Foto: Facebook La Mississippi
Entrevistas

Ricardo Tapia vuelve a Salta | «La gente necesita escuchar a los artistas»

Hablamos con el líder de La Mississippi antes de su presentación en vivo este domingo en nuestra ciudad. Proyectos, shows y las ganas de volver a la realidad.

Ricardo Tapia, líder de La Mississippi, llegará a Salta este fin de semana. Tendrá una agenda apretada y musical. Vendrá a producir el nuevo disco de Bar 12 y aprovechará para presentarse en vivo este domingo 4 de abril a las 21 en El Bodegón Espacio Cultural (Islas Malvinas 271). Las entradas generales se consiguen a $500 en Grissini Cultura Bistro (Esteco 117). Los cupos son limitados.

Tapia es un viejo conocido de la escena del rock y el blues salteño. Ha compartido escenario en más de una oportunidad con Perro Ciego y esta vez el vínculo se extenderá a los miembros de Bar 12, con los que trabaja desde fines del año pasado. Seguramente los miembros de ambas bandas y otros músicos locales se sumarán a la zapada blusera de este domingo, que promete ser intensa.

«La idea es un poco volver a Salta, ver a los amigos allá, ver a los productores y esto de grabar el disco me resulta muy interesante porque yo nunca grabé en Salta. He grabado grupos en las provincias pero nunca fui a un estudio en Salta», dice. «Nos gusta la idea, ya tenemos todo más o menos planificado. Estamos contentos de que pudimos lograr esta producción porque lo interesante de todo esto es que la banda es buena pero también quería apostar a tener una producción para poder llevar adelante sus canciones. Y eso a mí me gustó. Trabajamos hace bastante tiempo con todo el concepto de cada canción».

– ¿Cómo se contactaron?
– Me llamaron ellos por contacto de la gente de blues de Pergamino, del festival, porque ellos suelen ir. Y empezamos a hablar para producir material nuevo. Escuché la banda, me gustó, me gustó lo que se podía hacer mejor. Cuando escuchás a una banda también escuchás lo que se puede mejorar. Entonces esa es la idea de la producción: encontrar los puntos mejorables, sustituir los puntos que no son los mejores por otros, arreglar, acomodar las letras, las melodías. El laburo viene muy bien, y bueno, surgió esto de hacer un show con amigos, y es un poco descontracturante. Yo hago una primera mitad de show electroacústico y después voy invitando músicos y nos vamos sumando. Y terminaremos haciendo una jam como dice la publicidad.

– ¿Y cuál fue la actividad de La Missisippi en este último año? Sacaron un disco de versiones.
– Sí, hubo muchas cosas. Hicimos una Trastienda streaming, hicimos autoshows, con los automóviles. Íbamos a hacer un Obras pero hubo un problema entre la producción y Obras. La producción retiró varios artistas de ahí. Fue un problema que no quedó muy claro pero van a tener que aclararlo porque hay un contrato de por medio. Así que eso va a todo a cosas legales, se verá. Pero el tema, lo que uno ve ahora, es que hay un gran problema de coordinación con las producciones. Los productores probablemente antes apostaban más, o apostaban más tranquilos. Ahora, con entradas más caras con aforos más chicos, es como que muchos están acobardados y trabajan de una forma que es un poco difícil de seguirles la forma de pensamiento. Porque en realidad los shows, la forma de trabajarlos, no cambiaron. Lo que cambió es la estructura del mundo, ¿no? Pero bueno, para poder convocar a la gente hay que hacer exactamente las mismas cosas que se hacían antes. No estamos en Marte, estamos en el mismo planeta en el que vivíamos antes, así que (se ríe) hay que seguir trabajando de la misma forma, chicos.

– Además la gente ya entiende y tiene la predisposición para adaptarse.
– Claro. Así que bueno, hay que volver a la realidad. Porque me parece que ganó el miedo a toda la realidad. Miedo fundado e infundado. La humanidad está aterrada y de esas cosas es muy difícil salir.

