Discos

Artaud en el Teatro Astral: un vivo de Spinetta

Llega a plataformas digitales una joya del circuito pirata. ¿Una excepción, o una muestra de lo que vendrá?

Escuchar un disco en vivo se ha convertido en una cosa muy edulcorada, más allá de lo lindo (o no) de las canciones ahí contenidas. De hecho, hace poco recomendábamos InKonexión de Raly Barrionuevo. Sin embargo, fuera del circuito comercial y más cercano al ámbito de los fans hay una larga historia de discos que han circulado, constituyendo -amén de la música- poderosos testimonios de época, documentos, fuentes históricas.

Por eso llama la atención que un disco de esta índole (con un estandar sonoro muy distinto) llegue al mainstream de la música digital: sí, el “último de Spinetta” es una joyita, rescatada por un fan, en tiempos de una Argentina que presagiaba años oscuros. El clima de época, y parte de los rituales propios del rock de esos tiempos, quedan registrados para siempre.

El expurgado de la fuente nos dice que el registro pertenece a Eduardo Avelleira y que el domingo 28 de octubre de 1973 a las 11 horas, en la Avenida Corrientes 1639 de la Ciudad de Buenos Aires, encendió su grabador Phillips monoaural. Sosteniendo el micrófono con su mano en alto, casi sin respirar, pudo registrar las canciones del concierto. Ese cassette desapareció durante mucho tiempo, y tras reaparecer en una mudanza (un par de décadas al menos), fue digitalizado. Ese es parte del recorrido que terminó en este disco.

Definida por Spinetta como una “pequeña sesión solista”, podría llamar la atención el horario, pero en esa época el bajo costo de los teatros en horarios “raros” abría cierta puerta al rock porteño, por esos años aún sin una década de rodaje. El concierto no es formalmente la presentación de Artaud aunque sí se inscribe en ese marco: el Flaco, si bien ya había separado la banda, sacaría acaso el disco más reconocido por la crítica del rock local. Formalmente es un disco de Pescado Rabioso pero en la realidad, Artaud es un disco solista con grandes invitados. De ese trabajo, tenemos cuatro canciones: “Todas las hojas son del viento”, “Bajan”, “La sed verdadera” y “Cantata de puentes amarillos”. También es menester señalar que en simultáneo ya se venía gestando esa gran banda, acaso el mejor power trío del rock local: Invisible. Tan sólo un mes después se estrenaría en el mismo lugar.

Creo que la primera recomendación es justamente escuchar estas cuatro joyas en una primera versión” acústica, despojada. Además, cada prólogo nos sitúa en ese hermoso Mondo Spinetta.

La segunda recomendación es otro estreno -y que recién vería la luz oficial en Kamikaze, de 1982- precedido de una interesante reflexión sobre el folclore: “Barro tal vez”, escrita a sus 13 años. Una canción de 1963, presentada en 1973, y editada en 1982. ¿Hace falta decir algo sobre “Barro tal vez”?

Mi última recomendación no es una canción. El track 9, denominado “Interludio (Luis, tal cosa)”, ilustra el clima de época. La relación del Flaco con su gente y los rituales del público mismo, teñidos de esa violencia cotidiana de los ’70 que impregnaba todo. Imperdible.

El resto del concierto contiene canciones de Pescado Rabioso (“Me gusta ese tajo”, “Dulce 3 nocturno”, “La cereza del zar”, “Mi espíritu se fue”, “Credulidad”, “Cristálida”), una de Almendra (“A esos hombres tristes”), más “Nena tu cabeza va a estallar”, que recién vería la luz en Fuego Gris, de 1989 y el inédito “Ella flota por mí”, escrito junto a David Lebón. En algunas de las canciones de Pescado, Spinetta reconoce la coautoría del “Black” Amaya y el recientemente fallecido Osvaldo “Bocón” Frascino, al cual le rendimos oportunamente nuestro modesto homenaje. Voy a proponer un Bonus Track con otra historia. Esa serie de recitales de los domingos a las 11 de la mañana forman parte de una etapa muy especial en la vida de Luis Alberto Spinetta. Estaba muy imbuído en la lectura de Artaud, siendo referencia títulos como “Heliogábalo, o el anarquista coronado” (1934) y “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” (1946); también había conocido a Patricia Zalazar, futura madre de Cata, Dante, Valentino y Vera. Y por último, de hogar y formación peronista, no era ajeno al clima de un país donde el retorno de Perón y las disputas entre sus sectores internos ponían en tensión a toda la sociedad. Así, en ese marco, el Flaco escribió un manifiesto que repartió en esos recitales: “Rock: música dura la suicidada por la sociedad”. Dejo la invitación para googlear y leerlo.

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