómo suena. Eso es una circunstancia”. Arcaute no es uno de los tantos puristas pro vinilo que aparecieron últimamente. “Los formatos han ido evolucionando y cada vez que se cambiaba parecía que se terminaba la música, la industria. Cuando apareció la doble casetera te copiaban todos los casetes, entonces inventaron el CD y las bandas empezaron a hacer discos dobles. Ahora se va el formato del disco y aparecen temas sueltos, ¿y dónde los ponés? En un teléfono, en un pendrive, en una página. Todo va cambiando”. Y cierra: “Los Beatles grababan en cuatro canales y el resultado era muy bueno también. Entonces, lo técnico no debería limitar lo musical.”

Una y otra vez el nombre que se repite es el de Spinetta. “Con Luis aprendí muchas cosas que me fortalecieron y que las sigo aprendiendo, como que a veces sigo decantando mucho”. Se conocieron mientras Rafael trabajaba en uno de sus primeros discos en La Diosa Salvaje, el estudio hogar del Flaco. En esos días compartieron desayunos, almuerzos y luego de escuchar lo que hacía el recién iniciado productor, Spinetta lo eligió como coequiper de la cocina de sus discos. Al igual que harían luego Javier Malosetti, Babasonicos, y Dante y Emmanuel en sus carreras solistas. Sobre el Flaco, reflexiona: “Necesitás artistas estoicos como Spinetta, que vivió y se murió en condiciones muy humildes. Uno por ahí se imagina que vivía como se lo merecía, como un ciudadano ilustre. Él no lo aceptaba, pero merecía premios de cultura y otras situaciones. Y en este país, lamentablemente, hay mucho talento que se termina atrofiando porque no se desarrolla. La cuestión de fondo es que la gente está cada vez menos formada, no hay educación.”

El consagrado productor demuestra un gran amor y respeto por la música, pero le escapa al encasillamiento de los géneros y defiende por sobre todo a las canciones y lo humano. “Lo más importante es que se hagan discos con canciones, no discos con letra y acordes que acompañen las letras. Discos con concepto, con mensaje, que la hagan reflexionar a la gente. Que les de algo para su vida. Todo el mundo, cuando escucha una linda canción, que cuenta una linda historia y se siente identificado; se moviliza y esa movilización genera un cambio en su vida”. Y cómo no creerle a quien orquestó y grabó, “Latinoamérica” y “Águila amarilla”, dos de las canciones más emotivas del último par de años. “Lo de la canción lo aprendí de Diego Torres. Con él y con un directivo de (la discográfica) Universal. Aprender el valor de la canción, y resignificar a través de eso a muchos artistas. Porque uno a veces dice ‘uh, Diego Torres, no’; puede tener mil prejuicios. El tipo es un laburante de la música. Realmente trabaja”, continúa.

Con su experiencia a cuestas, Arcaute muestra una claridad de pensamiento. “El denominador común de Spinetta, Calamaro, Diego Torres y Calle 13 es que son todos laburantes de la música y que persiguen transmitir algo, dejar un mensaje, que no hacen cosas que tengan un sentido a corto plazo. Quieren perdurar en la gente. Mirá, Lúis se murió pero no se va más, su música crece cada día más. Y eso lo logran pocas personas. Creo que la base de eso es la conducta humana. Era un tipo muy especial, no es para todo el mundo. Y no solamente en la música: socialmente. Es una fuerza que creo que los Calle 13 la tienen, que Andrés en su forma la tiene, que Diego también la tiene”. Para redondear, establece que “es importante la canción porque, cuando hacés el zoom, los que quedan son los artistas que dejan obra». «Imaginate analizar estos cinco años de la música dentro de cien años -agrega: te puedo nombrar cinco mil grupos que nadie los va a recordar, no van a tener ninguna importancia.”

Sus días transcurren en aviones, largas horas en estudios de grabación o en la intimidad de alguna pieza de hotel, siempre con su Mac a cuestas, trabajando en los posibles éxitos por venir. En distintas entrevistas que le han realizado (en especial luego de los premios Grammy obtenidos en 2011 junto a Calle 13) destacan su trabajo con planillas de Excel donde lleva datos del tiempo y el trabajo realizado. “Ordenar el caos de un artista es fundamental”, declaró en la revista Brando, de la cual fue tapa a fines del año pasado.

Pero no sólo con reconocidos artistas trabaja el responsable en estudios de la vuelta de Illya Kuryaki & The Valderramas. “En Córdoba hay una movida muy grande de unos chicos que a mí me interesa mucho y los intento apoyar como puedo y los tengo haciendo canciones. Quieren grabar, quieren hacer y mi mejor consejo es que hagan canciones. Después, cuando van y tocan; si la gente realmente se acerca auténticamente, es lo único que importa. La transmisión de una canción y conmover al otro.”

El mensaje es el mismo para quien suele componer codo a codo los temas que van a formar los discos. “Yo entré en febrero (al estudio, a grabar Chances), cuando se murió Luis, y el disco lo terminamos en agosto. Ellos se juntaron antes y empezaron a reencontrarse y a volver a generar su relación. Tuvieron un momento de intimidad. Siempre hay algo humano pasando que es más fuerte que hacer un disco. Y creo que ese momento nos juntó a los tres de una manera diferente. No es que nos juntamos para hacer un disco y era eso. Estábamos en el medio de un duelo, estábamos proyectando un montón de cosas de la vida.”

Es fuerte saber que un disco que te da tantas ganas de bailar está hecho en esas condiciones.

– Tiene de todo. Y creo que las ganas eran esas, ganas de hacer todo lo que se pueda.

¿Vos, como productor, creás al lado del artista?

– Es una necesidad de la producción. Con cada artista es diferente, pero me parece que un disco parte de las canciones. Si no hay canciones no hay disco para hacer. Por ejemplo, a mí me viene un proyecto nuevo, de unos chicos. Y vienen con ansiedad, con un montón de ganas y se rayan porque me dan los temas y les digo “mirá, todavía no hay una canción, es una buena idea. Esto es un buen verso, esto es un buen coro, vayan a seguir laburando y vuelvan”.  Hay muchos, que cuando los mandás a hacer las canciones, agarran, se van al estudio de la vuelta de mi casa, se meten, las graban, están un año grabando un disco que los desgasta como banda, como músicos, como personas. Lo terminan, tienen el disco, tocan una vez en un pub, vienen los familiares, les dan el disco y se terminó todo. Y se gastaron una bola de plata para grabar el disco, porque la salita de la vuelta se los grabó, y no tiene sentido eso. Es una buena experiencia, si es necesario, para disipar esa curiosidad con la música; pero el trabajo realmente en serio es cuando trabajás las canciones. El primer presupuesto que yo trabajo es el talento y el tiempo. Me ha pasado con proyectos de estas productoras nuevas que invierten y tienen plata. Pero no me deja nada, porque yo necesito hacer discos que duren en el tiempo.

¿Te parece que la cantidad de música que existe hoy en día a disposición de todos juega en contra?

– No, no, me parece genial que esté internet y que los discos te los regalen, porque levanta mucho la vara de la exigencia. Viene un pibe de veinte años y es una bestia y hace cosas buenísimas y genera un compromiso artístico de los demás para levantar el nivel y trabajar mejor.

Entrevista publicada en la Revista Rock Salta N°14 (abril-mayo 2013)

 

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