Coberturas

Mirando desde el costado

El Rock Salta 2011 dejó algunas conclusiones sobre la escena musical del NOA, la actitud de la gente, los propios músicos y algunas perlas que alimentarán el recuerdo de una noche excelente.


violeta gil Fotos: Violeta Gil – [email protected]

Un festival como el del jueves 29 despertaba mucha expectativa. Por la grilla, por el espíritu (y la intención) integracionista, y por qué no, como merecida celebración despedida de año que muchos deseábamos compartir.

Quizás lo más destacable sea la camaradería que en todo momento se vio. No faltó la guitarra rota (de uno de los violeros de La Vaca Vuela) auxiliada por otra banda amiga, los vasos, abrazos y muchas otras cosas que son importantes y están más allá de la música.

Una de las cosas que me parecieron saludables fueron los reciclajes. Uno de los grandes problemas de la escena local es la falta de continuidad de las bandas. Y más grave aún es que una vez desaparecido el grupo (podría dar decenas de ejemplos), los integrantes se pierden de vista. Entonces, hablando de reciclajes, hemos podido ver a dos ex Luca Makonia (Genaro y Beto) en La Vaca Vuela (de hecho, casi todos son ex de otras agrupaciones). Y fue en Dominó donde vimos a dos integrantes de Santuario haciendo gala de la banda paralela. El Cuca (batero de Santuario) jugó la gran Dave Grohl (uno de sus músicos favoritos), abandonando los parches, tomando la viola y cantando.

El público estuvo bien. Podría haberse esperado mayor cantidad de gente, pero desde las 18 horas no perdió regularidad. Un gran acierto de la producción fue poner pulseras a las 300-400 personas que circularon por el evento, quitando los tradicionales obstáculos a la posibilidad de salir y entrar con total libertad. Así, las diez horas de música que tuvimos fueron vividas como una fiesta, y el público rockero demostró ser el más pacífico y buena onda de todos los palos (eso es MUY propio del espíritu rockero).

La banda que más me gustó fue Gallega, si bien es destacable la actitud de Gardenia, que se las jugó artísticamente y tocó temas nuevos (algo de UMMO, inéditos, y ninguno de sus clásicos). El premio a la mejor remera se la lleva Martín Jorge, bajista de Gauchos de Acero, que en las antípodas de lo que hacen musicalmente calzó una de Daft Punk.

Uno de los puntos flojos fue el sonido. Si bien el equipamiento que pone Cuatro Vías (la empresa en cuestión) es de lo mejor que hay en Salta, casi no pudo hacer sonar como corresponde a ninguna de las bandas participantes (con Gallega, que es un trío, quizá la cosa estuvo más fácil), y los operadores a cargo de consola (cuando estaban en la consola y no se iban a pasear) mostraron poca comprensión e incluso algo de sordera.

La hermandad entre las bandas, si bien fue vivida a pleno bajo el escenario, prácticamente estuvo ausente en el escenario, que es donde más debe manifestarse. El único feat que tuvimos fue el de Gauchos de Acero, que invitó a Paula, la cantante de Santuario a cantar “Lucha criolla”. Este es un punto flojo y una invitación a todas las bandas a estrechar más aún los lazos entre ellas.

Hubo pogo, escabio (dentro y fuera del predio) y mucha fiesta. Las bandas estuvieron muy bien (eso pueden leerlo en las otras crónicas), y quiero cerrar con una serie de imágenes vinculadas al show de Karma Sudaca, que hizo el cierre del festival. Una piba llorando en el balcón demostró que no hace falta abandonar el espíritu rock ni tocar canciones de Franco De Vita para llegar al corazón del público (para vos, MKG). Tony Molteni es un frontman que se entrega todo el tiempo, abajo y arriba del escenario: eso deben aprenderlo muchos de los músicos de la escena. Ver público y músicos enfiestados, concursando zapateo en el pogo de Karma Sudaca, fue ilustrativo de la fiesta que vivimos (felicidades a Pablito Gorostiague, bajista de Izabella, que se llevó el premio al mejor zapateo).

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