Coberturas

El rey de la triste felicidad

Luego de 26 años de ausencia, The Cure deleitó a sus eternos seguidores con un nostálgico y extenso show en River. Esta vez, Robert Smith prometió volver.

“Serás feliz siendo triste”, suele gritar en los shows Chizzo Nápoli, guitarrista y vocalista de La Renga, acaso la banda popular menos ligada a The Cure de todo el rock argentino. Pero paradójicamente en esa frase de la canción “El rey de la triste felicidad” se encuentra mucho del ADN que la banda de Robert Smith supo cristalizar en hits radiales y en discos inolvidables en los años ochenta y principio de los noventa. Cuenta la leyenda que en plena ebullición mundial llegaron al país para dar dos shows en el estadio de Ferro, recitales que hasta el día de hoy son celebres por sus disturbios y el caos que generaron, que incluye un panchero muerto de un infarto y perros asesinados a patadas. Con este mito a cuestas, la vuelta a la Argentina se tiñó de la palabra “imposible”.

Pero el propio Smith reniega de esto: “Siempre se vuelve al hecho de que no regresamos a tocar en la Argentina porque me quedé con miedo por todo lo que ocurrió. Y es mentira. No volvimos porque no se dio. En nuestra trayectoria tocamos sólo una vez en Moscú o en China, en lugares donde no hubo líos. Ahora volvemos y está buenísimo: siempre veo en los recitales de The Cure, en muchos lugares del mundo, banderas argentinas”, tal lo dicho al multimedio Clarín, un día antes del recital en Argentina que pondría fin a 26 años de ausencia.

En este tiempo The Cure se transformó en banda de sonido de miles de jóvenes que encuentran identificación en la poesía del grupo de culto. Musicalmente son una influencia vital de un amplio catálogo de bandas donde sobresalen Tool, Smashing Pumpkins, Interpol y cuándo no el clásico ejemplo local con Soda Stereo. Su producción musical se encuentra casi paralizada, habiendo editado 4:13 Dream, su último disco, allá por 2008. Aunque como contraparte en este tiempo el grupo se hizo muy fuerte en el vivo, transformándose en una de las mejores del mundo en ese aspecto. Y continuamente están cerrando prestigiosos festivales internacionales y embarcándose en extensas giras. LatAm 2013, el tour que los trajo de regreso a Sudamérica, está siendo grabado en cada una de sus distintas paradas: Brasil, Paraguay, Argentina, Chile, Perú, México; para la edición de un futuro DVD.

Por la tarde del viernes 12, en River, la mayoría de la gente llegó muy lentamente a partir de las seis de la tarde, no hubo extensas colas de fanáticos comparado con otros shows internacionales recientes como AC/DC o Red Hot Chili Peppers, y la asistencia fue menor contrastada con estos, e incluso se podía obtener en la inmediaciones entradas para campo a menor costo. El estadio no quedó grande pero acaso falló el espectador curioso, ese que va a los shows como una moda, o para decir que fue. Como sucedió el año pasado con Roger Waters, por ejemplo.

Utopians fue la banda telonera ya entrada la fría noche porteña. Dicen que el grupo británico eligió a Barbi y compañía, con lo cual se perdió la oportunidad de ver a Richard Coleman, tal vez el mejor alumno de los ingleses en el escenario. Siendo casi las nueve y media de la noche The Cure salió a escena y el público gritó con todas las ganas, como es costumbre los seguidores acérrimos se instalaron bien al frente y se hicieron sentir. El principio llegó con un fondo cubierto de estrellas y pantallas en blanco y negro, de la mano de hits oscuros como “Pictures of You”, “Lullaby”, “High”, “The End of the World” y “Lovesong” (irónicamente, con pogo a pleno). Pronto el color, plagado de azules oscuros e imágenes a tono de cada tema, coparían las pantallas.

En esta primera parte se vivió un inolvidable momento al llegar a “From the Edge of the Deep Green Sea”, casi ocho minutos de una tortuosa confesión de desamor (“Too many tears / Too many times / Too many years I’ve cried over you”) dejaron a 45 mil personas atónitas en medio de cascadas de guitarras densas, acompañando el desarrollo de una historia de amor que como tantas otras, solo sabe terminar mal.

El lugar común en un show de The Cure es admirar la voz de su líder, ese joven manos de tijera entrado en años y todo hinchado no perdió ni un ápice de su gola. La magia está intacta y sirve a la perfección para transportarnos en el tiempo cuando temas como “Charlotte Sometimes” y especialmente “A Forest” marcaban la era del post punk. Con esta canción el pogo más furibundo tomó por asalto el campo siguiendo el hipnótico sonido del bajo. Marca registrada del unció co-equiper de Robert en todos estos años: Simon Gallup. Quien empuñando su instrumento lucia entre punk y rockabilly. El resto del músicos también tuvieron sus momentos destacándose la seguridad del batero Jason Cooper, el por momentos virtuosismo en la guitarra de parte de Reeves Gabrels (músico de David Bowie) y los teclados de Roger O’Donnell, que casi siempre fueron acompañados por los cantitos del público.

El sonido en el sector bajo del estadio fue perfecto, se escucha cada instrumento y cada silaba, por arriba de la voz de miles de personas. “Fascination Street” y “Disintegration” recordaron el álbum homónimo de 1989, obra maestra de la banda y muestra cabal de su legado oscuro y gótico. En el primer bis repasaron tres temas seguidos del álbum Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987) dejando a más de uno en fuera de juego por lo pesado y denso, e interrumpiendo la seguidilla de hits acostumbrados. Cuestión que solucionarían con el ultimo embate una verdadera catarata de éxitos: “The Lovecats”, “Close to Me”, “Why Can’t I Be You?” y la infaltable “Boys Don’t Cry”.

“Roberto, Roberto”, fue uno de los cantitos preferidos para un Smith que brindó pocas palabras al público y que pidió disculpas por no entender el idioma (adelante, la gente no paraba de gritarle cosas). Finalmente soltó un “yo también los amo” en su idioma natal y se disculpó por tardar tanto en volver. En el escenario, cuando no cargaba una guitarra eléctrica, una acústica o una harmónica; se permitía sus característicos movimientos aniñados.

El final de una enorme lista de 40 temas completando tres horas y cuarto de show, llegó con canciones que ya tienen más de 35 años de historia: “10:15 Saturday Night” y “Killing an Arab”. Con el público saltando de lado a lado, aplaudiendo y coreando por el grupo, la banda se despidió y se retiraron todos los músicos. En el escenario sólo quedo su líder, ese rey de la triste felicidad que antes de saludar y alejarse definitivamente, hizo estallar lágrimas de alegría en sus seguidores al soltar al micrófono: “Nos veremos nuevamente”.

Ya estamos esperando que cumpla.

Texto y fotos publicados originalmente en la web y facebook de La Estación 107.9 y el programa Touch And Go.

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