Reflexiones en la Chevy

Una gran familia

Algunos dirán que no es ventajoso tener mucho tiempo para pensar, ya que en nuestro interior surgen ideas que nos aturden y nos llevan inevitablemente al pantano mismo. No voy a hablar de eso, porque la vida también me supo llevar por caminos agradables, recuerdos que se fueron con el tiempo, recuerdos que reviven otra vez.

Achico los ojos, pongo la mano en la frente, como tapándome la luz que me da en la cara, y recuerdo: era el fin del 99, el neoliberalismo hacía estragos, la Balcarce sólo tenía un foco en la esquina de calle Necochea, los bares a los que uno podía ir estaban casi todos alejados entre sí (lo mejor es que no había cuidadores de autos). Cafru Bar, Iguana, La Roca y otros que no eran bares pero donde algún reci se hizo. Furci, el Sindicato de Canillitas.

El aguante era distinto, muchos consumían música globalizada. Salías con cinco pesos y tenías para invitar tragos a todos. Los TDK regrabados no daban para más, necesitábamos música en vivo, a bandas como Los Kuervos, La Turra, Gatos Pardos. Cómo olvidar a Salchi arriba de los parlantes imitando a Juanse. Increíble. Aguijones (banda amiga). Y con la punta de la daga, Perro Ciego.

En ese entonces, los seguidores del blues y el rock salían en busca de eso que de a poco iría desahogando la represión reinante. Como la convocatoria de Perro era buena, muchos aprovechaban para pintar remeras a precios populares sobre los Stones y Ratones Paranoicos. Además, las minitas se subían a bailar en las mesas, La 8 copaba todo con un trapo gigante, los tan recordados bondis de Mandril que nunca llegaban, siempre con problemas técnicos. La 8 con flameadoras y bengalas mojadas. Y la vieja guardia, que (sin dar nombres) brindaba aguante desde siempre.

Verse casi todos los días era común: en los cumpleaños, en la cancha. Una gran familia. Cómo olvidar el día que pidiendo calma a las huestes del rock vimos saltar a Salchi al centro del quilombo, volteando a quien se le cruzara en el camino. Lo más gracioso de eso fue que cuando el vocalista notó que la gente estaba eufórica, decidió saltar con la idea de que lo agarrasen entre manos y todo bien. Salchi dijo “ésta es la mía, salto”, la gente se abrió y cayó regalado. Seguramente estos sean datos de poco valor para mucha gente. A mí siempre me alegrarán el alma y me arrancarán una sonrisa.

Salud.

Publicado en la revista Rock Salta Especial Nº2, en el mes de agosto de 2014.

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