Coberturas

Skay en Olavarría | Por fin, por fin

Después de 25 años, el músico pudo presentarse en esa localidad bonaerense que marcó páginas poco felices para el espíritu ricotero.

Foto: Nico Cortina para Olavarría Rock

El hechizo finalmente se rompió. 25 años después de la absurda prohibición municipal que privó a los Redondos de tocar, y cinco años después del concierto desbordado del Indio Solari, Skay Beilinson terminó con el maleficio entre Olavarría y los ricoteros. Por fin, por fin, como decía una vieja canción, Patricio Rey pudo perder la forma humana en esta ciudad sin tener que lamentarlo.

Por fin, la fiesta fue completa. En el maxigimnasio del club Estudiantes, el mismo lugar donde los Redondos no pudieron tocar en 1997, Skay y Los Fakires brindaron un show de crudeza rockera y contundencia guitarrística. Con riffs y solos por doquier, el rock, tantas veces criticado en este contexto de posible caos, fue el salvoconducto por el que se expiaron las manchas previas. En 22 canciones, Skay se mostró entero, sorprendente para sus setenta años. Con la voz rasposa característica, opuesta al timbre agudo de su ex compañero, y, en especial, con el sonido intacto. El sonido que, muchos dicen, le faltó siempre al Indio solista. El sonido de guitarra que Solari no encontraría jamás, aunque hiciera un casting de violeros entre las 500 mil personas que lo siguen por concierto. Porque el sonido de la guitarra de Skay Beilinson es único, reconocible, irremplazable.

La diáspora ricotera alcanza a parte del público. Quizás más a los de Skay. Los seguidores más intransigentes de Los Fakires (que completan Claudio Quartero en bajo, Leandro Sánchez en batería y Joaquín Rosson en guitarra) dicen que Skay y su compañera Poli representan “el corazón de Patricio Rey”. Llegaron, incluso, a crear cantos que hablan de traición. Una división absurda que en Olavarría se reflejaba en la escasa presencia de banderas y remeras con el nombre y la cara del Indio entre las más de 4500 personas que asistieron a Olavarría.

El recital empezó a las 22 del sábado con un lleno total en el maxigimnasio. Pero en realidad todo había comenzado mucho antes. Desde que los productores locales y Poli se dieron la mano y avanzaron con la organización de este show, el primero de gran magnitud en la ciudad desde el del Indio en 2017. Hace cinco años que Olavarría no tenía un espectáculo de rock grande. La plaza había quedado estigmatizada. Una vez más. Los artistas no querían venir, las autoridades no querían permitirlo.

Las imágenes volvían enseguida: la conferencia de prensa en el hoy cerrado Hotel Savoy, el decreto municipal que prohibía a los Redondos, el recital del Indio en un predio desbordado, sin controles, con dos muertes y mucha polémica. Tanta, que el Indio nunca más volvió a tocar en vivo. Sólo se presentó en pantallas o en forma de holograma. En parte, también obligado por el Parkinson que lo persigue con la misma intensidad que sus detractores.

Conferencia de prensa completa de los Redondos en Olavarría en Agosto del 1997

“Tal vez mañana” fue la primera canción. Luego sonaron varias que son clásicos dentro de una discografía que ya tiene veinte años y que es popular pero no tanto. Más bien todavía es un secreto para la mayoría. “Los caminos del viento”, “El golem de Paternal”, “Aves migratorias”, “Flores secas”, “Oda a la sin nombre”, entre otros temas de los Redondos que emocionaron y estremecieron por igual: “Ji Ji Ji”, “Criminal mambo”, “El pibe de los astilleros”, “Nuestro amo juega al esclavo” y “Todo un palo”.

El resultado, por fin, fue el esperado. Ahora sí, está ciudad, músicos, fans y el espíritu ricotero podrán empezar, quizás, a estar en paz.

Foto: Nico Cortina