– ¿Y estas peripecias de las producciones tienen que ver con cierto trato que se les da a los artistas dentro de la pandemia?
– Quisiera pensar que no es así. El productor necesita al artista. El productor no puede salir a tocar la guitarra. Me parece que es una cuestión de ida y vuelta. De darse cuenta de que hay que seguir trabajando como se trabajaba antes. De la misma forma. No veo por qué razón un artista tendría que estar en el cajón de descuentos en este momento. O en oferta. Las cosas son como son. El artista es el mismo.

– ¿Los productores especulan demasiado?
– Me parece que muchos productores a veces juegan al límite con la pelota, ¿viste? Entonces no está bueno. He visto artistas que han sido basureados por productores. Cuando en la vida normal y real todo se transformaba de otra forma. Pero parece que el miedo le gana a cualquier cosa con las producciones. Primero tienen miedo, después quieren producir (risas). Y así no se puede. Es lo mismo que yo diga que tengo miedo de ser músico. No tiene ningún sentido.

– ¿Tuviste la oportunidad de presentarte en otra provincia de la misma manera que en Salta?
– Sí, estuve haciendo muchos shows acústicos: San Luis, San Juan, Mendoza, Córdoba. Me muevo mucho acústico. Es mi forma, también, de llevar la banda a otros lugares. De generar con los productores un interés para llevar a la banda. Siempre lo hice así, siempre me moví mucho. Es una forma de prensa también. El artista tiene que poner la cara.

– ¿Y con qué te encontraste en esos lugares?
– Con gente que necesitaba un show desesperadamente. Yo me mudé al campo ahora, viste. No vivo en Buenos Aires, vivo desde hace unos cuantos meses en Bragado, en la provincia de Buenos Aires, que es otro mundo. Es una tranquilidad absoluta, se vive de otra forma. Y bueno, acá también, con mi esposa y un amigo empezamos a generar en una pequeña cervecería espectáculos chiquititos, para ochenta personas. Porque la gente necesita ver shows, necesita salir a reencontrarse, tomarse una cerveza casera y encontrarse con amigos y vecinos. Eso es salud. Y bueno, vinieron amigos míos: vino Diego Frenkel, Palo Pandolfo, Hilda Lizarazu, Edu Schmidt, Leo García. Abrí la agenda y traje a todos los amigos. Y eso me gusta porque también genera una cosa en el pueblo. Hace mucho tiempo que no venían tantos artistas de primera línea juntos en un lugar. Entonces está bueno eso. La gente necesita escuchar a los artistas, verlos, entablar con lo que uno hace. Cuando yo voy a esos lugares también hablo con la gente, pregunto, hago intercambio. No es que me siento a tocar y me voy. Lo que pasa es que el mundo cambió y necesitamos tener una forma de diálogo diferente entre todos nosotros.

Tapia y Botafogo en Bragado el 23 de marzo

– ¿Hay posibilidades de shows con La Mississippi?
– Bueno ahora tenemos La Trastienda el 10 de abril. Tratamos de activar shows en la medida de lo posible, lo que se puede, con costos realistas. En las provincias es muy difícil todavía. Es caro. Aparte hay problemas de permisos, como en Rosario, que nos quitaron el permiso. Entonces hubo que cambiar la fecha, reprogramarla. Cosas de último momento que no podés solucionar porque son burocracias de los municipios. Todas esas cosas la gente no entiende quién es el que tiene la culpa, por eso es importante hacérselas entender. Que uno va a tocar pero a veces se topa con la burocracia, que está hecha para ser insuperable (risas).

– El año pasado anunciaste que estabas terminando tu libro. ¿Cómo viene ese proyecto?
– Ya lo terminé. Es con Diego Tomas. Lo terminamos, estamos escuchando ofertas. La gente de Planeta nos tiró una onda interesante. Tenemos también otro par de editoriales más chicas, independientes, que también son opciones. Lo interesante es tener opciones para poder editar algo lindo. El libro es muy divertido porque tiene capítulos que se pueden leer por partes. Tiene cuentos que escribí en las rutas, referencias a personajes varios. La escritura me interesa, va más allá de hacer canciones. Es otro planeta.

– ¿Ya tenés el título?
– El libro se llama Incidentes en la ruta, como la canción. Y de eso se trata. Hay de todo. Hablo de cuando empecé, de mis viejos, cuando empecé con la música.

Además el título te permite un segundo volumen.
– Claro, hasta que no termina la ruta no terminan los incidentes.

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