Foto: Facebook Estelares
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Estelares | La eterna vida de las canciones

En una entrevista con nuestra revista, Manuel Moretti reflexionaba sobre sus composiciones y cómo se adaptaban al paso del tiempo.

Cuando Estelares se volvió una banda popular, en 2006, Manuel Moretti ya tenía muchas canciones encima. La gente llegaba después que su inspiración, pero no era tarde. Aquellos temas que el líder del grupo había compuesto tiempo atrás todavía sonaban vigentes.

En Sistema nervioso central, el disco consagratorio, se podían escuchar temas que Moretti cantaba desde hacía varios años. Es que rescatar viejas canciones era una costumbre del grupo, que podía grabar en los 2000 algo surgido en los 90.

“Siempre que consideremos que una canción está viva, incluso a veces por circunstancias caprichosas, porque nunca se conocieron y le queremos dar otra oportunidad para que salgan a la luz, como canciones de los noventa, de la época de Peregrinos, lo hacemos”, decía Moretti.

En una entrevista con la revista Rock Salta, el cantante y guitarrista aseguraba que canciones del primero y segundo disco, como “El corazón sobre todo” o “El último beso” habían reaparecido en la discografía posterior de Estelares por puro placer, por ganas de revivirlas. “Teníamos ganas de volver a trabajarlas y que suenen como nos gusta realmente. Afortunadamente tenemos un montón de canciones, aunque a veces tenemos ganas de revisitar algunas viejas y darle nuevas oportunidades en diferentes circunstancias”, explicaba.

Los fans están al tanto de La mañana del aviador (2002), un disco de Moretti que circula de manera subterránea. Demos que entregan un soplido fuerte, de ambiente íntimo, casero. Casi todo se resolvió en su vieja Tascam 424, con guitarras crujientes y un secuenciador Yamaha QY10. Allí se encontrarían piezas invaluables como “Hoteles”, “Aire”, “Tanta gente”, y “Julia”. Temas centrales de los discos que siguieron.

Es otra muestra de la relación de Moretti con la canción, un ida y vuelta que ya se volvió automático en su proceso pero imprevisible en el resultado: “El proceso está tan internalizado que me cuesta contarlo. Ya no puedo hablarte de cómo lo hago. Sigue la melodía, vivo grabando cosas. Lo que yo le llamó `la usina’, que es el mundo de la canción, sigue estando vivo. Las melodías están todo el tiempo. Las grabo con la guitarra, con piano, caminando, como decía Calamaro”.

Leé la entrevista completa en el número 18 de la revista Rock Salta, de diciembre de 2013.

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